La casa que recicla

Extraer, usar y tirar. El modelo económico en que vivimos es lineal; se basa en un camino recto que convierte los materiales en basura. Lo paradójico es que sabemos que es imposible mantenerlo, pero negarlo implica que la economía se resienta. Entonces, ¿qué podemos hacer? Como todo lo importante, el punto de partida hacia un nuevo sistema está en lo que tenemos más a mano: nuestra casa. Te enseñamos a pasar de lo lineal a lo circular para no perder lo más valioso que tenemos.

José F. López-Aguilar

El modelo económico en que vivimos es lineal; se basa en un camino recto que convierte los materiales en basura.

El modelo económico en que vivimos es lineal; se basa en un camino recto que convierte los materiales en basura.

La industria tradicional extrae materias de manera continua para generar productos. Lo extraño es que casi un 90% de esos materiales no llega nunca al usuario final, sino que se pierde en elementos intermedios o residuos de fabricación. De los productos que usamos, la mayoría los habremos tirado después de solo un año, y lo más alarmante es que una vez transcurridos cinco años tan solo el 5% de esos materiales sigue aún en servicio. ¿Es lógico extraer tantos materiales para usarlos tan poco? ¿Existen alternativas?

El modelo económico en que vivimos es lineal; se basa en un camino recto que convierte los materiales en basura.

El modelo económico en que vivimos es lineal; se basa en un camino recto que convierte los materiales en basura.

Frente al insostenible modelo lineal, la economía circular salta al ruedo para ofrecer soluciones. A finales del pasado año la Unión Europea puso en vigor un paquete de normativas que promoverá nuevas reglas enfocadas a la eficacia ambiental y económica del siglo xxi. Según las estadísticas, la construcción y rehabilitación de las casas donde vivimos consume cada año 2.000 millones de toneladas de materiales, e indirectamente es uno de los principales responsables del CO2 emitido. Según el Dr. Joan Mendoza, de la Universidad de Manchester, incorporar los principios de la economía circular al sector contribuirá a ahorrar un 40 % de la energía, un 35 % en emisiones, un 30 % de agua y más de la mitad de materiales. Pero, ¿qué aspectos debe incorporar la arquitectura para considerarse circular? ¿De qué manera se vería afectado nuestro estilo de vida?

Tanto a nivel biológico como arquitectónico, las soluciones diferenciadas dotan de robustez al sistema

Tanto a nivel biológico como arquitectónico, las soluciones diferenciadas dotan de robustez al sistema

Teniendo en cuenta que actualmente tiramos al vertedero más del 60 % de los residuos que generamos y que la nueva legislación solo permite un máximo del 10 % de los residuos para 2030, está claro que las cosas van a cambiar, y mucho. Hasta ahora, el reciclaje de la mayor parte de materias ha sido problemático por la dificultad de obtener materiales con propiedades comparables a los vírgenes a unos costes razonables. Por el contrario, la economía circular apuesta por reforzar la competitividad de la sociedad. Y para eso, lo principal es corregir los errores arrastrados y que en gran parte están basados en el mal diseño de los productos. Inyectar valor a los deshechos implica rediseñar los productos y los materiales para que una vez llegados al final de su vida continúen siendo valiosos. Las nuevas casas, muebles o móviles están incoporando las nuevas reglas del juego y acercándose cada vez más a la nueva realidad.

El reciclaje es importante, pero lo que verdaderamente caracteriza a una sociedad circular es que los mal llamados consumidores pasen a considerarse usuarios. Es decir, los que usan. Esto implica que la “posesión” de los productos será cíclica y la responsabilidad última de los mismos será de los fabricantes, bien sea a través de modelos de alquiler –como ya ocurre con los vehículos– o bien de depósito y devolución, como en el caso de los envases. De esta manera, reparación, reutilización, remanufactura, rehabilitación, y tantas “R” como podamos incluir en nuestro lenguaje, serán conceptos habituales y viables que nos permitirán disfrutar de los placeres de la novedad de una manera eficaz, alargando la vida útil de los materiales y reduciendo residuos.

 Imitar a la Naturaleza y sus bucles de material solo es posible si la energía es inagotable y no genera emisiones

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Los envases son los residuos que más han crecido y que peor reciclabilidad presentan, por llegar mezclados. Volver a la idea de que los residuos son valiosos es el objetivo del SDDR o Sistema de Depósito Devolución y Retorno: cada envase tiene un precio y no se lanza a un contenedor de reciclaje sin más, sino que se entrega por separado y se devuelve un importe económico al ciudadano. Por ejemplo, una botella de PET puede llegar a los 20 céntimos.

Edificios diseñados como bancos de materiales recuperables que suponen activos para nuevas construcciones. Así plantea la nueva arquitectura Ignasi Cubiñá, director de Ecointelligent Growth. Según el experto en economía circular y arquitectura sostenible, la vivienda prefabricada, al estar diseñada como un producto industrial, podrá someterse a los protocolos de desmontaje y recuperación de materiales que permitirán “mejorar la calidad de la construcción a nivel doméstico y abaratar los costes, a la vez que a nivel patrimonial aumentará la plusvalía de los edificios al incrementarse el valor residual de los mismos”. En resumen, un nuevo paradigma en el que por primera vez se beneficiarán todas las partes, incluido el medio ambiente.

Connect-Homes, desarrolladas por Jared Levy y Gordon Stott

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Reducir el consumo de materiales en la arquitectura y los residuos generados en obra pasa inevitablemente por la industrialización. Cuando las viviendas estén completamente hechas en fábricas como si fueran sillas o cafeteras será posible maximizar la eficiencia en el uso de materiales ya que al estar todo el proceso localizado en centros industriales, los residuos se generarán en el mismo lugar, en cantidades suficientes, en el mínimo tiempo posible y, lo más importante, los flujos serán del mismo material. En cambio, en la construcción in situ, la realidad es justo la contraria debido a la dispersión y la baja tecnificación de los medios, lo que provoca que no sea ni rentable, ni viable el reciclaje de los residuos.

Los contenedores vivienda están muy de moda, pero ¿es oro todo lo que reluce?

Los contenedores vivienda están muy de moda, pero ¿es oro todo lo que reluce?

La moda de utilizar contenedores de transporte marítimo como base para la construcción de viviendas modulares es una idea que en teoría puede parecer excelente, pero que en la práctica se está revelando más problemática. Durante la puesta en obra, los contenedores resultan ser muy difíciles de trabajar por la dureza del material, muy difíciles de aislar puesto que el material metálico se comporta como un horno en verano y un iglú en invierno, son complicados de conseguir y, lo que es peor, los costes respecto a una superficie equivalente construida son superiores tanto a nivel económico como energético y ecológico.

Reutilizar a gran escala significa fundamentalmente poder aprovechar piezas de productos fuera de uso como recambios de otros nuevos o, incluso, que el fabricante pueda recuperar su producto “desfasado“ para poder actualizarlo en uno completamente nuevo, pero aprovechando la mayor parte del antiguo. Por otro lado, en mobiliario, también se refiere a una corriente de diseño muy interesante que consiste en utilizar productos descartados y transformarlos en otros nuevos mediante tantos arreglos como sea necesario. Aprovechar lo que otros tiran es una oportunidad creativa y, ¿por qué no?, tambien económica para muchos, tanto para quien produce como para quien compra. Nada Tozija, del centro TransfoLAB BCN, lo tiene claro: “el diseño tiene el poder de transformar los residuos en objetos, pero tambien la sociedad y la economía“.

Aprovechar lo que otros tiran es una oportunidad creativa

Aprovechar lo que otros tiran es una oportunidad creativa

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