‘Chill out’ minimal en la costa mexicana

Hotel Mar Adentro, en Baja California

Txema Ybarra

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Cuando el paisaje impone su arquitectura los resultados son siempre excelentes. Así acaba de ocurrir en la costa de Baja California. Al llegar a San José del Cabo tras construir el hotel Encanto en Acapulco, el arquitecto Miguel Ángel Aragonés se quedó maravillado por la impecable línea de horizonte donde se encontraban desierto y mar, y sobre esta visión minimalista construyó el nuevo hotel Mar Adentro, de 205 habitaciones e indudable espíritu chill-out. 

“Sentí la enorme pulsión del agua en medio de un sol calcinante. Tenía que ser una caja que contuviera su propio mar y casi su propio aire”, explica el arquitecto mexicano. El agua rodea el complejo, que da la espalda a la ciudad y se cierra como una medina, abriéndose en cambio al mar de Cortez, por donde recalaban los galeones españoles de camino a Filipinas. “Cada volumen flotante contiene cuerpos interiores que son a su vez universos independientes, cada cuarto contiene visualmente un pedazo de mar, nadie se abstiene de verlo”, precisa Aragonés.

Asombrado por cómo han evolucionado otros sectores como el del automóvil y lo poco que en realidad lo ha hecho la arquitectura en este último siglo, el arquitecto diseñó el hotel a partir de un sistema de prefabricación en módulos. “Lo importante es la versatilidad de este cuerpo que puede ser totalmente construido en fábrica y amigablemente construible en sitio”. Por mar llegaron los módulos, que luego se configuraron en versión loft o divididos en dos habitaciones. Sumando varios se pudieron diseñar apartamentos con varios dormitorios. Todos cuentan con carta de luces y el mobiliario es de la firma italiana Poliform.

Este es el marco donde discurre el día a día de un hotel con piscinas de agua salada, un spa de aromaterapia y sala de cine. Sobre la arena, un carro pasa para servir a los huéspedes tacos recién hechos con base de pescado. Magnífico tentempié cuando se han explorado las cristalinas aguas de este litoral repleto de vida marina. En la Plaza se empiezan a abrir las primeras tiendas y ya se puede contemplar la obra de artistas consagrados. Un acuerdo con el Hotel Café de Los Ángeles contempla que vengan y toquen, en régimen de residencia, jóvenes promesas de la música.

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