Un hotel con retrogusto dulce

Una antigua fábrica de azúcar en Yangshuo, China, alberga el espectacular hotel Alila Yangshuo

Ana Bermejillo

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Hotel Alila Yangshuo.

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Hotel Alila Yangshuo.

El agua como protagonista, en piscinas, estanques y en el cauce del Li, que bordea el complejo, agua que vertebra y subraya los edificios de inequívoco corte industrial, profundamente poéticos, elegantes y actuales. Por el hotel Alila de Yangshuo, una escénica región entre cumbres kársticas en la prefectura de Guilin, parecen deambular fantasmas de agua y del pasado.

Y es que en la labor de rescate y reestructuración de este complejo azucarero de la década de los 60, el estudio chino Vector Architects –con espectaculares propuestas de fusión con el paisaje como la Capilla del paseo marítimo de Beidaihe o la maravillosa biblioteca de la playa en la misma localidad– ha mostrado un respeto casi proverbial a las antiguas estructuras y su uso primigenio. Y ha continuado, en la misma línea estética, sin perder un ápice de contemporaneidad, las nuevas estructuras.

Todo en medio de un equilibrio perfecto entre el espíritu profundamente utilitario de la manufactura y su entorno natural, de libérrima exuberancia y conmovedora belleza. El paisaje es indomable y casi salvaje, mientras que los edificios, a menudo cubiertos de tímidas celosías, destilan una delicadeza oriental incuestionable sin dejar de lado su robusta personalidad antigua.

Funcionan como volúmenes simples y rotundos que atrapan, enmarcan y subrayan la naturaleza circundante en pequeños jardines interconectados. Mientras que las antiguas canalizaciones de agua, que remiten al uso industrial del río, hacen de espejos líquidos a las estructuras de piedra, hormigón, madera y bambú. Particular protagonismo adquiere el fotogénico estanque central, sobre pilastras, que ocupa el antiguo muelle de carga y descarga de la fábrica

Lo que fue un molino de caña de azúcar y planta de procesado, alberga hoy siete estructuras cada una de las cuales se define por su uso (de nuevo con una reminiscencia muy funcional del pasado industrial). Los pabellones se dedican a áreas comunes (una luminosa área de restauración, un sofisticado bar que recupera la antigua área de prensado –con envidiables vistas-, una notable biblioteca, y un soberbio spa subterráneo inspirado en la geología kárstica de la región). Las nuevas construcciones se destinan a usos más íntimos, fundamentalmente a las habitaciones, suites y villas privadas.

El interiorismo del diseñador Ju Bin, de Horizontal Space Design, subraya la fusión entre historia y futuro y rinde homenaje, de manera tan sutil como eficaz, al pasado tradicional de la región.

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