Recolecta y luce la naturaleza en un anillo

La técnica del Ikebana da nombre a un proyecto de cocreación entre su diseñadora y los consumidores que reflexiona sobre lo efímero del tiempo

Rocío García

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ga-hee-kang2. Proceso de creación del anillo Ikebana, de la diseñadora Gahee Kang

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Proceso de creación del anillo Ikebana, de la diseñadora Gahee Kang

ga-hee-kang5. Listo para lucirlo

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Listo para lucirlo

ga-hee-kang9. Otros ejemplos de anillo Ikebana

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Otros ejemplos de anillo Ikebana

ga-hee-kang6. Anillo Ikebana

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Anillo Ikebana

ga-hee-kang11. Anillo Ikebana

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Anillo Ikebana

ga-hee-kang10. Anillo Ikebana

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Anillo Ikebana

ga-hee-kang4. Anillo Ikebana

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Anillo Ikebana

ga-hee-kang. Bocetos del anillo Ikebana dibujados por la diseñadora Gahee Kang

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Bocetos del anillo Ikebana dibujados por la diseñadora Gahee Kang

¿Cómo conseguir que la gente admire la belleza de la naturaleza en su estado salvaje trayéndola al mundo civilizado? Esta es la paradójica pregunta que la diseñadora con base en Nueva York Gahee Kang se planteó a la hora de crear sus piezas de joyería, una serie de anillos que no acaban de tomar forma hasta que el consumidor no interactúa con ellos mediante el ikebana, el arte milenario japonés que da nombre a la colección. Estamos, por tanto, ante un muy sutil proyecto de cocreación.

Los arreglos florales basados en esta técnica nipona se trabajan a partir de un respeto máximo por la naturaleza. El propietario del anillo es también el autor del mismo, al recolectar y montar la combinación de tallos, hojas y flores, una forma de expresión que reflexiona en torno lo efímero del tiempo. La primavera –y sus innumerables fiestas y puentes– es sin duda el momento perfecto para salir a recolectar flores silvestres y darle vida a los anillos que edita Area Ware, un soporte perfecto para mostrar la belleza de las pequeñas cosas.

La colección Ikebana tiene una apariencia simple, al ser no en lo formal más que una combinación de aros y tubos, con acabado en plata y oro, en la que los tallos de las flores se insertan en múltiples posiciones: simplemente posados sobre ellos, rodeando el anillo o deslizándose arriba y abajo como si de una aguja hilada se tratase. Si las formas de expresión son infinitas, de los colores mejor ni hablamos. Los anillos permiten tantas combinaciones como flores, tallos y hijas hay en la naturaleza: la belleza de las piezas viene dada por las flores escogidas, no por el anillo en sí. El recuerdo de una niña tejiendo una corona de margaritas durante un paseo por el campo es inevitable al pensar en este proyecto y quizá por eso nos gusta tanto.

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