Neoclásica, elegante y moderna, así es esta reforma en París

En un entorno parisino neoclásico, el piso diseñado por Guillaume Alan aporta una idea del espacio particularmente propicia para una vida interior sosegada y elegante. Sutileza en lo tonos, las texturas, los materiales y el mobiliario, con notoria influencia asiática.

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El espacio se ha reorganizado para abrazar la luz natural durante todo el día. El clasicismo francés se renueva con líneas puras y tonalidades y texturas suaves.

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Los muebles, hechos a medida reflejan una alquimia inteligente entre lo natural y lo refinado. Un sutil contraste y equilibrio que es el sello de trabajo de Guillaume Alan. Las butacas, de líneas puras, son de piel; la alfombra, de lino, y la chimenea, de un lujoso mármol negro.

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En el luminoso comedor, la mesa Tamon, realixada con Corian, cuyas patas reproducen un carácter japonés que significa suerte, y las sillas Tao, inspiradas en el período Ming, todo diseñado por Guillaume Alan.

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En el vestíbulo, la consola Pure, realizada con hierro, se complementa con un espejo tríptico con marcos de madera de fresno. El suelo de toda la casa es de tablillas de madera de roble colocadas en espiga.

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En la cocina se ha optado por un diseño muy actual, sin guiños al pasado de la casa, con encimera de Corian y armarios de un elegante tono gris. Una isla acoge la zona de aguas y de cocción.

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En el vestíbulo, arropada por la impresionante escalera que conduce a la planta donde se encuentran los dormitorios e iluminada por la entrada de luz natural de la estratégica ventana, se ha dispuesto la mesa Sven, diseño de Guillaume Alan.

Situado en plena zona diseñada por Haussmann en la época de Napoleón III, el edificio es parte de ese estilo que se ha convertido en rasgo característico de París, al menos en lo que respecta a su equilibrada nuez neoclásica.

El proyecto de reforma corre a cargo de Guillaume Alan, que dibuja aquí una colección de espacios para una vida interior sosegada, que participan de la armonía formal de su entorno urbanístico. Alan retoma el clasicismo francés para renovarlo con líneas puras a través de tonalidades y texturas suaves sobre la base de un monocromatismo en gris claro, que el autor llama “color tiza” y que se derrama en la pintura de las paredes, en el lino, la piel, la seda, la lana…

Aunque la dimensión del espacio es generosa, los recursos del interiorismo –además de tonos y texturas, la pureza en el diseño de los muebles (que son obra de Alan, también)– ayudan a crear la ilusión de que la amplitud es aún mayor. Refinamiento y juego de contrastes en la selección de materiales: bronce, mármol, latón, hierro, madera de fresno cepillada, tejidos y pieles sedosos... El gusto del autor por la elegancia ascética de la tradición asiática aporta su dosis particular de sosiego a este piso. Pero de una forma sutil. Como las patas de la mesa del comedor, que incorporan un carácter japonés que significa "suerte". O las sillas Tao a conjunto, que están inspiradas en el período Ming.

La fusión de la tradición francesa con la estética oriental funciona en este piso para ser vivido en calma. Un oasis de relax tanto interior como exterior. Porque a través de las ventanas se cuela la tranquilidad de un parque parisino. Ingredientes para una vida placentera, en la que el glamour equivale a una copa de vino frente a la ventana, un libro frente a la chimenea...

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