Entra en la casa prefabricada de un coleccionista de coches

El arquitecto Filipe Saraiva firma una vivienda de impecable diseño minimalista en Ourém (Portugal). La casa está formada por paneles prefabricados de hormigón negro y tiene un espacio VIP reservado para los coches, la gran afición del anfitrión.

Un desnivel de 4,50 metros explica en gran medida la configuración de esta casa. Pero para comprenderla del todo, hay que ir más atrás. "Cuando le pedimos a un niño, en cualquier parte del mundo que dibuje una casa, todos presentan, invariablemente, una representación simplista, que consta de cinco líneas: un rectángulo y dos cuadrados. El pentágono compuesto por cinco líneas representa las paredes y el techo. El rectángulo está destinado a representar la puerta y los cuadrados, las ventanas", explica el arquitecto portugués Filipe Saraiva sobre el punto de partida tan básico de la casa.

"Todos sentimos que la casa es como un refugio que nos protege del mundo que nos rodea. Es nuestro refugio y nuestro propio mundo. Este arquetipo generalmente se define por un polígono de forma geométrica regular, generalmente bien proporcionado y con dimensiones equilibradas, con el que todos nos identificamos". Y con estas premisas tiró para adelante.

 

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La casa resulta en un volumen simple y perfectamente regular, casi monolítico, que aterriza en el suelo para crear un mirador desde el porche frontal que mira por encima del jardín.

El arquitecto aprovecha la altura de la casa para ubicar un segundo piso al que se accede a través de unas escaleras situadas en el centro de la planta. 

El método constructivo consistió en el empleo de paneles prefabricados de hormigón negro, con una dimensión regular, que define la fisonomía de la vivienda, ya que se compone de módulos repetidos dispuestos secuencialmente.

Dentro se respira la misma sencillez compositiva que fuera, evitando los excesos decorativos a fin de respirar tranquilos en nuestra propia casa.

 

En el gran espacio central, los paneles de vidrio van del techo al suelo, garantizando que la luz natural ilumine el salón, la cocina y el comedor. 

Esta casa de radical diseño minimalista, obra del arquitecto Filipe Saraiva, se asienta en una tierra de cultivo y se orienta al sur, con vistas al castillo de Ourém, en Portugal.

El propietario es muy aficionado a los coches, por lo que se abrió un ventanal en la parte trasera de la casa que permite ver los vehículos cuando están estacionados. 

La entrada a la casa se realiza a través de uno de los laterales, donde hay ubicada una estructura casi escultórica formada por un porche y unas escaleras. 

La cocina está compuesta por una isla de madera con la encimera de mármol. La misma madera tiene continuidad en el panel posterior y en el espacio reservado al horno. 

El espacio que ha quedado en el piso superior da para montar un estudio. Se ha ubicado una mesa rectangular que permite que varios miembros de la familia trabajen en el mismo espacio, fomentando la sociabilidad. 

 

Este dormitorio tiene una decoración compuesta por los elementos fundamentales, aunque no falta una estantería en la que el propietario de la casa ha ubicado su colección de coches. 

Se ha proyectado un baño que le hace la competencia al salón: amplio, con luz natural y con todas las comodidades. Los miembros de la familia pueden escoger entre un baño de burbujas o una ducha rápida. 

El garaje es uno de los lugares más preciados de la vivienda por la gran afición del propietario por los coches. Se podría decir que actúa como un espacio expositivo, ya que es posible ver los automóviles desde dentro de la casa. 

Por la parte trasera, entran y salen los coches. Gracias a unos paneles transparentes, es posible ver los automóviles desde el interior. 

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