El modernismo vuelve para ser moderno

El estudio Vilablanch devuelve a este piso barcelonés la esencia original modernista que le imprimió Enric Sagnier, pero adaptado a los nuevos tiempos

Fotos: José Hevia

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El parquet de espiga recrea el pavimento utilizado en las obras de Sagnier. La mesa de comedor es la Rotonda, de Mario Bellini. Sobre ella pende la lámpara Crown Minor, de Jehs+Laub. Todo, de Cassina.

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En el salón, el sofá y puf Miloe, de Cassina, y las butacas Gray, de Living Divani; ambos son diseños de Piero Lissoni. Alfombra Vintage, de Limited Edition. Mesita auxiliar Stockholm, de Mario Ruiz para Punt.

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La cocina, proyecto de bulthaup bach 7, se ha equipado con el sistema b1, de bulthaup. Grifería Linus-S, de Blanco. Electrodomésticos, de Gaggenau. Lámpara de suspensión Slim, de Josep Lluscà para Fluvia.

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En el distribuidor destacan las lámparas Muffins, de Lucie Koldová para Brokis; la lámpara de techo Skygarden, de Marcel Wanders para Flos, y el colgador Sciangai, de De Pas, D’Urbino y Lomazzi para Zanotta.

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Butacas George’s, de David Lopez Quincoces para Living Divani. Mesita auxiliar Plaisir, de Formstelle para Zeitraum. La lámpara Ginger, de Joan Gaspar para Marset. Taburete ST10 Jean, de Stefan Diez para e15. Todo el mobiliario se ha adquirido en Minim.

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La cama Volage, diseño de Philippe Starck para Cassina, protagoniza el dormitorio principal. Lámpara de sobremesa Carrara Marble, de Terence Woodgate. Alfombra Diabolo, de Limited Edition.

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En el baño de la suite, el mueble Piana, de Antonio Lupi, con lavabo Basico. Mampara Nerta, de Lasser. Plato de ducha, de Hidrobox.

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La vivienda se encuentra en la Casa Enric i Victòria de la Riba, construida por el arquitecto Enric Sagnier en 1897.

En pleno Ensanche barcelonés, la Casa Enric i Victòria de la Riba, construida por el arquitecto Enric Sagnier en 1897, forma parte de la ruta modernista que siguen deslumbrados los turistas. En realidad, los edificios de Sagnier consiguen por sí solos conformar su propia ruta. La casa que aquí nos interesa se encuentra en la zona dorada del distrito, entre el Paseo de Gracia y el Paseo San Juan, donde las grandes fortunas de la industria textil catalana levantaron sus mansiones y los arquitectos se dejaron llevar por la inspiración, los buenos materiales (la piedra del país, la madera americana) y la buena disposición de un exquisito gremio de artesanos. En esta casa, sin embargo, Sagnier se aparta de sus proyectos monumentales y se inclina por una fachada simple y la ornamentación modernista (abundante en follaje) concentrada en algunos puntos, como la gran tribuna del piso principal y los balcones de hierro.

¿Y los interiores, tan artísticamente elaborados por el gusto modernista? Hacía tiempo que, tales como eran, habían pasado a la historia. Cuando el arquitecto Antonio Sansón y el estudio vilablanch recibieron de la promotora Bonavista Developments el encargo de transformar el edificio catalogado en una serie de pisos modernos de calidad, lo que apareció a la vista fue tan desolador como una ruina: subdivisiones, falsos techos de pladur, pasillos oscuros, puertas prefabricadas en vez de las originales decoradas con molduras y la ausencia de rosetones, herrajes y demás pequeñas joyas del modernismo originales.

Pero allí seguían los espacios, magníficos, inspiradores, cuando fueron despojados de morralla. La idea que ha guiado el proyecto de rehabilitación ha sido resumida así por sus promotores: “La creación de viviendas actuales sobre la huella de Sagnier”. La presencia de esa huella ha resultado del estudio de los planos originales del edificio, que permitieron recuperar la distribución en planta diseñada por Sagnier en 1897. El proyecto de rehabilitación y reforma se propone entonces interpretar esa espacialidad original recuperada según las necesidades del modo de vida actual: salones amplios, habitaciones luminosas, baños de holgadas dimensiones, y las cocinas modernas integradas al salón y con luz natural a fin de mimar una zona de colaboración y holganza familiar.

El aire sin duda contemporáneo que impregna el nuevo espacio es un efecto intensificado por la abundancia de luz natural, mientras que los elementos que el trabajo de recuperación ha devuelto al edificio van apareciendo: la altura de los techos según las proporciones apuntadas por Sagnier, la carpintería de la época reproducida según medidas originales, el parquet de espiga muy utilizado por el famoso arquitecto. El color blanco actúa como un elemento arquitectónico envolvente. Blanco lo es casi todo: los zócalos, las cornisas y las molduras, la carpintería de la fachada y de los interiores, los techos y las paredes, y también el mobiliario de la cocina. El blanco da sensación de amplitud, verticalidad y luminosidad a las estancias. Lo acompaña, en breves apariciones, el color roble en el pavimento, el frontal de la isla en la cocina y el volumen del baño en la suite.

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