Casas, mobiliario, ropa, zapatillas... Descubre el cáñamo, la planta de los mil usos

Injustamente marginada por su vinculación con su "prima", la marihuana, el cáñamo vuelve a reivindicarse como una de las plantas más versátiles para la creatividad humana.

Sistema de partición Scale, de Benjamin Hubert.

Sistema de partición Scale, de Benjamin Hubert.

El regalo de los dioses, la planta de los diez mil usos o, simplemente, cáñamo. Un arbusto objeto de deseo, prejuicios, mitos y, sobre todo, una materia prima tan antigua como interesante en la actualidad.

Conviene no confundir el cáñamo con el cannabis ya que, aunque estén emparentados, el primero no contiene THC, el principio psicoactivo que sirvió de excusa para su persecución como droga.

El cáñamo es una planta de crecimiento rápido de la que se aprovecha todo para los propósitos más dispares a la vez que útiles. Del tallo se obtienen fibras empleadas como tejidos, cuerdas o refuerzos. De las semillas se puede extraer un aceite con infinidad de aplicaciones, desde alimento hasta cosméticos, e, incluso, combustibles o plásticos, pudiendo sustituir al petróleo de manera eficaz. Y con el resto del tallo se obtienen astillas empleadas en ganadería, bioconstrucción y la industria papelera. Casi todos los sectores económicos y productivos encuentran una aplicación práctica para el cáñamo en alguna de sus diferentes formas y en todas, un denominador común: ser la opción más ecológica.

Lámpara de suspensión de Highlight Hemp, de High Society.

Lámpara de suspensión de Highlight Hemp, de High Society.

El aprovechamiento del cáñamo ha acompañado a la humanidad desde hace milenios. También es cierto que algunos exageran diciendo que desde los primeros cultivos en Mesopotamia hace 12.000 años ya se plantó y recolectó cáñamo, cuando la realidad es que las evidencias arqueológicas más antiguas datan de hace 4.000 años en China, lo cual tampoco está nada mal.

Desde entonces, el cáñamo se ha empleado de manera intensiva como materia prima para la obtención de papel, tejidos y aceites, haciéndose imprescindible para casi cualquier sociedad a lo largo y ancho del planeta hasta hace menos de un siglo, cuando fue ilegalizado por su asociación con el mundo de los estupefacientes.

En el siglo XVI, en Europa, se alcanzó el máximo esplendor en su explotación convirtiéndose en el material por excelencia para las velas de los barcos y la indumentaria, llegando a dar nombre a muchas poblaciones, como Cañamares en España, Chennevières en Francia, Hempstead en Reino Unido o Canepina en Italia, por citar unos pocos ejemplos en Europa.

Hemp Chair, de Werner Aisslinger para Moroso.

Hemp Chair, de Werner Aisslinger para Moroso.

Y si como material ha sido imprescindible para entender la humanidad y su evolución técnica, como alimento no ha sido menos importante a lo largo de la historia, llegando a su máximo exponente en el siglo XIX, cuando salvó a Australia de dos de las peores hambrunas que ha sufrido el continente oceánico.

Injusta marginación

Una hectárea de cáñamo produce el doble de tejido que si fuera de algodón Si el propósito es obtener celulosa para papel, esa misma hectárea de cáñamo produce cuatro veces más cantidad que si fuera de árboles de crecimiento rápido. Y en lugar de necesitar 20 años de crecimiento, en solo cuatro meses está disponible para ser cosechado.

Estos son solo algunos de los impresionantes datos ecológicos del cáñamo y su productividad industrial. Sin embargo, desde los años cuarenta su declive ha sido imparable hasta llegar a casi desaparecer. Existen varias razones, pero todo ha estado condicionado por el desarrollo de la industria petroquímica y la introducción de la fibra de nailon y los compuestos sulfúricos necesarios para transformar la madera en pasta de papel. Esta nueva realidad química exigía desplazar la materia prima más antigua y natural de que se disponía, y para ello se aprovecharon las semejanzas con el cannabis para estigmatizar y finalmente ilegalizar su cultivo.

Gabardina Twa Trench, de Arraei Collective.

Gabardina Twa Trench, de Arraei Collective.

Después de casi un siglo de prohibición, en EE. UU. se levantó el veto al cultivo del cáñamo en 2018. La decisión no soluciona de manera inmediata la desindustrialización que sufre esta materia prima, pero al menos comienza a revertir uno de los grandes errores políticos con graves consecuencias ecológicas de nuestro tiempo.

Será imprescindible su normalización como sustituto de plásticos vírgenes, tableros aglomerados, algodón y otros materiales con un impacto ambiental muy elevado y a la vez omnipresentes en nuestro día a día. Extender su uso por parte del diseño y la arquitectura fomentará una economía de escala que abarate los costes y haga más accesible su implementación, mientras que un mayor interés de la industria permitirá que avance la investigación científica para mejorar aún más sus propiedades y encontrar nuevos usos más valiosos y eficaces.

Colección Organico, de Philipp Hainke.

Colección Organico, de Philipp Hainke.

Tirar del hilo

La aplicación más común y conocida del cáñamo ha sido en forma de fibra ya sea para cuerdas o para textiles. Alrededor del 30% del total del tallo es transformable en fibra y puede llegar hasta los 6 metros de alto, lo que la convirtió en la fibra más valiosa hasta la llegada del nailon y otras fibras sintéticas.

Una vez eliminadas las hojas, los tallos se fermentan en un proceso conocido como enriado que hace desprender la capa exterior en fibras largas y cortas, siendo las largas las más apropiadas para la fabricación de telas, y quedando el resto para aislantes térmicos, fieltros fonoabsorbentes y refuerzos sustitutos de fibra de vidrio en composites.

Respecto al algodón, la fibra de cáñamo es más larga y resistente, y en principio requiere de menor tecnificación para su procesado, pero, paradójicamente, frente a lo que era una industria pujante hace siglos hoy en día es muy difícil encontrar una fabricación eficiente de la fibra. ¿A qué se debe? La “algodonización” del sector textil junto a la proliferación del uso de fibra sintética de nailon y poliéster ha dado lugar a una pérdida de las tecnologías asociadas que deben recuperarse poco a poco. Si tenemos en cuenta que su cultivo ha estado prohibido o severamente restringido hasta hace pocos años, es lógico aceptar que aún debamos esperar un tiempo para que vuelva a normalizarse su uso.

Zapatilla de DopeKicks.

Zapatilla de DopeKicks.

Diseño sostenible y saludable

Los materiales derivados del cáñamo son una de las claves para enfocar un futuro sostenible basado en un diseño y una arquitectura ecológicos, saludables y de calidad. Empresas como BMW o Mercedes ya lo emplean para el desarrollo de nuevos materiales de automoción que sustituyan a los plásticos, la fibra de vidrio e, incluso, a la fibra de carbono.

En la arquitectura ya hace años que se aplica como aislante de máximo rendimiento o como refuerzo de hormigones más ligeros. En el mundo del diseño también se está comenzando a investigar su potencial funcional y estético. La firma de iluminación Lamp estudia la incorporación de cáñamo en pantallas que hibridan altas prestaciones con una estética naturalizada. Ikea propone juegos de cama basados en tejidos de cáñamo demostrando la suavidad y calidad alcanzadas a un precio accesible. Y Werner Aisslinger ha creado una silla apilable monobloc para Moroso. Pinceladas de todo lo que la planta puede hacer.

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