El largo adiós de la luz halógena

El 1 de septiembre de 2016 comienza la retirada del mercado de este tipo de lámparas, que culminará en 2018

David Quesada

Los primeros modelos en desaparecer del mercado serán los focos halógenos utilizados en la iluminación de espacios públicos y exteriores, como tiendas y jardines

Los primeros modelos en desaparecer del mercado serán los focos halógenos utilizados en la iluminación de espacios públicos y exteriores, como tiendas y jardines

Foto: Pere Peris

Todo empezó en 2009, cuando se inició la eliminación paulatina (finalizada en 2012) de la tradicional bombilla incandescente, el invento de Thomas Alva Edison que iluminó las calles y los hogares de todo el mundo durante más de cien años. Su elevada ineficiencia (solo transformaba en luz el 10% de la energía que consumía) fue el argumento que esgrimió la Unión Europea para suprimir una tecnología cuya calidad de luz sin embargo muchos reivindican.

La retirada de las lámparas halógenas sigue a la de las bombillas incandescentes, que fueron totalmente eliminadas del mercado en 2012

La retirada de las lámparas halógenas sigue a la de las bombillas incandescentes, que fueron totalmente eliminadas del mercado en 2012

Foto: Philips

Bajo el mismo argumento de la eficiencia energética le ha llegado el turno ahora a las lámparas halógenas de clase D, que a pesar de tener unos rendimientos superiores a las incandescentes no alcanzan las prestaciones de las alumnas aventajadas, las lámparas fluorescentes y especialmente los LED. Su retirada del mercado ha comenzado el 1 de septiembre de 2016. En principio la UE había previsto eliminar en esta fecha de un plumazo todos los tipos de lámparas halógenas, pero el argumento de la industria de que la tecnología LED todavía no está madura para sustituir completamente todos los usos convenció a las autoridades comunitarias para posponer su eliminación definitiva al 1 de septiembre de 2018.

Así, de momento las primeras "víctimas" de este calendario serán los focos halógenos utilizados principalmente en la iluminación de espacios públicos y exteriores. Las bombillas no direccionales con diseño tradicional de pera, en cambio, podrán venderse hasta el 1 de septiembre de 2018. De este modo los consumidores dispondrán de más opciones mientras las lámparas LED continúan evolucionando hacia una mejor calidad de luz y unos precios más asequibles. La eliminación de la tecnología halógena en todo caso no será total ya que las bombillas para usos especiales –como por ejemplo las luces interiores de los frigoríficos– continuarán en el mercado, ya que su consumo es tan reducido que su sustitución no sería rentable.

Algunos modelos de luminarias –como la colección Ballet de Arturo Alvarez, en la imagen– están diseñados para utilizar indistintamente lámparas LED o halógenas

Algunos modelos de luminarias –como la colección Ballet de Arturo Alvarez, en la imagen– están diseñados para utilizar indistintamente lámparas LED o halógenas

Con esta medida la UE busca reducir drásticamente su factura energética, que cada día asciende a más de mil millones de euros por culpa de su elevada dependencia de las importaciones de gas y petróleo, y dejar de emitir más de 15 millones de toneladas de CO2 en el horizonte de 2025. Para el usuario doméstico, el cambio de una bombilla halógena a otra LED puede suponerle un ahorro de hasta 115 euros durante toda la vida útil de esta última, estimada en 20 años. Ahora solo queda esperar que los LED puedan ofrecer algún día la misma luz cálida que durante tantos años nos han regalado las bombillas incandescentes y halógenas.

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