La emoción del color

El estudio Bb architects y Sergi Bastidas han proyectado esta vivienda en tres niveles escalonados que miran al Mediterráneo desde su privilegiada atalaya

Ana Basualdo / Foto Eugeni Pons

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La edificación se ha construido asomada al acantilado, por lo que tiene unas vistas privilegiadas sobre el mar y está rodeada de pinos mediterráneos.

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Esta casa es fruto de un ejercicio de abstracción y, a la vez, de una vigorosa voluntad de concreción en la materia y el color como elementos transmisores de energía y serenidad.

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El ocre tiñe las fachadas y el cemento de los suelos del interior; en las terrazas, el pavimento es de piedra caliza o grava de Montuiri, y en algunos cerramientos se ha optado por persianas mallorquinas.

 

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La fachada que se asoma al mar cuenta con una abertura que ocupa dos niveles, lo que permite que se puedan ver desde fuera los dos tramos de la escalera, la puerta de acceso y el recibidor, en la planta superior.

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El tratamiento cromático y material de los interiores persigue crear unos ambientes de líneas depuradas y contemporáneas.

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Junto a una de las aberturas del salón se ha creado un rincón de lectura con dos butacas CH25, diseñadas por Hans J. Wegner para Carl Hansen & Søn, adquiridas en Juncosa.

 

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El mobiliario del porche, mesas y sofás, es de la firma Dedon. El suelo del porche se ha pavimentado con cemento teñido de color ocre, como en el estar.

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La escalera se ha construido con hormigón; la huella y la contrahuella se han revestido con piedra caliza blanca Capry envejecida, con el canto matado, y la barandilla es de acero inoxidable.

 

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En el baño se ha optado por materiales con texturas parecidas, pero de distinta naturaleza: las paredes y los estantes se han estucado, el suelo es de cemento teñido y el lavamanos, la encimera y la bañera son de piedra caliza Capry mate.

 

Esta es una arquitectura de sensaciones o mejor aún, de “emociones”, como quería el maestro mexicano Luis Barragán. Primero, la emoción de enfrentarse cara a cara con el mar de Mallorca, corazón del Mediterráneo. Tres niveles apaisados que son tres largas miradas frontales al mar. Pero no es ésa la cara de la vivienda que descubrimos al bajar, en línea curva, por la rampa de piedra del acceso. El edificio –un proyecto de Bb architects y Sergi Bastidas– ofrece dos caras distintas y complementarias a quienes se acerquen o la contemplen de lejos, atraídos por la tonalidad terrosa de sus muros.

Al llegar en coche, desde arriba, por la rampa ondulada podemos abarcar en profundidad la composición volumétrica de la obra, como si estuviéramos internándonos en el escenario de un cuadro cubista o en una pintura del italiano Giorgio de Chirico en su etapa futurista y metafísica. Los volúmenes son presencias, cuerpos en tonos ocres en los que el color cumple un papel constructivo, no decorativo (en el sentido de irrelevante o fortuito).

No hay, por un lado, muros, y, por otro, una pintura de tal o cual color. Son muros “nacidos” con esa tonalidad, como el pigmento de nuestra piel o de una corteza de árbol. Un color activo, que crea espacios a la vez modernos e intemporales, con reminiscencias de la arquitectura mediterránea tradicional (incluida la del norte de África) y con un gesto de cercanía “popular” (a la manera de los jardines mexicanos) con la naturaleza, que entra y sale a través de los volúmenes de muros rosados.

La fachada que mira al mar está compuesta por tres niveles alargados que, a medida que ascienden por la pendiente de la montaña, retroceden conformando tres terrazas apaisadas y amplias. La superior (que corresponde al nivel del garaje y el vestíbulo de acceso) es de piedra blanca. La terraza intermedia (sala de estar, comedor, cocina, dos porches a modo de salón y comedor de verano, y piscina) está recubierta de hierba. Y en la planta inferior (cuatro dormitorios con baño y vestidor) se suceden inmensos porches con columnas asomados al acantilado de pinos y el mar. Una casa que es fruto de un ejercicio de abstracción y, a la vez, de una vigorosa voluntad de concreción en la materia. La materia (y su color) como transmisora de energía y serenidad.

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