Si quieres estar al día en decoración, inspírate en estas culturas. Serán tendencia en 2020

Japón, el Mediterráneo, Marruecos, México y Escandinavia. Cargados de matices y de relecturas modernas, alimentan los lenguajes que llegan en mobiliario, objetos y decoración para la casa.

1 / 10
Arquitectura blanca y motivo estampado con ikat mallorquin

Mediterráneo

Solo ha quedado de aquel Mediterráneo “la silla del recuerdo”, escribió el poeta y editor Carlos Barral, que pasaba los veranos entre su barca y su casa (blanca, con franjas azules), en un pueblo de pescadores de la Costa Brava. ¿Queda solo el recuerdo del Mediterráneo, o aún existe, más allá de su fetichización turística? Recuerdos de un modo de vivir el aire y el mar que no se parece a ningún otro. Que Sorolla captó en su luz y sus sombras listadas sobre la arena. Las sombrillas de Sorolla resumen la afabilidad de un Mediterráneo perdido. Pero persisten las casitas apiladas en los acantilados, de un blanco absoluto que no enceguece: despierta. Desde el rojo fenicio de las vasijas hasta la higuera en el patio encalado, el Mediterráneo dura como una idea imprescindible.

Villa Cardo Studio Andrew Trotter photo- Salva Lopez 12

Villa Cardo, así se llama esta bonita casa de vacaciones situada en la región de Puglia. Diseñada por el arquitecto Andrew Trotter, su estructura está inspirada en la arquitectura del sur de Italia y es un remanso de paz y tranquilidad entre cactus y olivos.  No hay mejor ejemplo para hablar de arquitectura puramente mediterránea.

Interior de una casa japonesa con tatami y paredes de madera

Japón

Impensable aprender el estilo japonés de un plumazo. De hecho, impensable la “violencia gratuita” de un plumazo, en esos espacios que lo simbolizan: los atemperados, refinados pabellones de té, con sus aleros como amplios parasoles. Los lacados en rojo de los interiores japoneses son un preámbulo de las sombras, la capa aterciopelada del medio penumbroso en que viven. El estilo está en los reflejos de las lacas: estanques de luz profunda que brillan gracias a la oscuridad. Está en el sabor de lo apagado, en los objetos valiosos (disimulados, en vez de exhibidos) gastados por la caricia de un largo uso.

Pinceles con caligrafía japonesa

Nosotros (escribió Tanizaki) no pulimos la plata: preferimos la opacidad de la pátina. Hollywood buscó a menudo inspiración en ese Oriente, y quizá solo la encontró en un título: La casa de té de la luna de agosto.

Studio KO villa K en Marrakech

Marruecos

Borracho de té de menta, encandilado por la luz de Tánger y mareado por los aromas del mercado (a dos pasos de la terraza, donde miraba pasar magníficos ropajes y dibujaba), el pintor francés Delacroix llenaba sus cuadernos. Bocetos y cuadros que descubrieron un universo de intramuros, con arcadas, patios y jardines, toldos y celosías, utensilios de bronce y esa fascinante geometría enmarañada y multicolor de tapices, alfombras, azulejos, vajilla. Colores vivos como frutos, expuestos a la luz centelleante o solapados en sombras violetas.

Alfombra con pompones y tetera metalica para tomar te marroqui

El amarillo del azafrán y de la arena ardiente tiñe telas y fachadas de Marruecos; y el rojo y el verde. Pero no todo es color y olorosas especias, y jóvenes arquitectos europeos recuperan ahora, en pueblos de barro, formas de cimentación tradicionales, de valor ecológico.

ARquitectura de Barragan en Mexico

México

Cuántos artistas de medio mundo se han sentido atraídos por la cultura mexicana que se ríe de las calaveras (como los bailes de esqueletos grabados por José Guadalupe Posada) y se baña en colores solares. Pero fue Luis Barragán quien llevó esa “rueda de fuego”(lo dijo un inglés) que es el patrimonio popular mexicano a lo esencial de la arquitectura moderna. “Miren –decía- el color de nuestros dulces, la belleza de un gallo…”. Los llevó a sus planos sólidos y transparentes, al vidrio que tiñe de amarillo un vestíbulo, al rosa intenso en un bloque de hormigón desnudo. Como un coloso, vertió una cultura ancestral en envases puros, de una modernidad que se nutre de la emoción y la contiene. Mientras, en la casa azul de la pintora Frida Kahlo, lo mexicano pasional se erizaba de surrealismo.

Silla de mimbre cactus y guindillas

En la imagen, tres rasgos característicos mexicanos: la silla de mimbre, el cactus y las guindillas.

Interior del museo de Louisiana en Copenhage

Escandinavia

“El estilo escandinavo es un bol de madera lleno de leche”. Con esa metáfora hogareña, un diseñador sueco se refería a la combinación de madera con lacados blancos: recordemos el carrito de té que Alvar Aalto diseñó en madera de abedul, cerámica y ruedas lacadas. Una extensión conceptual del bol lleno de leche: la función y la sencillez de los objetos de la casa. La belleza serena de los interiores nórdicos, que el pintor danés Hammershoi llevó a una misteriosa perfección: esas puertas y ventanas de madera de un blanco espeso, el suelo gris, la luz que llega del bosque. A veces añade un cuenco, una silla, una mesa, un piano. El vacío espacial crea la profundidad que el genio escandinavo ha atribuido al hábitat humano, amueblado con poco, útil y bello. En la imagen, interior del museo de Louisiana en Copenhage.

Jarron de porcelana y alfombra de piel

Un hábitat humano amueblado con poco, útil y bello. En la imagen piezas de cerámica esmaltadas al fuego, junto a muebles sin tratar y una alfombra de piel, perfecta para aclimatarse en los meses más fríos.

El mundo que percibimos, de manera natural o virtual, se ha vuelto a la vez ilimitado y cerrado. Las imágenes que lo representan se han multiplicado con un frenesí que nos estimula y a la vez nos marea. La globalidad gana elogios y también dudas o, al menos, antídotos que buscan respuesta en las raíces. Viajes a las esencias de cada cultura, rescate de las semillas que germinaron hace mucho tiempo, pero que siguen dando hermosos frutos para el arte y la arquitectura modernos. Simientes que siguen allí, como la diosa griega del grano, lista para renovar el ciclo. Bebamos otra vez en un cuenco de madera escandinavo, entremos en la casa polícroma de Luis Barragán o en un patio blanco y azul mediterráneo, aspiremos el azafrán de Marruecos, admiremos el rojo lacre japonés. La tradición, vista con ojos francos, nunca perderá vigencia.

Loading...

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de Arquitectura y Diseño?