La casa huerto. Más cerca del Km 0

La vuelta al cultivo de proximidad parece, cada vez más, una realidad y no una utopía inalcanzable

Estrella Moreno

Soñar conduce a las soluciones más prácticas.

Desde hace años estamos habituados a los alimentos de proximidad y conocemos sus beneficios respecto a los procedentes de largas distancias. Los productos conocidos como km 0 son aquellos que se encuentran dentro de un radio máximo de 100 kilómetros, pero ¿es suficientemente cercano? ¿Qué ocurriría si vamos un paso más y pasamos directamente al alimento libre de distancias?

El arquitecto Iñaki Ábalos afirma que “en las próximas décadas, comer tomates autocultivados será lo normal y no hará falta ser un hippy irredento para tener nuestro propio microhuerto”. Una idea rompedora, que aunque parezca más propia de un visionario ecologista es todo lo contrario ya que proviene del director del departamento de Arquitectura de Harvard, lo que da a entender la importancia del binomio agricultura-ciudad en el futuro más cercano.

La irrupción del cultivo en las viviendas urbanas supondrá una eclosión de conceptos de diseño y dará lugar a que los jardines se hagan comestibles y las despensas de las casas estén vivas.

En un mundo en el que la gran mayoría de la población vive en ciudades, lejos del campo, relocalizar de nuevo la producción alimentaria básica cerca de los centros de consumo está más relacionado con la eficiencia económica y la salud pública que con ningún tipo de ideología. Esta revolución solo podrá llevarse a cabo a través del diseño y tendrá efectos directos sobre nuestro estilo de vida, aunque todo el esfuerzo inicial revertirá rápidamente en puro beneficio.

Los nuevos cultivos llegarán en tres niveles. El primero será la agricultura sobre terreno convencional en zonas ajardinadas o rehabilitando espacios degradados, lo que tendrá implicaciones urbanísticas. Se desarrollará una nueva estética interesantísima, ya que no hay que olvidar que las plantas comestibles son tan ornamentales como cualquier otra. De hecho, el tomate se comenzó cultivando como elemento decorativo.

Nourishmat, un sistema que incorpora todo lo necesario para el cultivo doméstico.

Un segundo nivel será el acondicionamiento de las azoteas de los edificios para el cultivo. Este campo de investigación, que aún parece futurista es, no obstante, una prioridad para los investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona y un tema en el que basan buena parte de su producción científica. Y por último, la escala doméstica, con la proliferación de diseños que permitan el autoabastecimiento de vegetales de la manera más eficiente y con el menor esfuerzo en la propia cocina. Para ello, las tecnologías de la hidroponía y la aeroponía, que permiten el crecimiento vegetal sin necesidad de tierra, será la clave ya que aligeran los sistemas, facilitan el control y aporte de nutrientes y son mucho más limpios.

Maceteros colgantes, modelo Nomad de The Garden Apartment.

Los beneficios del huerto en casa son que resulta más ecológico y sabroso, más seguro y rentable, produce mayor bienestar. Al acercar la producción alimentaria a su centro de consumo minimiza transportes, embalajes y mejora las propiedades organolépticas de los frutos, ya que se evita recolectar antes de la maduración completa o congelarlos.

La trazabilidad de lo que comemos solo es posible controlando de primera mano su producción. Así podemos evitar los excesos de la industrialización alimentaria y el empleo desmedido de sustancias perjudiciales. Por otro lado, vivir envueltos en negro asfalto y gris hormigón se ha demostrado como un foco de enfermedades tanto físicas como psíquicas, mientras que rodearse de verde vegetal es sinónimo de salud, calidad de vida y confort ya que los vegetales purifican el aire, acomodan la temperatura y la acústica. Y a diferencia de un jardín convencional, al obtenerse alimentos se consigue un rendimiento productivo y beneficioso desde el punto de vista económico.

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