Un aire acondicionado más sostenible

Los nuevos sistemas buscan reducir aún más la huella ambiental con gases refrigerantes más ecológicos

José F. López-Aguilar

Los refrigerantes de última generación, como el R-32, reducen en un 68% el Potencial de Calentamiento Global del equipo de aire acondicionado. Modelo de Fujitsu

Los refrigerantes de última generación, como el R-32, reducen en un 68% el Potencial de Calentamiento Global del equipo de aire acondicionado. Modelo de Fujitsu

Desde que en 1974 se descubriera que la capa de ozono que nos protege de los rayos ultravioleta (UV) está reduciéndose a causa de la acción del cloro contenido en los gases CFC emanados hacia la atmósfera por los procesos y productos industriales, la reversión de este problema ha sido prioritaria en la agenda de los gobiernos y organismos internacionales. Esto afecta directamente a unos electrodomésticos que, con la llegada del buen tiempo, recobran su protagonismo: los equipos de aire acondicionado, los cuales funcionan con gases refrigerantes.

Ante los nuevos condicionantes legislativos, planteados con un fin ambiental, de salud o social, los fabricantes se posicionan haciendo uso de su mejor herramienta: la I+D. La fuerza de la química y del diseño hace que podamos disfrutar de productos cada vez más sostenibles y funcionales a un precio competitivo. La sustitución en los años noventa de los gases CFC por compuestos menos impactantes como los HCFC, supuso un primer paso. Los gases empleados como sustitutos más ecológicos en los equipos de aire acondicionado, como el R22, eran compuestos de transición y tenían fecha de caducidad (enero de 2015), pues aunque en menor medida, siguen conteniendo cloro que degrada el ozono.

El modelo Mitsubishi Kirigamine Zen ofrece la máxima eficiencia energética (A+++)

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No obstante, y pese a la prohibición, los aparatos de expansión directa que emplean este gas como refrigerante pueden seguir funcionando, y se puede sustituir por otros compuestos gaseosos permitidos (como el R-32), pudiendo alargarse su vida útil, en caso de necesitar una nueva recarga. Aun así, al no poderse garantizar un rendimiento óptimo, para conseguir la misma temperatura el consumo energético será mayor.

En este sentido, y dependiendo de la antigüedad del aire acondicionado, los beneficios ambientales podrían ser cuestionables. Para productos adquiridos hace más de doce años, las mejoras en eficiencia energética alcanzadas durante este tiempo hacen que tal vez sea una buena idea plantearse un cambio de aparato. Así lograremos reducir las emisiones de CO2 asociadas al consumo energético, pero no solo eso. Gracias a la mejora en el diseño, los equipos han incrementado su hermeticidad, minimizando las pérdidas de gas refrigerante; de esta manera, los requerimientos del mismo han descendido hasta el 20%.

La unidad Daikin Emura II incorpora control wi-fi para supervisar y controlar a distancia todas sus funcionalidades

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Si bien es cierto que el nuevo gas refrigerante sin cloro tiene un mayor impacto climático, las mejoras del diseño y un menor consumo energético pueden compensar las emisiones. De este modo, junto a una correcta gestión al final de su vida útil, podemos lograr reducir a casi nulo el impacto producido por los gases contenidos. Igual que ya ocurre con las neveras, al llevar al gestor autorizado el aparato fuera de uso, se le extraerán de manera segura los gases refrigerantes y se procederá a su reciclado.

Sistema de monitorización del consumo CZ-RTC3 para las gamas PAC-i y ECO-i, de Panasonic.

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