¿Qué son las viviendas cooperativas? El nuevo modelo para vivir en comunidad

Edificios rehabilitados o de nueva construcción en los que arquitectos, promotora y residentes funcionan como un colectivo. Las viviendas cooperativas son una nueva forma de habitar basada en la creación de comunidad que va ganando terreno en Cataluña.

Foto: Milena Villalba / LaCol, La Boquería, Sostre Cívic

La Balma, un proyecto en Poblenou. 

Salir del binomio comprar/alquilar deja de ser una utopía con las viviendas cooperativas, un nuevo modelo de acceso a la vivienda que ya se ha puesto en práctica y está en expansión en Cataluña. Otros lugares del mundo, como Uruguay o Dinamarca, han servido de referencia para los actores que han puesto en marcha en los últimos años este tipo de modelo, primero en Barcelona y ahora más allá de los límites de la Ciudad Condal. Estas viviendas cooperativas se basan en la cesión de uso del suelo y en la propiedad colectiva. Desgranamos de manos de la promotora Sostre Cívic y los estudios de arquitectura Lacol y Laboqueria, todos los conceptos, características y ventajas de esta nueva forma de habitar las ciudades. "Todas las personas que van a vivir en este tipo de modelo de vivienda tienen un punto de creer en vivir mejor, en la economía circular y en potenciar la sostenibilidad", asegura Ricard Grau, del estudio Laboqueria.

La cooperativa de vivienda La Borda, en el barrio de Sants de Barcelona, es una promoción auto-organizada por sus usuarias para acceder a una vivienda digna, no especulativa y que pone en el centro su valor de uso, a través de una estructura colectiva. El proyecto se emplaza en un solar (VPO) cedido por el ayuntamiento a 75 años en la calle Constitució, situado en una posición limítrofe del recinto industrial de Can Batlló con fachada a la trama histórica del barrio de la Bordeta.

¿Qué es una vivienda cooperativa?

La primera vivienda cooperativa en Barcelona fue el proyecto de La Borda, inaugurada en 2018 y finalista de los premios de Mies Van Der Rohe de este año en la categoría Emergente. "Es la primera vivienda en la cual una comunidad de vecinos decide unirse como cooperativa grupal de vivienda y se plantea este proyecto piloto", explica Ricard Grau, del estudio de arquitectura Laboqueria. El arquitecto Ernest Garriga, de Lacol, que también es uno de los inquilinos de La Borda participó desde el principio en el proceso: "se implementó la idea de utilizar un solar de propiedad pública para hacer una promoción a partir de un colectivo de personas ya consolidado", explica Garriga.

A partir de la cesión de uso sacada a concurso por el Ayuntamiento, cooperativas de estudios de arquitectura, como es el caso de Lacol o laboqueria, comienzan a participar en estos concursos junto con promotoras sociales como Sostre Civic. El siguiente hito fue el proyecto de La Balma, vivienda en la que se entró a vivir el pasado 2021. "La prueba del éxito de estos proyectos es que esto nace en Barcelona y, actualmente, está creciendo y replicándose en muchos municipios de Cataluña", señala José Téllez, de Sostre Cívic.

El proyecto de construcción de La Balma, ubicado en Poblenou, se financia en un 20% con el capital social aportado por los cooperativistas y en un 80% a través de la financiación de una banca. Cada usuario abona mensualmente una cuota de uso (entre 600 y 800 euros) que permite retornar esta financiación y que incluye los gastos de los espacios comunes. Foto: Milena Villalba / LaCol, La Boquería y Sostre Cívic

Para participar en estos concursos de cesión de uso, una de las premisas iniciales es existir como grupo consolidado como colectivo, con sus técnicos, modelo de convivencia e, incluso un plan económico ya diseñado. Todos los actores, incluidos inquilinos, promotora y técnicos, funcionan a través de procesos participativos para tomar las decisiones de diseño, asesoramiento energético y mantenimiento. Así, una de las claves que definen este modelo es la propiedad colectiva. No existe la propiedad privada y, por lo tanto, "en el ADN de estos proyectos de cesión de suelo está la premisa de que no se puede especular, nadie es propietario de la unidad de vivienda donde está, solo eres un socio más, pero nunca puedes subarrendar o vender. Con lo cual, se evitan malas praxis", explica Ricard Grau.

Otros modelos similares, también implementados, son rehabilitaciones, como la promovida por Sostre Civic en una vivienda de la Calle Princesa, que nació en 2015 con la idea de importar el modelo de vivienda cooperativa Danés, en el que "grandes promotoras sin ánimo de lucro se dedican a promover este modelo basado en la propiedad colectiva y en la autopromoción", señala Téllez. Aunque en España no había referentes, fuera de nuestras fronteras sí había experimentos con modelos similares, como en Québec (alrededor de 1% del parque de viviendas en todo el país), Uruguay (3%), Dinamarca (8%) o Suiza (8%).

El edificio de La Balma cuenta con 20 viviendas, diseñadas a partir de una retícula de piezas de 16m² diáfanos coincidente con la estructura de madera contralaminada. Estas piezas permiten divisiones y distribuciones muy diversas, permitiendo al usuario decidir sobre sus espacios. Cada vivienda parte de una base de 50m² totalmente equipada, correspondiente a las tipologías pequeñas (S). Esta unidad básica se amplía con una o dos piezas, pasando a ser tipologías M o L. Las piezas que permite esta ampliación son espacios gestionados por la cooperativa.  Foto: Milena Villalba / LaCol, La Boquería y Sostre Cívic

Una arquitectura pensada para la vida en comunidad

"Estos edificios están pensados para entender una convivencia, con espacios comunes y espacios de uso común. Los espacios comunes son escaleras, vestíbulos y otros elementos presentes en todas las comunidades. Los espacios de uso común son en los que potenciamos la convivencia entre las diferentes unidades de vivienda del propio edificio", señala el arquitecto Ricard Grau. El modelo se basa, por lo tanto, en la creación de comunidad y el diseño arquitectónico responde a estas necesidades. Por ejemplo, en La Borda, existe una cocina-comedor, un espacio polivalente, una lavandería, dos habitaciones de invitados y varias terrazas. "Todo ello son complementos añadidos a cada una de las viviendas. Nuestros pisos no son los metros cuadrados de cada una de las casas, sino que en verdad es todo el edificio", asegura Garriga. "Así lo ha reconocido la Generalitat, haciendo un cambio legislativo de modo que cada persona puede computar como metros cuadrados de su vivienda estos espacios comunitarios".

Cada vivienda del edificio, internamente, tiene sus propias características según las necesidades de cada unidad familiar. "La unidades familiares se plantean para que haya una estructura rígida del propio edificio pero dependiendo del tamaño de la unidad familiar", explica Grau. Además, el aislamiento sonoro y el diseño enfocado a aprovechar la luz solar y favorecer la arquitectura pasiva condiciona absolutamente el diseño arquitectónico. "Uno de los focos es el concepto de pobreza energética. Ninguna vivienda tiene pobreza energética en La Borda porque la propia arquitectura daba respuesta al confort climático necesario", explica Ernest Garriga de Lacol.

Un total de 28 viviendas alberga el proyecto de Cirerers, actualmente, es la construcción de madera más alta del estado español constituida por 7 plantas. Es el último gran proyecto de Sostre Cívic, diseñado por Celobert, y se inaugura el próximo 31 de marzo, momento en que los socios ya entrarán a vivir. Foto: Joan Guillamat

Las ventajas para sus habitantes-socios

En primer lugar, se trata de viviendas asequibles, con una inversión inicial menor, en el caso de las que consiguen cesión de uso. "Un edificio de obra nueva con metros cuadrados suficientes, confort climático, placas solares, sin uso de calefacción y con unas cuotas mensuales de 500 euros, en un mercado que, en Barcelona, estaría sobre los 900", asegura Ernest Garriga. Del mismo modo, Ricard Grau hace referencia al asequible alquiler social de estas viviendas. "El beneficio que se genera de la inversión de la cooperativa se usa en muchos casos para promocionar otras cooperativas de vivienda, para poder utilizar unidades de la propia comunidad en casos de inserción social, acogida de familias en situación de exclusión o para promocionar entidades sociales del barrio en los locales disponibles. Con lo cual, se promociona la economía circular y se genera un impacto en el barrio muy positivo", explica Ricard Grau.

El objetivo de La Borda fue construir el edificio con el menor impacto ambiental, tanto en la obra como en su vida útil y, sobre todo, conseguir el confort en las viviendas con el mínimo consumo para reducir los costes globales de acceso a la vivienda y eliminar la posibilidad de pobreza energética entre las usuarias.

El otro punto a favor es la autogestión y la corresponsabilidad. Desde el discurso de los cuidados de la gente mayor y los niños de la comunidad, hasta el hecho de funcionar como colectivo a la hora de contratar y gestionar servicios. "Las cooperativas ya existían: alimentarias, agrícolas, sociales… En ellas, el centro es la persona y la unidad grupal da fuerza a la hora de tomar decisiones. Con la vivienda, la contratación de los suministros y servicios se hacen desde esta comunidad. La fuerza de control, ajuste y revisión, permite que esta comunidad sea más empoderada y se genere menos coste mensual. La organización interna se basa en una estructura de comisiones de trabajo: de mantenimiento, económicas, de convivencia. Estos grupos permiten tener control y organización de las decisiones que se toman tanto en el desarrollo del proyecto como en el futuro, en su vida útil", explica Ricard Grau.

Al ser la propia comunidad de vecinos la que se implica en la autopromoción, son comunidades mucho más resilientes, instaladas en el entorno y haciéndose responsables con el barrio. José Téllez.

El impacto positivo en el barrio y el entorno

La vivienda cooperativa encarna un estilo de vida innovador, alejado de las dinámicas mercantilistas del mercado inmobiliario y centrado en una idea de vida en comunidad, sostenible, autogestionada y corresponsable. "Es un modelo que sale muy rentable a nivel social. Al ser la propia comunidad de vecinos la que se implica en la autopromoción, son comunidades mucho más resilientes, instaladas en el entorno y haciéndose responsables con el barrio. Por ejemplo, en los bajos comerciales de los edificios se intenta que se ubiquen proyectos que tengan un retorno en el barrio con iniciativas sociales, y se hace un esfuerzo por construir comunidades energéticas. Tienen un retorno social y un impacto inmediato en los barrios", asegura Téllez. "Nosotros construimos y rehabilitamos edificios intentando que el 100% de los proveedores sean del mercado social catalán y empresas de la economía social y solidaria que funcionen con los mismos valores que nosotros. La financiación la pedimos en banca ética, los arquitectos son todos en cooperativas", explica Téllez.

En La Borda, para los meses fríos se cuenta con un recuperador de calor y para los calurosos con ventilación cruzada y una piel exterior de protección solar en el sur.

La Administración Pública también sale, a su vez, beneficiada, pues recibe una cuota por un suelo público sin tener que invertir en la construcción del edificio. "La diferencia con las viviendas de protección oficial, es que la administración en ese caso tiene que contar con una promotora privada, y no se deja de alimentar una lógica mercantilista inmobiliaria que aumenta el precio de los pisos, algo que al final tiene que batallar con subvenciones", añade Téllez. "En este sentido creemos que la vivienda cooperativa es el mejor aliado de la Administración Pública".

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