Los objetos ecológicos que te cambiarán la vida

Aprende a distinguir un producto sostenible de verdad del que no lo es. Que no te den gato por liebre

José F. López-Aguilar

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Diseños en corcho de Melanie Abrantes

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Diseños en corcho de Melanie Abrantes

671e5473f267280622229dc14dc1632c. Recipientes realizados con caseína, proteína láctea, diseño de Tessa Silva-Dawson

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Recipientes realizados con caseína, proteína láctea, diseño de Tessa Silva-Dawson

Chubasquero de papel reciclado, de Luzie Deubel

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Chubasquero de papel reciclado, de Luzie Deubel

ecobirdy-childrens-furniture-design-maison-objet-recycled-plastic dezeen 2364 col 10. Juguete ecoBirdy, de plástico reciclado

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Juguete ecoBirdy, de plástico reciclado

form-us-with-love-ikea-odger-chair-polyproplyene-swedish-design dezeen 2364 col 2. Piezas de la silla Odger, de Form Us With Love para Ikea

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Piezas de la silla Odger, de Form Us With Love para Ikea

DSC 0449-1. Bolso de tejido Piñatex –un cuero vegetal hecho de los residuos de las fibras de hoja de piña–, de Ananas Anam

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Bolso de tejido Piñatex –un cuero vegetal hecho de los residuos de las fibras de hoja de piña–, de Ananas Anam

bottle-up-trending-terrazzo-super-local-dutch-design-week dezeen 2364 col 11. Piezas de terrazo a base de cristal reciclado, de Bottle-Up

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Piezas de terrazo a base de cristal reciclado, de Bottle-Up

faa0d62694077611716b0e2a3eef3994. Silla de Jin Kuramoto para Offecct, realizada con lino

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Silla de Jin Kuramoto para Offecct, realizada con lino

Smog Free Ring01. Anillo hecho con partículas de humo comprimidas, de Daan Roosegaarde

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Anillo hecho con partículas de humo comprimidas, de Daan Roosegaarde

flax-chair-furniture-design-christien-meindertsma-bio-plastic-fiber-enkev-dutch-design-week-2016 dezeen 2364 col 1. Silla biodegradable Flax, de Christien Meindertsma para Label Breed

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Silla biodegradable Flax, de Christien Meindertsma para Label Breed

El diseño es usabilidad, es fabricación, son materiales y, por tanto, conlleva una estética. Algo que por supuesto también se aplica al diseño ecológico. La belleza no solo está asociada a lo visual, también implica el tacto, el olfato, el oído y el gusto. Está demostrado que las cualidades sensoriales de los materiales son responsables de al menos un 60% del fracaso de los productos en el mercado, más allá de la mera función o el coste.

Lamentablemente se había creado un estereotipo de lo que se percibe como sostenible a través de la supuesta autenticidad de los acabados toscos y los volúmenes poco trabajados. El paradigma de ese concepto son los palés reutilizados, que además de feos son poco funcionales. La realidad es muy diferente, y cada día hay más avances que permiten abrir el abanico de posibilidades para un diseño y una producción más sostenibles que nos hagan disfrutar con todos los sentidos ya sea de una casa, una oficina o un restaurante. Cada día está más claro: la sostenibilidad será bella o no será.

Dar gato por liebre

Los acabados cromados, muy coloridos, uniformes y satinados en general implican procesos contaminantes. De ahí que la estética asociada a un diseño sostenible suela ofrecer colores más neutros y acabados sencillos. Sin embargo, esta idea también es aprovechada por los piratas del marketing en forma de engañoso maquillaje ecológico. Ocurre con demasiada frecuencia que un producto convencional, embalado en papel Kraft marrón con sus fibras vistas y algún motivo vegetal serigrafiado, se asocia directamente con la sostenibilidad del producto cuando realmente solo significa que ese embalaje no está blanqueado. Nada más. Ante estas prácticas, los consumidores conscientes debemos usar nuestra mejor arma: el rechazo. Pero eso sí, evitando que paguen honestos por tramposos.

Según el color con el que se mire

El acabado, el color o el olor de un material nos dan información muy valiosa para apreciar un producto, decidir su compra y usarlo; estos factores están convirtiéndose en un foco de investigación del diseño hacia la sostenibilidad. Los últimos estudios determinan que los usuarios deciden antes a través de los sentidos que de manera consciente mediante la lectura de una etiqueta. Esto es importante a la hora de extender el uso de materiales reciclados con sus variaciones de color y su textura irregular, porque bien diseñados pueden suponer una potente herramienta de comunicación. Sin embargo, los resultados de esos mismos estudios son contradictorios al detectar cómo el mismo producto fabricado con plástico reciclado es considerado de baja calidad por su aspecto en países como España, mientras que en Alemania o Suecia se entiende la base ecológica y se lo califica como honesto y transparente.

Los productos y materiales con base natural también suponen un quebradero de cabeza para los diseñadores por la recepción dispar entre el público. Mientras que composites de bioplásticos, fibras naturales o refuerzos de madera vista son percibidos como naturales, más saludables y de una indudable belleza, existe otra franja de público que rechaza categóricamente esta estética por considerar que implica productos de baja calidad, de durabilidad limitada y de poco diseño. Y como para gustos los colores, es precisamente en la gama de color donde se encuentra una de sus “limitaciones”. Los materiales naturales y al natural se mueven en una estrecha franja cromática que va del beige al marrón con sus diferentes matices ya que pigmentar o pintar desliga de su percepción de natural, lo que les hace ganar un público, pero perder el otro. Apasionante contradicción.

Hablando de paradojas. ¿Sabían que el verde, sinónimo de Naturaleza y de diseño ecológico, es el color más contaminante en casi todos sus formatos? La mayoría de pigmentos de tonos verdes son derivados de metales pesados y volátiles, con lo que no solo impactan en el medio ambiente o durante su producción, sino que si no son de buena calidad pueden afectar también a las personas durante su uso. En el pasado, las habitaciones empapeladas de color verde liberaban arsénico tan letal que se le supone el responsable de la muerte de Napoleón Bonaparte, además de tantas personas de la época. Con el paso del tiempo se han logrado tintes más saludables, incluso del temido color verde, pero aun así, y como asegura Michael Braungart, es “imposible conseguir un plástico o una pintura verde que no sea intolerablemente contaminante”.

El tiempo lo cura todo

Tradicionalmente, los objetos han estado embebidos de la idea de durabilidad e, incluso, de legado en el momento de la compra. En el antiguo Japón se consideraba que los materiales más antiguos adquirían mayor valor gracias a la pátina del tiempo que les daba solera y una historia; no en vano es una sociedad que venera a los ancianos.

En cambio, en nuestra sociedad prima lo nuevo, lo joven, lo terso. Un planteamiento estético que hace que la obsolescencia percibida sea mayor que la técnica. Este concepto, extrapolable a la fisionomía de las personas, el aspecto de los alimentos y, por supuesto, de los objetos, hace que el mínimo desperfecto del tiempo sea rechazado, lo que limita el establecimiento de un mercado de productos reutilizados de primera línea.

Recuperar el valor positivo del paso del tiempo podría permitir, por ejemplo, que el coste de los productos se tomara como una inversión y no como un gasto, lo que está directamente relacionado con la perdurabilidad del valor de los objetos y los materiales a través del tiempo. Si socialmente recuperamos la idea de legado y el valor hacia los signos del paso del tiempo como equivalentes de calidad, podremos avanzar sin duda hacia un nuevo diseño duradero y de una calidad y sostenibilidad que son desconocidas hasta ahora.

La estética como mejor herramienta para asegurar un futuro sostenible es una realidad asumida por empresas, científicos y diseñadores, aunque también un terreno delicado. Abusar de estereotipos verdes supuso hace unos años uno de los fracasos más sonados con la línea Considered de Nike, que si bien planteaba un fondo técnico realmente sostenible, su diseño excesivamente basado en clichés de lo eco supuso una nula implantación en el mercado.

Por otro lado, hay acuerdo en que una de las limitaciones de los paneles fotovoltaicos en la edificación es su estética, algo que en los departamentos de I+D importa tanto como la mejora del rendimiento energético o el coste económico. En cambio, en el caso de los productos de limpieza, al comenzar a minimizar los fabricantes la toxicidad, su olor dejó de ser desagradable, cosa que los usuarios asociaron a una merma de la eficacia, lo que acabó afectando a las ventas a pesar de haber mejorado la salubridad y la estética olfativa. Vamos por el buen camino, pero el ser humano es impredecible.

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