Tres patios tiene mi casa

Sobre este esquema diseñó Casa la Quinta el estudio de Pérez Palacios, en San Miguel de Allende (México), que disfruta así de vistas hacia el interior

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Casa La Quinta, por Pérez Palacios Arquitectos y Alfonso de la Concha Rojas.

Casa La Quinta, por Pérez Palacios Arquitectos y Alfonso de la Concha Rojas.

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Casa La Quinta, por Pérez Palacios Arquitectos y Alfonso de la Concha Rojas.

Las limitaciones son siempre la vía para dar con las mejores soluciones. Ocurrió en esta casa de 350 metros cuadrados para una pareja de jubilados en San Miguel de Allende (México), donde el estudio de Pérez Palacios y el arquitecto Alfonso de la Concha Rojas se enfrentaron a una parcela ensombrecida por los muros de las viviendas vecinas. A falta de vistas al exterior, pensaron en una inteligente alternativa: crear tres patios interiores, focos de alegre luz y cada uno con su propio carácter y uso.

El que cuenta con la piscina y la hamaca resulta ideal para relajarse en las tardes soleadas y es el más grande todos. En el segundo crece un árbol y cuenta con asientos de grava para contemplarlo. El tercero, el más pequeño, es privativo del dormitorio principal. A su vez, estas tres "cajas vacías" producen diferentes percepciones de escala, un alto contraste de luces y sombras –con el efecto teatral que ello conlleva– y espacios de silencio y descanso.

Se concibió una casa sin límites internos, para que sus áreas sociales se comuniquen entre sí y fluyan orgánicamente hacia los patios externos. El uso de paneles de vidrio de gran tamaño y de puertas de vidrio corredizas hace que sean transparentes entre sí y también hacia el exterior. El salón y el comedor de planta abierta y de doble altura sorprendente particularmente por este juego de formas.

Los materiales también conectan interior y exterior en Casa la Quinta, como el piso de piedra, muy común en las calles de San Miguel de Allende, que fluye desde dentro hacia los patios. El tratamiento de los muros vecinos también tuvo relevancia: aplicando un acabado de estuco tradicional, se logra un aspecto artesanal que brinda una sensación de atemporalidad al edificio. El proyecto es, en definitiva, un esfuerzo de sobriedad, tanto por sus acabados, sus paredes blancas y los techos de madera a la vista como por cómo se conectan los volúmenes de la vivienda entre sí.

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