Más cerca del kilómetro 0

Disfrutar de la experiencia de obtener nuestros propios alimentos es tan intrínseco al ser humano como el mismo hecho de comer

José F. López-Aguilar

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Iniciativa de Agricultura Abierta del MIT Media Lab.

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Germinador de Maja Ganszyniec para Ikea.

Ernest Winczyk

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Huerto urbano Growmore, de Husum & Lindholm Architects.

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Maceta con luz LED y riego automático Click & Grow.

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Casa Binh en Ciudad Ho Chi Minh (Vietnam), de Vo Trong Nghia Architects.

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Proyecto de vivienda autosuficiente del estudio Superflux.

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Diseño de huerto vertical, de Dickson Despommier.

Una alimentación sostenible debería aspirar, al menos, a ser de cultivo orgánico y Km 0. Es decir, a que se minimicen los químicos nocivos utilizados y que proceda de un entorno más o menos cercano. Pero ¿y si metemos directamente el campo en casa? La idea de recuperar la ciudad como territorio productivo lleva años forjándose, y cada día hay más experiencias y productos comerciales encaminados a este fin. Desde sistemas arquitectónicos de agricultura vertical integrada en la construcción, hasta una nueva tipología de mobiliario y electrodomésticos cuya función es directamente llenar la despensa. Algo tan romántico como acercar el campo a la ciudad puede transformarse en evitar cientos o miles de kilómetros de transporte, sobreembalajes, sistemas de conservación y lo más grave para la salud, el uso de pesticidas y fertilizantes.

"El cultivo debe ser una función intrínseca de la ciudad y formar parte de su propio diseño”. Esta afirmación tan rompedora y futurista data ni más ni menos del siglo XV. La idea de que lo agrícola y lo urbano convivan a través del diseño es una constante a través de la historia, ya sea por motivos filosóficos, económicos o meramente estéticos. Ya en pleno siglo XX, al calor de las visiones más distópicas de la época y el temor de no poder hacer frente a una creciente demanda de suelo de cultivo para alimentar a una población en continuo aumento, se lanzó la idea de agricultura urbana intensificada. Pero no fue hasta 1999 que Dickson Despommier diseñó un sistema específicamente denominado como The Vertical Farm y que supuso el germen de lo que a día de hoy se vislumbra como más factible que nunca.

En los últimos años han salido al mercado productos sencillos destinados al cultivo de verduras en casa. A medio camino entre lo presente y futuro están los novedosos sistemas automatizados y con una estética perfectamente integrable en el hogar. Ejemplos como el Urban Cultivator o el experimental Nano Garden que desarrolla Hyundai Engineering se han situado en la vanguardia de hacia donde pueden ir los nuevos electrodomésticos productivos que proporcionen verduras frescas y orgánicas sin salir de casa. Por otro lado y conscientes de la importancia y la necesidad de llegar a todas las capas de usuarios, el prestigioso centro de investigación MIT está desarrollando una línea de trabajo basada en la generación de sistemas de código abierto que faciliten la total integración de la agricultura a nivel doméstico y con un mínimo esfuerzo, coste e impacto ambiental.

Si se pretende extender el uso de los huertos domésticos y normalizarlos en el día a día hay un problema de raíz: la necesidad de tierra para que las plantas crezcan. La solución es la hidroponía, un método basado en disoluciones de minerales en agua o en un sustrato en el que se “instala” la planta y da sus frutos. Esta técnica, lejos de lo que puede parecer, fue desarrollada hace 2.500 años en el Imperio romano, aunque no fue hasta el siglo XVII cuando Francis Bacon la popularizó. Gracias a este método de cultivar, los diseñadores tienen por delante un sinfín de posibilidades para ofrecernos productos beneficiosos para el cuerpo y para el planeta.

Incluso algo tan aparentemente simple como un acuario, convenientemente integrado con un sistema hidropónico de cultivo, puede generar los nutrientes necesarios para que las verduras puedan crecer de la manera más eficaz e increíblemente simbiótica. La idea es sencilla ya que las plantas necesitan nutrientes orgánicos ricos en nitrógeno y los excrementos de los peces que contaminan el agua son precisamente ricos en nitrógeno. Así, al recircular el agua del acuario hacia el sustrato hidropónico, las plantas depuran el agua al alimentarse y se la devuelven limpia a los peces. A diferencia de las compostadoras, la relación entre residuo y demanda de nutrientes es fácilmente equilibrable, habiendo una relación directa entre número de peces y de plantas.

Al germinar, muchas semillas se convierten en un superalimento rico en enzimas, clorofila, aminoácidos, minerales, vitaminas y oligoelementos vivos. Para muchos nutricionistas, los brotes son el complemento perfecto para la alimentación moderna, tantas veces empobrecida; por eso su consumo se está generalizando. Su pequeño tamaño y la rapidez de crecimiento los convierten en ideales para una producción doméstica ya que cada tres días es posible conseguir de la manera más sencilla la ración de germinados necesaria para una alimentación ecológica y saludable, en cualquier época del año y a un coste asequible. El interés que se ha despertado alrededor del mundo de los brotes frescos ha dado lugar a la proliferación de diferentes modelos de germinadores adaptados a diferentes estilos de diseño, de uso y volumen.

La manera en que ciudad y Naturaleza generan una relación permeable y sostenible toma forma en la próxima revolución que protagonizará la agricultura. De aquí a no tanto serán de lo más normal en nuestro paisaje urbano los edificios destinados exclusivamente a la producción de alimentos verdaderamente ecológicos y de Km 0. El freno a la implementación de la agricultura vertical está en el elevado consumo energético necesario para iluminar de manera artificial los cultivos que aún no compensa el ahorro del transporte. En los próximos años, mejoras en el desarrollo técnico y arquitectónico de los sistemas harán realidad la emocionante reinvención de la agricultura.

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