Sónar, 25 años de irreverencia y vanguardia

Una exposición elogia la audacia visual con la que siempre se ha presentado el festival de música "avanzada"

Cecilia Díaz Betz

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image5. Ni flyers ni posters. 25 años de imagen Sónar

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Ni flyers ni posters. 25 años de imagen Sónar

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Ni flyers ni posters. 25 años de imagen Sónar

Corría el año 1994, y en una Barcelona de resaca olímpica, totalmente transformada y asumiendo los cambios drásticos, arrancaba un pequeño festival de música electrónica que desde el principio y de una forma extrañamente natural, se situó a la vanguardia de la escena audiovisual agitando la bandera del “futuro ya está aquí”. Sergio Caballero, Ricard Robles y Enric Palau, los tres orquestadores de esta genial locura llamada Sónar, no sé si eran muy conscientes por aquel entonces de lo que estaban creando, pero el caso es que, 25 años después –que se dice pronto– el Advance Music Festival sigue siendo tan transgresor y alejado de prejuicios como en sus inicios, y se ha convertido en un festival fundamental e imprescindible para entender los tiempos tecnológicos de postmodernidad que nos ha tocado vivir tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Lograr mantenerse fiel en esta época de ultra-inputs, no es tarea fácil y es probable que la fórmula “mágica” haya sido la coherencia, la constante inquietud, el haber cuidado con esmero su concepto artístico global para no bajar el listón nunca y sobre todo, ir siempre a buscar la inspiración en el futuro, es decir, adelantarse. Entre todo este enjambre conceptual, uno de grandes los pilares que todos los años se espera con curiosidad y expectativa, ha sido y es la imagen del festival. Caballero, artífice inquebrantable del controvertido universo visual del Sónar, ha logrado alejarse de cualquier tipo de convencionalismo, superándose a sí mismo en cada edición.

Ahora, y con el más que sobrado motivo de cumplir un cuarto de siglo, todo este universo de surrealismo, experimentación, vanguardia y locura, que derivó en incluso en la realización de varios largometrajes; La Distancia (2012) y Finisterrae (2010) –galardonada con el Premio a la mejor película en el Festival de Cine de Rotterdam– se condensa en una excelente exposición en la Centro de Arte Tecla Sala de L’Hospitalet bautizada como Ni flyers ni posters. 25 años de imagen Sónar. Una muestra que si alguien osa ir con la idea de encontrar los carteles perfectamente impresos, enmarcados y colgados, ya puede comenzar a eliminar todos estos pensamientos tradicionalistas de su cerebro. Si la cosmología audiovisual, perspicaz y tenebrosa de Serio Caballero ha sido un antes y después en lo que a diseño de campañas se refiere, una exposición sobre esto, no podía ser menos.

Comisariada por Amelie Aranguren, está concebida como una gran instalación con un recorrido no cronológico, donde ver muchos de los objetos y personas (reales e imaginarias) que fueron protagonistas transformados en esculturas como las gemelas rusas, los fantasmas o los muñecos de Ancha es Castilla que están de espectadores de su propio film. También se desvelan entresijos, descartes y procesos de algunas de las campañas, como la serie de selfies de un Maradona en pleno proceso de rehabilitación, el equipo de cheerleaders barbudas rusas o la genial campaña protagonizada por los propios padres de los tres directores. Y para rematar, nos hacen experimentar en primera persona las bajísimas temperaturas de la estepa Siberiana y así acabar de entender el primer film de Caballero.

La entrada a la exposición es gratuita, y durante los tres días de Sónar un bus conectará el Centro de Arte Tecla Sala con el recinto de Sónar de Día.

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