La Madriguera o cómo "esconder" la gran arquitectura…

El estudio de arquitectos madrileño delavegacanolasso ha transformado y ampliado el viejo estudio del pintor José Vega en Alcobendas, convirtiéndolo en una luminosa vivienda semiinvisible situada al norte de Madrid.

Al contrario de lo que ha caracterizado la arquitectura espectacular de los últimos cuarenta años, esta pequeña casa situada en Alcobendas, al norte de Madrid, puede presumir de camuflarse perfectamente con su entorno y haber situado en un pedestal metafórico la intimidad de sus ocupantes, una joven pareja que ocupa lo que hasta hace poco era el taller artístico del pintor José Vega, abuelo de uno de los actuales residentes. Al mismo tiempo, la reforma y ampliación del estudio, realizada por Ignacio de la Vega y Pilar Cano-Lasso, responsables del estudio delavegacanolasso, se ha convertido en una de las más aclamadas por los expertos en arquitectura contemporánea. Nunca 50m² dieron tanto de sí…

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Reflejos de naturaleza.

Fragmentos de Atmosphères, de György Ligeti, y El Puerto, de la Iberia de Isaac Albéniz, nos acompañan en un recorrido por el exterior de La Madriguera.

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Una casa en Alcobendas llamada La Madriguera.

El taller que el pintor José Vega tenía en Alcobendas, a las afueras de Madrid, se ha convertido en una sorprendente vivienda de 50m², gracias a una ampliación (a la izquierda), que permanece semi oculta, tanto por la vegetación que la circunda como por la pared recubierta de metacrilato metalizado en el que se refleja todo el verdor de los jardines.

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Un jardín que ha revivido en todo su esplendor.

La casa fue el pequeño estudio del abuelo del actual propietario. El desuso lo había convertido en un espacio inhóspito, sin aislamiento térmico, y el jardín se había convertido en una especie de jungla descontrolada. La reforma ha recuperado también el pequeño estanque.

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Vista general de las zonas sociales.

La reforma de lo que fue el estudio del artista ha transformado el espacio en una superficie diáfana totalmente blanca, que engloba la cocina, el comedor y una sala de estar.  Los muebles y accesorios se han hecho a medida para recorrer el perímetro del espacio y liberar espacio en el centro.

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La cocina.

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Los espacios de estudio y cocina se suceden.

Directamente debajo de la ventana delantera se ha situado un escritorio de madera.

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Comedor y cuarto de estar.

Un banco de sofá en forma de L se dobla en ángulo de 90° con la pared trasera, en la que se ocultan una serie de espacios de almacenamiento. La pared ha sido perforada con agujeros para que los habitantes puedan montar y exhibir fácilmente sus obras de arte. El sofá se ha vestido con una serie de cojines a rayas. Sillas de colores similares (igual que la lámpara suspendida del techo) rodean la mesa de comedor de vidrio. 

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Luz natural cenital.

En el techo se instalaron paneles aislantes de corcho, así como un par de láminas de vidrio esmerilado para permitir que entre más luz natural. Al fondo se ve la puerta que da entrada a dormitorio y el cuarto de baño, construidos ampliando la superficie original del estudio.

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El dormitorio.

El interior del dormitorio se ha realizado con superficies blancas sencillas, en las que se han incorporado los armarios para almacenamiento. Para dar mayor sensación de calidez, se ha panelado una pared con madera de pino de tonos claros, igual que el marco de la cama, las estanterías superiores y la puerta.

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Los armarios.

La pared que da al exterior sirve para albergar los armarios y sirve, además, de aislante térmico.

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El cuarto de baño.

Desde la ducha, a través del ojo de buey, se puede ver otra perspectiva del jardín.

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La ventana circular.

La ventana circular da al nuevo estanque del jardín, que se espera que atraiga a ranas, lagartijas y otros pequeños animales. En el borde del estanzque se puede ver una escultura de piedra que perteneció en el pasado a la bisabuela del actual propietario. Varias macetas de plantas se han distribuido entre las cinco encinas llevan varias décadas en el jardín.

La esencia de lo que es La Madriguera nos la transmite un óculo plateado de acero galvanizado cepillado. Es un ojo diseñado para confundir y proteger y representa la respuesta de la pareja de arquitectos delavegacanolasso, formada por Pilar Cano Lasso e Ignacio de la Vega, a lo que ellos definen como «fracasos de la arquitectura actual… Una arquitectura que ha olvidado la importancia de la privacidad y ha sucumbido al exhibicionismo». Los arquitectos han construido una casa casi diáfana, de 50 metros cuadrados, pensada como «una guarida, un escondite, un refugio», en donde los habitantes viven su casa y sus jardines como un universo privado.

Un exuberante paisaje de árboles altos y plantas trepadoras extiende su alfombra verde a través de la superficie de un estanque rodeado de piedra. El jardín parece inmenso en comparación con la escala de la casa, pero hay truco: el bosque se refleja en la pared espejada en la que se encuentra la marca característica del diseño de la vivienda: la abertura del óculo, situado en el dormitorio.

Esa ventana no es, en realidad, una puerta de entrada que invita al mundo exterior a inspeccionar la casa, sino que lo refleja, además de lograrse una iluminación y ventilación eficaces para crear interiores cómodos y acogedores.

Los espacios del resto de la casa están configurados en los volúmenes de un antiguo taller de artista. Cada área es indistinguible de la siguiente, ya que el espacio común es prácticamente diáfano y las paredes se convierten en estanterías, el salón se vuelve parte de la experiencia culinaria y la mesa de trabajo de la cocina se convierte en un espacio de estudio compartido. La disposición de los muebles crea pequeños microcosmos de actividad, cada uno con su propia organización y función espacial. Los muebles, hechos a medida, envuelven el perímetro permitiendo que el espacio abierto central sea maximizado y absorbido por cualquier actividad que se desarrolle a su alrededor. A pesar de su pequeño tamaño, el interior se percibe abierto y aireado, gracias a los dos tragaluces que bañan el espacio con luz natural. Una simple paleta de madera de pino y acabados blancos lisos consiguen crear una atmósfera cálida y acogedora, un remanso de tranquilidad que aísla del ruido de la vida contemporánea.

La casa se ha construido con acero galvanizado envuelto con tableros de madera reciclada. El corcho natural y el algodón reciclado actúan como aislamiento térmico bajo su piel exterior.

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