Guía de la casa 'low cost'

Cuando la necesidad apremia y el presupuesto escasea, el trabajo de los profesionales más audaces nos solucionan la papeleta de la mejor manera

Estrella Moreno

Los componentes industrializados para la construcción suelen incorporar los sistemas de aislamiento necesarios para reducir al mínimo el consumo energético durante su uso.

Cada vez somos más conscientes de que nos ha tocado vivir un cambio de época, marcado por el rigor y la contención.Y como todo tiempo nuevo, inevitablemente surge un estilo que lo acompaña. Un nuevo "ismo", que, como ocurría en las vanguardias, rompe con todo lo conocido. Una forma actualizada de aquel “menos es más” racionalista, pero esta vez sin restringir lo ornamental. Menos presupuesto, pero más y mejor diseño. Creatividad y sentido común a raudales para lograr los mejores resultados, con los mínimos recursos y al alcance de todos.

Materiales de procedencia industrial como el OSB, los palés o la madera recuperada, exploran nuevos conceptos estéticos y posibilidades de diseño.

El empleo de materiales low cost se ha elevado a la categoría de tendencia, haciéndose omnipresentes en determinados ámbitos. Como vivimos largos tiempos de crisis, lo que en principio eran soluciones de emergencia ha acabado generando un nuevo lenguaje de bajo coste pero de gran calidad. Productos como el contrachapado, el hormigón visto, el acero galvanizado y otros anteriormente empleados en un ámbito más industrial han trascendido al entrar en la órbita de los mejores creativos.

Aprovechar elementos estructurales como columnas y vigas para articular zonas es una solución doblemente eficaz: salva un obstáculo y minimiza la intervención.

Y para los más clásicos, habida cuenta de que los materiales nobles son caros por naturaleza, ya se pueden conseguir acabados análogos a un precio asequible gracias a las mejoras en impresión láser sobre superficies más económicas como porcelánicos, laminados y otros sintéticos. Para hacernos una idea, si un parquet de madera maciza puede alcanzar los 100 € el metro, una tarima sintética de máxima calidad la encontraremos por 15 € y aunque con un tacto inevitablemente distinto, se consigue una durabilidad muy competitiva.

El coste por metro cuadrado de una reforma convencional puede rondar los 600 €, mientras que para determinados ámbitos contamos con trucos que abaratarán de manera sustancial el presupuesto. Renovar la apariencia del estar y otras zonas sociales comienza por el infalible truco de pintar los espacios en blanco con un toque de color intenso en la perpendicular a la luz. La aplicación de vinilos decorativos es un paso más hacia un exclusivismo de diseño espectacular a un precio también irrisorio y con un abanico infinito de opciones.

Los acabados en bruto como el ladrillo visto, las baldosas sin esmaltar o la madera sin tratar son soluciones muy efectivas a un coste mínimo.

Para el baño, si los sanitarios pueden conservarse, renovar la grifería del lavabo, poner una nueva tapa en el inodoro y una mampara en la ducha nos dará un aire completamente renovado. Y si aplicamos ciertas pinturas especializadas sobre las baldosas, el resultado será irreconocible por una cuarta parte del presupuesto. Si necesitamos una reforma más en profundidad, podemos ahorrar el 70% del coste de los materiales acudiendo a los outlets de las constructoras, donde distribuyen materiales descatalogados o restos de obras en perfecto estado, a precio de fábrica.

Los productos de lujo no tienen que ser caros, pues actualmente la percepción de lo exclusivo va a sociada a elementos simbólicos, emocionales y experimentales.

Cuando entran el pico y la pala en la vivienda, automáticamente crecen los costes, las molestias y el tiempo. Y si hablamos de reorganizar los espacios domésticos, la solución suele ser sinónimo de tirar y levantar tabiques. Pero otras alternativas son posibles. Los interioristas proponen hasta cuatro niveles de zonificación antes de llegar al tabique de obra. Zonificar desde el suelo, ya sea añadiendo una alfombra o diferenciando el pavimento como suele ocurrir en las cocinas integradas en el salón.

Un paso más es añadir un mueble bajo tipo aparador, que separa las estancias de manera permeable, permitiendo el paso de luz natural y añade espacio disponible para almacenaje. Los biombos y las cortinas interiores generan nuevos espacios de la manera más soft posible, garantizando a su vez una intimidad visual completa. Y el último paso antes de llegar a la gran obra es la tabiquería ligera con tableros, que hará las veces de cerramiento integral, pero con una instalación de pocas horas, totalmente reversible y de mínimo coste.

Las intervenciones ligeras con mínimo material reducen costes y minimizan la instalación. Las plantas trepadoras son tambien una opción decorativa de primera.

El gasto más importante en la vida de una persona es, sin duda, el destinado a la vivienda. Por eso toda optimización en los costes de construcción que pueda conseguirse tendrá una repercusión muy agradecida en el bolsillo de sus propietarios. La construcción convencional todavía se basa en un modelo “artesano” que lleva asociado inevitablemente sobrecostes en material, transporte, tiempo y mano de obra. En cambio, los sistemas prefabricados pueden reducir los costes gracias a una mayor eficiencia en la producción y rapidez en la instalación.

Para zonas rústicas, las viviendas modulares prefabricadas evitan la necesidad de maquinaria pesada al no requerir una cimentación profunda.

Industrializar la arquitectura no significa uniformar estilos, sino aplicar la lógica de la producción en un entorno controlado a la construcción. Así, al contrario que en la obra convencional, se evita producir los elementos in situ, se evitan residuos y se posibilitan las uniones en seco, que ahorran agua y permiten una eventual reutilización de componentes o su actualización futura en una nueva tipología de rehabilitación. Con el objetivo fijo de abaratar procesos, mejorando calidades.

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