Jaime Beriestain viaja a Marruecos con Hilton

El interiorista recrea con su sello personal la artesanía tradicional marroquí en el hotel Hilton Tánger

Silvia Sanz

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Ubicado en el barrio de Malabata Baie, el hotel Hilton Tánger tiene dobles vistas: por una parte mira al Mediterráneo y por otra, al encantador barrio de Acharf, donde aún perduran reflejos del pueblo que fue antaño. En este refugio de tranquilidad en una ciudad emergente y llena de actividad como es este puerto marroquí, el interiorista Jaime Beriestain ha fusionado el estilo europeo y el local resultando un establecimiento refinado, atemporal y sofisticado.

La apasionante artesanía marroquí ha jugado una importante baza en este proyecto. Beriestain ha reinterpretado de forma personal los mosaicos de tipo Zellige, el revestimiento de cal Tadelak, técnicas como el latón golpeado o cepillado y motivos decorativos tradicionales como los juegos geométricos en los textiles. "Me gusta poder incorporar la atmósfera y la cultura del país al diseño de los hoteles. Desde un principio consideré imprescindible introducir el trabajo de los artesanos locales", explica Beriestain.

La paleta de colores está inspirada en la gama cromática del desierto, con colores hueso y arena, que aportan luz y calidez al espacio, mientras que la mayoría de los elementos de attrezzo –alfombras, espejos, lámparas...– se adquirieron en distintos zocos marroquíes para decorar un hotel con volúmenes y espacios amplios, pero a su vez, con rincones íntimos. Inspirándose en los típicos Moucharabieh que permiten ver sin ser vistos, Jaime Beriestain diseñó unos biombos en forma de estanterías que proporcionan privacidad y, a su vez, permiten descubrir las diferentes zonas comunes como el lobby o el vecino restaurante. Este último, de nombre Kasbah, refleja la cultura marroquí con un sinfín de lámparas repujadas que filtran y a su vez amplían la luz, creando un astuto juego de espejos.

En la parte superior de las paredes de la recepción se ha aplicado pan de oro roto en forma de cascada, de la que emerge una combinación de colores y contrastes que van del azul oscuro al gris claro. Esta técnica de "obra inacabada" permite conseguir diferentes texturas que enriquecen el espacio. Por su parte, la pérgola del skybar está revestida con una composición de espejos triangulares con puntos de luz que simula el cielo estrellado del desierto.

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