Un oasis urbano en México DF

El hotel Carlota devuelve a su antiguo esplendor en clave contemporánea a un viejo establecimiento del centro de la ciudad

Txema Ybarra

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El punto de partida del hotel Carlota, en México DF, fue un trabajo de arqueología urbana. Como cuentan los arquitectos el responsables del proyecto, el estudio JSa, se econtraron un inmueble en total decadencia: “Antes se llamó Hotel Jardín Amazonas. Lo googleamos y aparecieron un par de fotos de su época de esplendor en donde nos llamó la atención principalmente el patio central, como un oasis dentro de la ciudad, además de la decoración setentera, el tapete de pasto artificial y la vestimenta de los que fueron fotografiados tomando el sol junto a la alberca”.

Misión, por tanto, la recuperación de aquella atmósfera de oasis urbano, actualizada a los gustos actuales, sin duda conseguida en este nuevo hotel de 36 habitaciones situado en un epicentro cultural como Colonia Cuauhtémoc. La fachada, una piel de vidrio puesta en los ochenta, no se tocó, si bien la entrada se ha llevado a un costado. “La idea era modificar la narrativa del recorrido y provocar una sorpresa haciendo que los visitantes llegaran directo a aquel patio central que habíamos idealizado en las fotografías”, explican desde JSa.

El patio es ahora el espacio público de mayor actividad, donde todo está conectado: piscina, tienda, galería, restaurante… Son espacios integrados el uno con el otro, sin barreras entre ellos, con soluciones tan ingeniosas como que el suelo y el techo del restaurante replican el color del agua de la piscina. Alrededor queda expuesta la masa de hormigón con la que está hecho el edificio e incluso la pared de ladrillos del inmueble contiguo, recubierto con mucha originalidad con tubos fluorescentes. Mayor hallazgo es aún la celosía de bloques de cemento negro, que conecta con la fuerza telúrica de la tierra mexicana. Su funcionalidad es ofrecer privacidad en el acceso a las habitaciones.

El hormigón también es visible en estas, decoradas por diseñadores mexicanos que evitaron el habitual estilo internacional que tan poco dice. Hay mobiliario de nuevo de hormigón y las paredes presentan incrustaciones de madera en las paredes. Para la ocasión se diseñaron desde las luminarias hasta los accesorios del baño. Algunas habitaciones –las mejores– disponen de azoteas privadas para tomar el sol y disfrutar del paisaje urbano de DF, una cautivadora selva que cuenta con este oasis, tan duro como delicado, para volver a tomar fuerzas.

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