Casas que lo aprovechan todo

En el Día Mundial del Reciclaje, apostamos por un modelo de vida que reduzca los residuos y alargue la vida útil de los productos

Jose F. López-Aguilar

El modelo económico en que vivimos es lineal, se basa en un camino recto que convierte los materiales en basura. El punto de partida hacia un nuevo sistema circular, en el que el residuo que producimos se convierte en materia prima para otra cosa, está en lo que tenemos más a mano: nuestra casa

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Iniciativas como Alargascencia (www.alargascencia.org) y la Fundación Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada (www.feniss.org) apuestan por la reparación y el intercambio de bienes y productos para alargar su vida útil

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El complejo Park 20/20, a las afueras de Amsterdam (Holanda), es un campus de oficinas en la que se han utilizado sistemas constructivos y productos certificados Cradle to Cradle (C2C), es decir, 100% reciclables

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Foto: Van der Torren Fotografie

Los envases son los residuos que más han crecido y que peor reciclabilidad presentan, por llegar mezclados. Volver a la idea de que los residuos son valiosos es el objetivo del SDDR o Sistema de Depósito Devolución y Retorno: cada envase tiene un precio y no se lanza a un contenedor de reciclaje sin más, sino que se entrega por separado y se devuelve un importe económico al ciudadano

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Aprovechar lo que otros tiran es una oportunidad creativa y también económica tanto para quien produce como para quien compra

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Inyectar valor a los deshechos implica rediseñar los productos y los materiales para que una vez llegados al final de su vida continúen siendo valiosos

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Foto: Eugeni Pons

Reducir el consumo de materiales en la arquitectura y los residuos generados en obra pasa inevitablemente por la industrialización. En la imagen, casa prefabricada de la firma Connect Homes, desarrollada por Jared Levy y Gordon Stott

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Ignasi Cubiñá, director de Ecointelligent Growth, propugna que los edificios se diseñen como bancos de materiales recuperables que supongan activos para nuevas construcciones. En la imagen, contenedor de mercancías transformado en vivienda

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Recyllose (celulosa reciclada), de Applied Clean Tech, es un nuevo material procedente de los residuos mezclados que tiramos por el inodoro que puede aprovecharse para producir bioplásticos, energía y aislantes, evitando los costosos impactos ambientales y económicos de las aguas residuales

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La industria tradicional extrae materias de manera continua para generar productos. Lo extraño es que casi un 90% de esos materiales no llega nunca al usuario final, sino que se pierde en elementos intermedios o residuos de fabricación. De los productos que usamos, la mayoría los habremos tirado después de solo un año, y lo más alarmante es que una vez transcurridos cinco años tan solo el 5% de esos materiales sigue aún en servicio. ¿Es lógico extraer tantos materiales para usarlos tan poco? ¿Existen alternativas? Son cuestiones sobre las que reflexionar en el Día Mundial del Reciclaje, que en 2017 se celebra el 17 de mayo.

Frente al insostenible modelo lineal, la economía circular salta al ruedo para ofrecer soluciones. A finales de 2015 la Unión Europea puso en vigor un paquete de normativas que promoverá nuevas reglas enfocadas a la eficacia ambiental y económica del siglo XXI. Según las estadísticas, la construcción y rehabilitación de las casas donde vivimos consume cada año 2.000 millones de toneladas de materiales, e indirectamente es uno de los principales responsables del CO2 emitido. Según el Dr. Joan Mendoza, de la Universidad de Manchester, incorporar los principios de la economía circular al sector contribuirá a ahorrar un 40 % de la energía, un 35 % en emisiones, un 30 % de agua y más de la mitad de materiales.

Teniendo en cuenta que actualmente tiramos al vertedero más del 60 % de los residuos que generamos y que la nueva legislación solo permite un máximo del 10 % de los residuos para 2030, está claro que las cosas van a cambiar, y mucho. Hasta ahora, el reciclaje de la mayor parte de materias ha sido problemático por la dificultad de obtener materiales con propiedades comparables a los vírgenes a unos costes razonables. Por el contrario, la economía circular apuesta por reforzar la competitividad de la sociedad. Y para eso, lo principal es corregir los errores arrastrados y que en gran parte están basados en el mal diseño de los productos. Inyectar valor a los deshechos implica rediseñar los productos y los materiales para que una vez llegados al final de su vida continúen siendo valiosos. Las nuevas casas, muebles o móviles están incorporando las nuevas reglas del juego y acercándose cada vez más a la nueva realidad.

El reciclaje es importante, pero lo que verdaderamente caracteriza a una sociedad circular es que los mal llamados consumidores pasen a considerarse usuarios. Es decir, los que usan. Esto implica que la “posesión” de los productos será cíclica y la responsabilidad última de los mismos será de los fabricantes, bien sea a través de modelos de alquiler –como ya ocurre con los vehículos– o bien de depósito y devolución, como en el caso de los envases. De esta manera, reparación, reutilización, remanufactura, rehabilitación, y tantas “R” como podamos incluir en nuestro lenguaje, serán conceptos habituales y viables que nos permitirán disfrutar de los placeres de la novedad de una manera eficaz, alargando la vida útil de los materiales y reduciendo residuos.

Reducir el consumo de materiales en la arquitectura y los residuos generados en obra pasa inevitablemente por la industrialización. Cuando las viviendas estén completamente hechas en fábricas como si fueran sillas o cafeteras será posible maximizar la eficiencia en el uso de materiales ya que al estar todo el proceso localizado en centros industriales, los residuos se generarán en el mismo lugar, en cantidades suficientes, en el mínimo tiempo posible y, lo más importante, los flujos serán del mismo material. En cambio, en la construcción in situ, la realidad es justo la contraria debido a la dispersión y la baja tecnificación de los medios, lo que provoca que no sea ni rentable, ni viable el reciclaje de los residuos.

Reutilizar a gran escala significa fundamentalmente poder aprovechar piezas de productos fuera de uso como recambios de otros nuevos o, incluso, que el fabricante pueda recuperar su producto “desfasado“ para poder actualizarlo en uno completamente nuevo, pero aprovechando la mayor parte del antiguo. Por otro lado, en mobiliario, también se refiere a una corriente de diseño muy interesante que consiste en utilizar productos descartados y transformarlos en otros nuevos mediante tantos arreglos como sea necesario. Aprovechar lo que otros tiran es una oportunidad creativa y, ¿por qué no?, también económica para muchos, tanto para quien produce como para quien compra. Como señala Nada Tozija, del centro TransfoLAB BCN –centro de investigación con la basura–, "el diseño tiene el poder de transformar los residuos en objetos, pero también la sociedad y la economía".

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