Un paraíso abierto al Atlántico

Asomada a la costa del Alentejo portugués, la casa de PMC Arquitectos exhibe una modernidad discreta y la madera de pino es el material protagonista

Fotos: Eugeni Pons

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El sol y el viento que barre la zona han condicionado la aplicación de recursos protectores mediante la solidez de la estructura y, especialmente, las cubiertas de madera realizadas con oportunas ripias.

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El frescor de la piscina llama a instalarse en este porche con suelo y techo de madera. La chaise-longue y el puf son de la firma Varaschin; el sofá se compró en Habitat, y los cojines, en un viaje a Marrakech.

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Los autores del proyecto han dejado constancia explícita de su intención: no alterar el entorno sino mínimamente y, por el contrario, estimular el sentimiento de fruición que inspira aquí la Naturaleza.

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Las mesas auxiliares y el ventilador son de Habitat, al igual que la butaca con reposapiés, modelo Dena. La alfombra es de Drugstore Rugs. La lámpara de pie negra, junto a la cristalera, es un diseño de Serge Mouille de 1953.

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De las vigas de madera del techo cuelga una lámpara diseñada por Serge Mouille. Los sofás se han realizado a medida. En la pared, una obra del artista Whils. La consola ha sido hecha a medida por un carpintero local. La alfombra es de la firma Drugstore.

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La cocina se abre al paisaje y al porche a través de puertas correderas. La mesa de madera ha sido realizada por los artesanos de Metal & Woods, de donde también provienen las sillas metálicas. La campana extractora y los electrodomésticos son de SieMatic.

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El pasillo que conduce a los dormitorios, en la planta superior, se ha concebido como una galería con techo acristalado que inunda de luz natural el espacio y un mirador al océano.

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La paleta cromática empleada en el interiorismo armoniza con el entorno paisajístico: sobre los muros pintados de blanco, como un lienzo, se posan los amarillos florales, los verdes acuáticos, las maderas tostadas. Nada en este interior “desentona”.

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El dormitorio principal, ubicado en una esquina de la planta, se abre al paisaje y a una terraza entarimada. La butaca, la mesilla de noche y la lámpara de lectura se han adquirido en Area Store. La ropa de cama se compró en los almacenes Macy’s de Nueva York.

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En el baño, como en el resto de estancias, los límites entre interior y exterior se difuminan. El lavamanos  es  de piedra artificial de Azul Acocsa. Grifería NR19, de Vola. El mueble de madera se ha realizado a medida.

La arquitectura portuguesa nos tiene acostumbrados desde hace tiempo a unos edificios que parecen emanados serenamente de la propia pureza del paisaje: matorrales en la arena blanca y un mar como de hule azul. Aposentada como casualmente en un extremo de la península de Tróia, en la costa del Alentejo, la casa de estas páginas respira paisaje a través de sus grandes aberturas, de sus terrazas, de sus visuales esquinadas, de sus encuadres listados y de los poros de su abundante madera de pino. Los autores del proyecto (PMC Arquitectos) han dejado constancia explícita de su intención: no alterar el entorno sino mínimamente y, por el contrario, estimular el sentimiento de fruición que inspira aquí la Naturaleza, a la vista del Atlántico y su promesa de oceánica infinitud.

Gran belleza, sin duda, pero también el sol y el viento como condicionantes atmosféricos que requieren recursos protectores para la perdurabilidad de la casa y el bienestar de sus habitantes, mediante la solidez de la estructura y especialmente las cubiertas de madera realizadas con oportunas ripias. Los espacios habitacionales se distribuyen en dos plantas, con escalera de acceso al nivel principal, y el garaje y el área técnica en situación semienterrada. En la parte central y más amplia de la primera planta encuentran su lugar el salón y la cocina. En uno de los extremos se ha ubicado el dormitorio principal y, en el punto opuesto, las habitaciones restantes, desniveladas respecto de la sala de estar a fin de proteger la privacidad y, al mismo tiempo, acompañar el perfil natural de la topografía.

Pero el proyecto no se queda aquí en cuanto a la elaboración exquisita de los espacios interiores. Es toda la filosofía del diseño lo que cuenta, en su frescura y coherencia, pero nos tomamos la libertad de señalar (a modo de resumen emblemático del proyecto) uno de los elementos protagonistas del interiorismo. Se trata de la escalera que comunica la planta principal con la semienterrada, y cuya baranda funciona como signo separador entre la cocina y el comedor a un lado y el salón al otro. El efecto que produce esa baranda de tablas de madera, trabajada como si fuera un andamiaje provisorio, es de perfecta y ocurrente contemporaneidad, emparentando el espacio doméstico con la estética de las “instalaciones” artísticas de nuestro tiempo. Innumerables son las correspondencias formales y matéricas entre este elemento con las vigas, las celosías, los cielorrasos, las alfombras con las que Carmo Amaro y Nuno Benito, de la firma Drugstore, enriquecieron la paleta cromática interior, los suelos y las paredes entablilladas… Escenario de hoy desde donde gozar del paisaje eterno de las arenas y el océano.

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