El tiempo pasa a cámara lenta en este granero reconvertido en vivienda de la América profunda

El estudio Amalgam recrea la estructura de esta edificación tradicional en el interior de Estados Unidos adaptándola a los estándares de la casa pasiva

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casa granero en América

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Un granero se antoja como un espacio ideal para desarrollar infinidad de actividades, incluida la de vivir. Es un edificio de generosos interiores, idealmente su fachada es de madera y entra la luz a raudales. Para añadirle confort, solo hace falta un buen aislamiento y una buena orientación al sol. Sobre este esquema ha desarrollado el estudio Amalgam, con base en Nueva York, su primer proyecto residencial, situado sobre una colina y de 465 metros cuadrados de superficie. Se ubica en Rhinebeck, una bohemia localidad del valle del Hudson.

"La materialidad, simplicidad y honestidad formal" del granero dio pie al diseño de la vivienda, que trajo consigo una investigación histórica sobre este tipo de edificación en la zona, que nace en el siglo XVII con los primeros colonos y se afianza como parte indisociable del paisaje de la costa este norteamericana en el XIX. Se opta por un tejado con hastial y aguilón para dar cobijo a una buhardilla, grandes puertas correderas para conectar la casa con la amplia terraza, una fachada de madera y una base de piedra que esconde el sótano.

La estructura del techo se levantó en un día, como se hacía antaño con la ayuda de todos los hombres del lugar. Para actualizar el granero a los estándares de confort actuales, se instaló un sistema de ventilación para la recuperación del calor y se protegieron las ventanas con triple acristalamiento, estándares propios de la casa pasiva. Su situación estratégica fomenta la ventilación cruzada, mientras que un gran tragaluz consigue que entre la luz al mismo centro de la casa. Las estufas tienen capacidad suficiente para proporcionar calor, que se apoya en un sistema de aire acondicionado de bomba de calor.

En sintonía con el entorno boscoso, el piso y los revestimentos son de roble blanco; con nogal se fabricaron puertas y mobiliario. Con granito local y pizarra se construyó la pared de la chimenea, en el salón, así como los baños y la mampostería del sótano. Una escalera conecta las dos plantas y la entrada acristalada se alinea con los pinos a media distancia. Desde otros puntos de la terraza y la casa se divisan prados, el discurrir de un río y campos de flores.

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