Sosiego campestre

El arquitecto Oliver Bultó ha inyectado nueva vida a una masía catalana del siglo XVII con una reforma que recupera la volumetría de la construcción original y le incorpora una visión contemporánea a través del diseño y los materiales

Ana Basualdo / Foto Eugeni Pons

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Los elementos y materiales nuevos, como la estructura de cinc del porche de verano, aportan un marcado carácter contemporáneo a la reforma. Un muro levantado a media altura resguarda del viento y crea intimidad en la zona de descanso junto a la piscina.

 

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Para devolver la construcción el esplendor que tuvo en épocas pasadas, el proyecto de arquitectura renunció a caer en el historicismo y en un mal entendida rusticidad.

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Se han mantenido todos los elementos originales de la vieja masía: embocaduras de puertas y ventanas, bóvedas cerámicas y los muros, monolíticos de piedra y adobe.

 

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Butacas, modelo Butterfly, diseño de Bonet, Kurchan y Ferrari-Hardoy, editadas por Knoll. Alfombra Sahara W, de Palola Lenti, en Minim.

 

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Los materiales elegidos para la reforma de la masía son naturales: el suelo de los exteriores es de piedra de filita gris, de Bernardos. Algunos elementos se han construido con cinc. En la cubierta de la casa se ha utilizado teja árabe original recuperada.

 

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Sofás confeccionados por Jaume Figueras con tela de Sati. La zona de comedor se ha equipado con las sillas Mirai, de Toshiuki Kita para Casas. Las mesas, de chapa de acero tratado, han sido realizadas a medida a partir de un diseño del arquitecto.

 

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La encimera es de compacto fenólico, acabado en blanco. La grifería es el modelo Oxygene, del fabricante Gessi. Fregadero, de Franke. La luminaria lineal realizada a medida por Castan Iluminación.

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Sofás Kodo, de Temas V. Mesa de centro Island, de Nendo, fabricada por Cappellini y comprada en Minim. Alfombra, de lana virgen, tejida en Marrakech. Los cojines de color crudo son de B&B.

 

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Se ha conservado la forma de arco de la ventana, que introduce las vistas y la luz natural en la estancia. La mesa, con acabado de madera de abedul, es un diseño del arquitecto. Sillas Panton, de Verner Panton, editadas por Vitra.

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La cocina se configura como una doble isla, equipada con el mobiliario integral de la serie Cubica, de Artificio. Los frentes son de abedul y los cantos, de aluminio natural mate. En la zona de office, un taburete Catifa 46, de Lievore Altherr Molina para Arper.

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La mesa se ha adquirido en Minim, lo mismo que la alfombra, de Verner Panton. Tras la butaca, dos cestas para leña, de caucho reciclado, adquiridas en Marrakech. La chimenea es un diseño del arquitecto. Lámpara Random, de Light Years.

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Como el resto de dormitorios, goza de magníficas vistas sobre el paisaje de Les Gavarres. La estufa es el modelo Vita, de Austroflamm. Las sábanas Meheve, de Ivano Redaelli, se han adquirido en Greek.

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Sobre la alfombra Diago- nal Bead Blue, de Neisha para The Rug Company, adquirida en BSB, las butacas Coconut, de G. Nelson, editadas por Vitra.

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La bóveda original, de cerámica, confiere carácter a la zona de acceso a la vivienda. En la entrada, la alfombra Prisma, de Patricia Urquiola y Eliana Gerotto para Paola Lenti. Puf Territoire, de Roche Bobois.

En un principio había una característica los volúmenes originales, rechazando las sucesivas masía catalana, ese modelo arquitectónico rural y núcleo económico que Joan Miró llevó a lo más alto del arte moderno a través de varias obras, pero sobre todo en el óleo titulado justamente La masía, que pintó en 1922. El cuadro “deconstruye” la representación de ese mundo a través de la aplicación de perspectivas distintas, de la frontalidad y la simultaneidad de los puntos de vista cubistas, con un cielo vacío (salvo el círculo del sol), y una tierra repleta de instrumentos de trabajo y animales de corral. A partir del ejemplo de esta obra de Miró podría decirse que, así como el gran pintor elaboró su visión de una masía tradicional catalana a través de la corriente artística más innovadora de su época, en el caso que nos ocupa la intervención arquitectónica es la adecuada a nuestro propio tiempo.

El proyecto de Álvaro Oliver Bultó asume, a la vez, la identidad volumétrica de la casa original, las necesidades actuales de la vida doméstica y el presente (diseños, materiales) de la arquitectura. La masía ya no es una casa de trabajo, sino un lugar para vivir disfrutando de los interiores y del paisaje. La construcción original es del siglo xvii y se encontraba en estado de abandono cuando el arquitecto se hizo cargo del proyecto.

“La reforma y puesta en valor de la masía –explica Oliver Bulto en su memoria– se centró en la recuperación de ampliaciones llevadas a cabo en el último siglo. Se mantuvieron todos los elementos originales: embocaduras de puertas y ventanas, bóvedas cerámicas, y muros monolíticos de piedra y adobe. Se introdujeron elementos y materiales nuevos como las cubiertas o la estructura de cinc del porche de verano, con un marcado carácter contemporáneo. No se quiso caer en el historicismo ni en imitaciones. Todo el entorno de la sierra de Les Gavarres es un marco privilegiado que nos hace reflexionar sobre las formas de intervención en el patrimonio que ha perdurado a lo largo de los siglos”.

Las soluciones arquitectónicas aportadas resultan respetuosas con el entorno, pero confieren una imagen actual al conjunto. Los materiales escogidos son naturales: madera baquelizada para los aleros y techos exteriores, piedra de filita para los pavimentos, revoco con pigmentos naturales y colores terrosos para la fachadas, y tejas cerámicas recuperadas para las cubiertas. En el interior, los armarios y los baños se configuran como cajas de madera independientes, como si fueran muebles en el interior de cada estancia, para que así se perciban los espacios originales de manera unitaria. El porche de cinc, con su carácter actual, es como una metáfora de la transformación –el tiempo transcurrido– del gallinero abierto de la masía de Miró a esta vivienda de matriz tradicional y poética contemporánea.

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