La cara oculta de las estrellas

Algunos de los arquitectos más influyentes del último siglo esconden biografías llenas de sorpresas y de intriga.

Irene Conca

Le Corbusier

Le Corbusier

Foto: Imagno Getty Images

En el libro La arquitectura moderna y sus creadores (Alba Editorial, 2012), el crítico de la revista The New York Review of Books, Martin Filler, construía una panorámica del oficio alejada de los planos y concentrada en las intrigas. Así, descubrimos las veleidades de Mies van der Rohe, Alvar Aalto y Philipp Johnson con los regímenes fascistas de los años treinta, el colaboracionismo de Le Corbusier con el régimen de Vichy, títere de los nazis, o la tendencia hacia la autoparodia de Richard Meier, entre otras perlas. Y es que, por encima de su fama y reconocimiento, las grandes estrellas de la arquitectura no dejan de ser humanos con luces y sombras. Este es un repaso por la fascinante biografía de algunos de ellos.

Le Corbusier, más que el Picasso de la arquitectura

A pesar de que se planteó rehacer el arte de la construcción, Charles Édouard Jeanneret (1887-1965), más conocido por Le Corbusier, no se conformaba con ser el Picasso de la arquitectura; él quería ser pintor. Autor de 38 libros y de algunos de los edificios más famosos del siglo xx (de la Villa Saboya a la Capilla de Ronchamp o la Unité d’habitation de Marsella) defendió que la simplicidad no equivalía a pobreza, sino a pureza. En 1940 rompió con sus socios Charlotte Perriand y Pierre Jeanneret –que se unieron a la Resistencia– para apoyar al gobierno colaboracionista de Vichy. Que el mayor arquitecto del siglo xx diera este paso para tratar de obtener encargos retrata, también, a la arquitectura como disciplina.

Unité d'Habitation, Marsella, 1952

Foto: Ken Ohyama

Alvar Aalto, espía ocasional

En plena era industrial, el finlandés Alvar Aalto (1898-1976) defendía que “el modelo más importante de la arquitectura es la naturaleza y no la máquina”. Su arquitectura, monumental y sin embargo íntima, es también práctica y simbólica. “La verdadera arquitectura pone al hombre en el centro”, escribió el autor de la Villa Mairea y el ayuntamiento de Helsinki. Sin embargo, también Aalto aceptó colaborar con los fascistas. En 1943 viajó a Alemania invitado por Alber Speer, el arquitecto de la corte de Hitler. En una cena alabó el Mein Kampf del líder nazi por decir que la arquitectura era el rey de las artes y la música, la reina.

Alvar Aalto con su primera mujer Aino, con quien creó la editora de diseño Artek.

Foto: Alvar Aalto Museum

Ayuntamiento de Finlandia, 1971.

Mies van der Rohe, firmando a favor de los nazis

Autodidacta, Mies van der Rohe (Aquisgrán, 1886-Chicago, 1969) fue de los primeros en advertir que el exceso de mobiliario impide el verdadero confort. Pero esa enseñanza del menos es más fue de las pocas cosas que este arquitecto cartesiano pareció tener claro. Junto a otros artistas, como el pintor Emil Nolde o el escultor Georg Kolbe (autor de la escultura del pabellón Mies van der Rohe de Barcelona), apoyó la candidatura Hitler a las fraudulentas elecciones de 1934 en el periódico oficial nazi Völkischer Beobachter.

Esa ambigüedad la trasladó Mies a su propia vida y, paradójicamente, también a su obra. Defendió un modelo universal de espacios diáfanos, edificios funcionales y económicos, y geometrías simples. La simplicidad puede ser un medio para alcanzar la pureza espiritual, pero también conduce a la pobreza visual. “Ten cuidado con la improvisación”, previno Mies a un alumno. Seguir esa norma fue, sin embargo, acaso su mayor equivocación. Muchos promotores no valoraron el minimalismo por su elegancia, sino porque veían una oportunidad de edificar a bajo coste con una mayor rentabilidad.

Mies van der Rohe.

Foto: Abisag Tüllmann/Scala

La Casa Farnsworth (Piano, Illinois, 1951) es una de las obras más icónicas de Mies van der Rohe y el epítome de su "menos es más".

Foto: Roland Halbe

Frank Gehry, el creador incomprendido

La clave en la ascensión del canadiense Frank Gehry (Toronto, 1929) está en la renuncia al camino habitual que siguen en Estados Unidos los arquitectos para alcanzar el éxito: instalarse en un estudio grande para recibir encargos grandes, al margen de las posibilidades creativas que estos ofrezcan, para alcanzar enriquecimiento y prestigio.

Gehry supo esperar su oportunidad. Y la encontró en una ciudad que quería despertar, Bilbao. Con todo ese tiempo de espera, el también autor de las bodegas de Marqués de Riscal en Elciego tuvo años para practicar sus juegos plásticos con mallas de gallinero en su propia vivienda de Santa Mónica (California). Para cuando llegó a la ciudad del Nervión, los materiales tenían otras calidades y los trabajos vacilantes de la primera época escultórica se habían vuelto desenvueltos, nunca violentos ni desorientadores. “Yo no necesito, como Peter Eisenman, torturar a los usuarios del edificio”.

Frank Gehry.

Bodegas Marqués de Riscal, Elciego.

Richard Meier, la autoparodia infinita

Los trabajos de Meier son “hábiles variaciones de los temas puristas propuestos por Le Corbusier en los años veinte”, según Martin Filler, quien también afirma que su museo Getty Center de Los Angeles es "una especie de versión abreviada de sus obras completas". Los autoplagios de Meier no tendrían importancia si los múltiples elementos del Getty formaran un todo convincente”.

¿Puede un arquitecto arruinar su reputación con su proyecto mayor dotado con el mejor presupuesto? Ese es, para Filler, el caso del autor del MACBA de Barcelona. Atrás quedaron las viviendas modernas levantadas como galerías de arte –como la Smith House– ideadas por un proyectista que se inició montando exposiciones y se consolidó construyendo museos. La Fundación Getty ha demostrado que “el viejo repertorio de trucos de Meier no podía dar ya ideas originales”.

Richard Meier.

Foto: Richard Phibbs

Smith House, Connecticut, 1961.

Philipp Johnson, el gran fagocitador de ideas

La mejor descripción de Philip Johnson (1906-2005) la hizo él mismo: “Soy una puta”. Historiador culto, se apropió de las ideas de otros y no dudó en recurrir a la provocación para aumentar su popularidad, aunque fuera denigrándose en público. Al autor de la Glass House en New Canaan (Connecticut) “no le costó el menor trabajo desprenderse de un estilo y adoptar otro según los gustos cambiantes del público”, escribe Filler.

En el expediente que el FBI tenía sobre él describía los uniformes de los alemanes: “daban un aspecto alegre al lugar. Vimos cómo quemaban Varsovia. Fue un espectáculo emocionante”. Y en 1939 hablaba en el periódico estadounidense The Examiner de Hitler y sus ideas como de algo tan simple como trascendental: “Se trata del mito de ‘nosotros, los mejores’ que encontramos, más o menos, en todas las culturas vigorosas”.

El pasado filonazi de Johnson se silenció hasta que Michael Sorkin tuvo el valor de desvelarlo en 1988. Pero justo es reconocer que pidió perdón. También que fue generoso: donó al MoMA buena parte de la colección que perspicazmente atesoró aconsejado por su pareja durante 45 años, el conservador David Whitney que murió, con 66 años, cinco meses después que Johnson.

Philipp Johnson.

Foto: Nancy Kaszerman/Zumapress

Glass House, New Canaan, Connecticut, 1949.

Foto: Eiriki Johnson, cortesía Glass House Foundation

Renzo Piano, el 'gentleman'

Renzo Piano dio satisfacción a la vez a su vocación artística y a las expectativas de su padre, que era constructor. Esa síntesis resume la arquitectura de este genovés elegante que, a diferencia de buena parte de sus colegas, no ha tenido inconveniente en reconocer el papel de sus mentores, sobre todo del francés Jean Prouvé, un tipo que manejaba con igual soltura el mobiliario, las viviendas prefabricadas o los grandes edificios. Ha sido uno de los arquitectos europeos que más ha construido en Estados Unidos. En Houston, Texas, levantó el exquisito museo Menil, una galería en los antípodas del Centro Pompidou que había construido con Richard Rogers en el centro de París.

Tras la estela de este trabajo, Piano intentó que sus sucesivos centros de arte (el último de los cuales es el Centro Botín en Santander) abundaran en la investigación de un sistema de iluminación cenital. Todo eso lo ha conseguido sin perder nunca las formas. Y sin dejar de investigar, como cuando de joven trabajaba para la Unesco ideando prototipos de viviendas de emergencia. Piano empezó por lo más duro. Tal vez por eso ha aprendido a no pelearse con nadie, no perder la calma ni la sonrisa.

Renzo Piano

Renzo Piano

Renzo Piano

Foto: Michael Denance/Artedia/View

Centro Botín, 2017.

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