Soho House Barcelona: más que un club

Su acceso está reservado para "profesionales creativos". También funciona como hotel.

Bruno Muguruza

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En la tarjeta que indica el número de habitación se lee: “Por favor, absténgase de llevar ropa de trabajo (chaqueta y corbata) dentro de Soho House”. Así se las gastan en este club, que acaba de abrir nueva sede en la plaza Duc de Medinaceli, frente a otro club: el Marítimo. No puede entrar cualquiera. Para pertenecer al mismo es necesario tener una profesión "creativa" y venir avalado por dos miembros, además de pagar los 1.500 euros anuales, 1.800 si se quiere disfrutar de todas las casas alrededor del mundo, situadas en Londres, Nueva York, Berlín, Chicago, Los Ángeles y Estambul. Otra opción es reservar como huésped del hotel por una o más noches, aunque advertimos que también se reserva el derecho de admisión. El único espacio abierto para todos los públicos es el spa.

Dentro de la máxima de ofrecer una atmósfera relajada, nada se deja a la ligera. Aunque cada proyecto de la cadena Soho House tiene su propia personalidad, como se vuelve a poner de manifiesto en Barcelona, todos tienen un claro sello de identidad, en el que se combina la elegancia de lo retro, ciertos detalles de estética industrial y una medida paleta de tonos otoñales potenciada por el empleo de materiales naturales. El fundador del grupo, el británico Nick Jones, es pule los detalles hasta la extenuación. Así, no tiene ningún problema en cambiar toda la decoración de una sala si, sencillamente, "no lo ve".

"Se trata de captar la esencia del lugar. No llegamos con un diseño previo para que encaje en el edificio como sea. Primero miramos en la historia de la ciudad, en las sensaciones que nos produce, y diseñamos alrededor de eso. Todas nuestras casas son diferentes pero pertenecen a una misma familia; son como primas lejanas", explica este emprendedor que abrió su primer club encima de un café parisino que sigue regentando en el Soho londinense. En Barcelona, el edificio ocupa un viejo edificio del siglo XIX cuyos techos exhiben la clásica bóveda catalana y el conjunto, tras la oportuna restauración, desprende una calidez muy mediterránea.

Socios y huéspedes tienen sus puntos de encuentro en la azotea, cuya piscina mira a Port Vell, el restaurante, el bar, los distintos salones y la barbería/peluquería, que parece sacada de un película. El apartado gastronómico es de lo que mejor se cuida; Jones que reconoce estar obsesionado con la cocina. La carta, que no deja de ser internacional, respira aire español y se puede degustar tanto en el restaurante como en la piscina y otros espacios. Para quien quiera bocados más sofisticados o más ruido, de vecino el hotel tiene al restaurante Cecconi's, otra cadena del mismo grupo empresarial. Los productos de belleza Cowshed también son suyos, disponibles en los baños y en el spa.

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