En esta casa de hormigón en el Algarve se disfruta de la fuerza del Atlántico

En Algarve, entre las rocas y el océano, una casa de hormigón de una planta, en dos volúmenes, diseñada por el estudio Kerimov

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Casa de hormigon en un acantilado de portugal acceso

Los dos paralelepípedos incrustados, con la chimenea vertical en la intersección

Casa de hormigon en un acantilado de portugal

​En Algarve, entre las rocas y el océano, la casa de una planta, diseñada por estudio Kerimov

Casa de hormigon en un acantilado de portugal de noche

​El salón acristalado, con luz nocturna. Al fondo, la estructura de losa de hormigón con marquesina del garaje.

Casa de hormigon en un acantilado de portugal piscina

​La piscina desbordante, como parte de la zona de meditación, con tumbonas y chimenea

Casa de hormigon en un acantilado de portugal vista nocturna

​La fachada metálica del volumen pequeño reluce y cambia de tonalidad, de día y de noche

Casa de hormigon en un acantilado de portugal entrada

​Entrada a la casa de hormigón, en pleno acantilado, ante el Océano Pacífico

Así como esta moderna casa parece desde lejos incrustada en el acantilado, ella misma se compone de dos paralelepípedos incrustados entre sí. Y, según el proyecto del estudio de arquitectura moscovita Kerimov, el paisaje rocoso de las playas de Algarve en Portugal, ha jugado un papel determinante en la volumetría, los materiales y los colores de la casa de una única planta y dotada de un ritmo dinámico, que marcan la estructura compleja y la variedad de texturas en la fachada. Los paralelepípedos están incrustados entre sí, pero no de cualquier forma, sino con una intención evidente, la de crear con su intersección una elegante chimenea vertical.

El estudio de arquitectura ha utilizado únicamente materiales naturales y sus derivados. Hormigón en el volumen principal, y en el otro, un frente metálico que acabará oxidándose con el paso del tiempo, por lo que la pátina resultante, en simpatía con la naturaleza, irá adquiriendo nuevas tonalidades. "La naturaleza es siempre cambiante y la arquitectura, como organismo vivo que es, cambia con el tiempo", opinan los autores del proyecto. La casa se organiza en dos zonas claramente diferenciadas, mientras que en el volumen principal encontramos la sala y el comedor, las estancias más vividas del conjunto, los dormitorios y baños permanecen en el más pequeño, creando así una diferencia clara entre la zona de día y la de noche.

Por su parte las ventanas se han situado con exactitud estratégica, y es que a través de ellas se descubre cada mañana la sorpresa del ímpetu del océano Atlántico y, a los lados, la belleza ruda del paisaje rocoso. Una perforación discreta en la fachada, que de noche y con el interior iluminado recuerda una salpicadura de estrellas, deja entrar la luz del sol, creando juegos de claroscuro. Una no empinada escalera, de ritmo irregular, da énfasis al camino a la playa.

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