¿Tu casa es sana?

Aprende a detectar y eliminar las sustancias tóxicas

David Quesada

Ventilación diaria y limpieza regular son el perfecto antídoto contra las sustancias tóxicas

Ventilación diaria y limpieza regular son el perfecto antídoto contra las sustancias tóxicas

Foto: Pere Peris

Por sorprendente que parezca, el aire de nuestras casas puede estar tan contaminado como el de las calles de una ciudad, y no precisamente por el hecho de que la polución entre por una ventana abierta. Eso es debido en gran parte a los materiales y productos con que están fabricados y tratados muchos de los objetos que utilizamos a diario –desde el mobiliario hasta el menaje de cocina, pasando por los tejidos y los productos de limpieza–pueden emitir sustancias potencialmente nocivas para nuestra salud.

El problema es que la mayoría de los tóxicos presentes en casa son imperceptibles a los sentidos: no se ven, al principio no se sienten y casi no se huelen; pero están ahí. Aunque suelen ser inocuas para la inmensa mayoría, las personas aquejadas del síndrome de Sensibilidad Química Múltiple (SQM) sí podrían verse afectadas por la presencia de estas sustancias, por lo que conviene saber dónde están para evitarlas y conseguir respirar un aire más limpio y saludable dentro de casa.

 En Europa, solo Francia y Bélgica cuentan con sistemas de información sobre la composición del mobiliario y otros productos domésticos de obligado cumplimiento

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Foto: Eugeni Pons

Dentro del interior de viviendas y lugares de trabajo se han encontrado más de 900 compuestos químicos; en algunos casos, en concentraciones de dos a cinco veces más altas que en el exterior, según la prestigiosa European Lung Foundation, especializada en salud pulmonar. La mayoría de estos compuestos se conocen como Compuestos Orgánicos Volátiles (COV), presentes en muchos materiales, sólidos o líquidos, los cuales debido a su elevada volatilidad se evaporan a temperatura ambiente, incorporándose al aire que respiramos en el interior. Los más destacados son los formaldehídos, acetaldehídos, bencenos, estirenos, toluenos y tricloroetilenos. Los principales focos de emisiones de COV son los tableros aglomerados, contrachapados y MDF, pinturas y lacas, tintes y barnices para la madera, espumas de relleno, tapicerías, productos de limpieza y de higiene familiar.

 La luz ultravioleta del sol es un eficaz bactericida

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Foto: Eugeni Pons

Aunque el alcance de su afectación a la salud aún está en estudio, ya se ha determinado que al menos un 25% de estas formulaciones son cancerígenas o disruptoras endocrinas –es decir, que alteran el equilibrio hormonal del organismo–. A corto plazo, la exposición puede causar a las personas especialmente sensibles irritación ocular y de las vías respiratorias, mareos, reacciones alérgicas y fatiga, entre otras manifestaciones. Si la exposición perdurase en el tiempo, podrían producirse incluso lesiones en el hígado, los riñones y el sistema nervioso central.

Irritación ocular, mareos y reacciones alérgicas pueden ser síntoma de la presencia de tóxicos en el hogar

Dentro de las medidas más elementales que podemos tomar para minimizar su presencia se aconseja una buena ventilación diaria de la casa, limpiar regularmente los conductos del aire acondicionado o calefacción y no almacenar pinturas, disolventes ni pesticidas, o hacerlo en un recinto convenientemente aislado del resto de la casa, como un cobertizo o la caseta para las herramientas. Las soluciones caseras de limpieza, como el limón, el vinagre blanco o de manzana, el bicarbonato y las plantas aromáticas como ambientadores, son también un buen aliado.

 Solo el 10% de las sustancias que se sintetizan cada año se evalúan para demostrar su inocuidad

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Foto: Eugeni Pons

Y en un nivel superior podemos elegir productos de decoración alternativos, como las pinturas de base mineral, las resinas vegetales, los protectores de la madera a base de aceites naturales y los tableros de fermentos fúngicos y vegetales o fabricados con plásticos reciclados, que por su propia naturaleza no emiten COV. Los productos etiquetados con sellos como Greenguard, LEED, AgBB/DIBT o Ángel azul (Blaue Engel), garantizan la ausencia de tóxicos. Dada la relevancia de esta cuestión, la Unión Europea está trabajando en un sistema de etiquetado obligatorio para materiales de construcción y mobiliario similar al ya extendido de eficiencia energética.

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