Miyake recrea en una fragancia el tumulto de las olas

L’Eau Majeure d’Issey reinterpreta L’Eau d’Issey pour Homme, de 1994

Silvia Sanz

L’Eau Majeure d’Issey

L’Eau Majeure d’Issey

L’Eau Majeure d’Issey

L’Eau Majeure d’Issey

L’Eau Majeure d’Issey

L’Eau Majeure d’Issey

L’Eau Majeure d’Issey

L’Eau Majeure d’Issey

Todd Bracher

Todd Bracher

Galería

La fuerza y la pureza. El tumulto y la serenidad. Lo masculino y lo femenino. Elemento de una riqueza simbólica infinita, el agua es la fuente de inspiración de Issey Miyake para sus perfumes icónicos. Y para reinventarlos, regresa a este principio original. En el 2016, L’Eau d’Issey Pure brindó una interpretación contemporánea de L’Eau d’Issey (1992): la vertiente femenina del agua en su forma más límpida. Solo una gota.

Este año con L’Eau Majeure d’Issey es el turno para que adquiera una nueva expresión L’Eau d’Issey pour Homme (1994). La fuerza del agua, el tumulto de las olas, inspira esta nueva fragancia. El agua como principio de creación, trabajando la materia mediante su movimiento perpetuo. Puliendo hasta la perfección un trozo de madera, una piedra o un trozo de vidrio.

Esculpida por el agua tumultuosa, la forma del frasco se pule como un guijarro en manos del diseñador Todd Bracher, colaborador de marcas como Zanotta, Humanscale, Herman Miller, Cappellini o Georg Jensen. La transparencia del cristal realza la potencia de las líneas. Los reflejos del lacado gris azulado en el fondo del frasco acentúan los volúmenes. La fragancia se tiñe de esta tonalidad sutil y elegante. El nombre de L’Eau Majeure d’Issey se inscribe en un logo en forma de bloque. Imponente y gráfico, este sello reafirma la importancia extrema de la tipografía en la estética del universo de Issey Miyake. El metal cepillado del tapón evoca a la vez la textura del agua en movimiento, y el tapón de L’Eau d’Issey Pure. Esta sinergia entre lo masculino y lo femenino forma parte también del ADN de Les Eaux.

Su fragancia se inspira en una madera a la deriva, esculpida hasta la perfección por el mar. Para reinventar la historia de la fragancia original de 1994, evocadora de torrentes y cascadas, Aurélien Guichard y Fabrice Pellegrin se inspiran en la potencia del océano con una asombrosa dualidad olfativa entre un acorde salado y un complejo amaderado enérgico. El resplandor de la bergamota y del pomelo ilumina como un rayo de sol con notas aromáticas vigorizantes. Un viento de alta mar saturado de bruma sopla sobre un acorde inédito de madera salada y minerales, cargado con la fuerza del mar. Notas amaderadas ambarinas vibrantes exaltan la estela potente de este aroma acuático masculino nouvelle vague.

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