El Mediterráneo a sus pies

En medio de un paisaje de resplandeciente belleza, Mario Fernández ha levantado una casa perfectamente adaptada a un terreno abrupto

Ana Basualdo / Fotos: Eugeni Pons

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La fachada sur, totalmente acristalada, convierte el paisaje mediterráneo en un espectacular lienzo que se disfruta desde el confort y la amplitud de la zona de día.

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La piscina se ha situado al borde del acantilado, rodeada de un bosque de pinos cuyos troncos han sido moldeados por la fuerza del viento.

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Cuando cae el sol, la piscina iluminada y las aberturas rasgadas de la fachada que mira al mar se perciben como lámparas gigantes.

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El dormitorio principal, ubicado en el nivel superior, se cierra con muros de cristal por dos de sus lados para no perder la visión del entorno.

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La cocina, el comedor, el estar comparten un mismo ambiente en la planta baja, que tiene un recorrido circular desde el acceso. Todos estos espacios están entrelazados entre sí por medio de una cristalera corrida que permite una espléndida visión del mar.

 

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La casa elabora, a través de la forma competitiva y organización, su relación con el mar y el entorno inclinado y boscoso.

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Sofá Hamilton, de Rodolfo Dordoni para Minotti, en Gris Interiors. La alfombra es del fabricante TaiPing, adquirida en Smon Barcelona. Cojines, de fieltro, y manta, de lana merino, en Filocolore. Sobre el contenedor, lámpara Coupé, de Joe Colombo para Oluce.

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El mobiliario está realizado a medida con madera de roble por Fusteria Vallmoll. Las sillas CH36 son un diseño de Hans J. Wegner para Carl Hansen & Søn. El suelo es de madera de roble americano acabado con barniz transparente.

 

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La cama, de madera, se ha hecho a medida. En la repisa, el despertador Tid, de Design Stockholm House, comprado en Doméstico Shop.

 

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El mueble bajolavabo ha sido rea- lizado por Fusteria Vallmoll. La encimera y el lavabo, de Corian, se han diseñado a medida en Gris In- teriors. Bañera Cartesio, de Agape. Grifería, de la firma Tres.

Sobre un acantilado rocoso, rodeada de un bosque de pinos autóctonos, la parcela mira al Mediterráneo a lo largo de más de cien metros de su borde frontal y desde una pendiente pronunciada que salva 15 metros de desnivel en apenas 45 metros. La casa, un proyecto de Mario Fernández González, elabora, a través de su forma compositiva, su relación con el mar y el entorno inclinado y boscoso. Una vivienda de dos plantas, organizada en tres volúmenes y solo uno en el nivel superior. Volúmenes con tres patios intercalados que ordenan la distribución de las plantas, y aportan luz natural a las estancias orientadas al norte y al este.

La única pieza ubicada en el nivel superior queda retirada respecto de las fachadas de la planta baja, a fin de no restarle protagonismo; es un cuerpo acristalado, más liviano que el inferior. Las caras de la casa tienen la piel transparente en las zonas con vistas al mar (al sur), y opacas en las que dan al norte (donde se sitúa el acceso) y al oeste.

El hormigón y el cristal son los materiales que configuran las fachadas y predominan en las estancias. Al recorrerlas hay algo en esos espacios que nos convence, incluso que nos “conduce”, a su través: la propia distribución limpia, ordenada y ortogonal, que actúa como una “invitación” El desarrollo en planta está organizado por un pasillo transversal que comunica y concilia todos los espacios interiores, y conecta dos pequeños patios en las fachadas laterales.

De la zona de día (salón, cocina, aseo y recibidor) pasamos, a través de este pasillo, a la de noche (dormitorios, baños y escalera que lleva a la planta superior), separada por una puerta corredera. La planta alta está reservada a la habitación principal, con baño y vestidor y un estudio.

Dos imágenes soberbias ilustran la relación entre interior y exterior en esta vivienda de Mario Fernández. Por un lado, el dormitorio transparente, rodeado de una explanada de grava, como plantado en la playa. Por otro, la visión de un bosque de pinos inclinado (dada la pendiente del terreno) en el lateral de un baño, también transparente.

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