¿Madera o mortero? Esta casa prefabricada y bioclimática no renuncia a nada

En la Casa Papallones, BUD Arquitectes combina la fachada de madera alistonada con un volumen alto acabado con mortero blanco.

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La casa se desarrolla mayoritariamente en planta baja, con el volumen de dos alturas destinado a habitación de invitados y estudio.

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La forma en planta de T permite generar un volumen alargado en la fachada que da a la calle que dota de privacidad a los dos jardines interiores.

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El jardín de norte está ambientado en los jardines zen japoneses, y se concibe como un espacio más contemplativo, con gravas y un pequeño estanque.

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Las ventanas son de aluminio con rotura de puente térmico y cristales bajo emisivos con gas argón.

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El diseño saca el máximo provecho a las estrategias bioclimáticas de captación solar y ventilación cruzada natural.

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En el jardín sur hay espacio para plantas aromáticas y un pequeño huerto.

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la madera machihembrada de lamas verticales, con tratamiento autoclave gris que garantiza un color de la madera más estable a lo largo del tiempo y un mínimo mantenimiento.

Cuando se habla de casas prefabricadas, siempre surge la dicotomía del material con que están realizadas: madera o mortero/hormigón. Pero este proyecto del estudio BUD Arquitectes demuestra que ambos materiales no son incompatibles en una casa prefabricada que busca la máxima eficiencia e integración en el paisaje.

La Casa Papallones, de 140 metros cuadrados, se ubica en un amplio terreno a la falda del Montseny, a unos 40 kilómetros al norte de Barcelona. Una de las premisas del proyecto era poder sacar el máximo provecho posible al amplio jardín. Para ello, la casa se desarrolló casi en su totalidad en planta baja. La forma en planta de T permite generar un volumen alargado en la fachada que da a la calle que dota de privacidad a los dos jardines interiores.

El salón-comedor-cocina se sitúa entre los dos jardines interiores, logrando una máxima relación con el exterior. La fachada sur del salón está protegida por un porche de madera que protege del sol en verano y permite su entrada en invierno, aprovechando al máximo la radiación solar para calentar la casa de manera pasiva en los meses de frío. La posición del salón, con ventanas a sur y a norte, garantizan una óptima ventilación cruzada que en verano puede ayudar a refrescar la vivienda de manera pasiva.

Las paredes de la casa disponen de 200 mm de aislamiento térmico en base a paneles de fibra de madera. La calefacción se obtiene mediante una caldera de pellets que distribuye el calor a través de un suelo radiante que garantiza el confort interior durante todo el año. Las ventanas son de aluminio con rotura de puente térmico y cristales bajo emisivos con gas argón, hecho que garantiza un buen aislamiento y excelente estanqueidad al aire.

En las fachadas encontramos dos materiales. Uno es la madera machihembrada de lamas verticales, con tratamiento autoclave gris que garantiza un color de la madera más estable a lo largo del tiempo y un mínimo mantenimiento.

El volumen de dos alturas, en el que se encuentra la habitación de invitados y el estudio, se realiza con un sistema SATE (Sistema de Aislamiento Térmico por el Exterior) con mortero blanco de acabado. Este sistema consiste en colocar un material aislante adherido al muro habitualmente por fijación mixta mediante adhesivo y fijación mecánica. El aislamiento SATE evita la aparición de puentes térmicos en el edificio, por lo que la inercia térmica del edificio mejora, y en consecuencia también mejora la habitabilidad y el confort térmico dentro del edificio.

En el exterior encontramos dos jardines muy diferentes. En el del sur predomina la extensión de hierba pero también encontramos un espacio para plantas aromáticas y un pequeño huerto. El jardín norte está ambientado en los jardines zen japoneses, y se concibe como un espacio más contemplativo, con gravas y un pequeño estanque.

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