El Frankenstein de las flores

Marcin Rusak da una nueva vida las flores tras bañarlas en resina, componiendo con ellas delicadas esculturas y piezas de mobiliario

Txema Ybarra

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Marcin Rusak es un joven diseñador y artista polaco (Varsovia, 1987) con base en Londres. Si bien cursó Estudios Europeos en un primer momento, en cuanto tuvo ocasión viró hacia el mundo del arte, su verdadera vocación, para cursar diversas materias en dos centros de referencia como la escuela de diseño de Eindhoven y el Royal College of Arts de la capital británica. Al haber mamado desde pequeño el amor por las flores –las cultivaban su padre y su abuelo–, comenzó su carrera investigando en este campo y el objetivo ha sido que su luz no se apague nunca bañándolas en resina para que tengan una vida eterna como los insectos atrapados en gotas de ámbar.

Esta primavera presentó su segunda colección de mobiliario, en la que los pétalos de las flores y las hojas de especies botánicas tropicales adquieren mayor tamaño, aumentando con este zoom la sensación "selvática" de su obra. A su vez, ha conseguido, en un lenguaje contemporáneo, resucitar el Art Nouveau, que también buscaba la inspiración en la naturaleza a la vez que incorporaba las últimas innovaciones tecnológicas derivadas de la revolución industrial.

Rusak añade el componente sostenible propio de esta época, pues su "material" de trabajo son flores y plantas desechadas por los floristas. Eso supone que no están su apogeo y en eso él ve más vida, a través de una visión irónica de la decadencia. Le fascinan los cambios de colores en ese último estadio, que desde luego no representan la belleza clásica aunque hay una conexión evidente con los clásicos bodegones de fondos oscuros y fuertes contrastes. En el trabajo de este creativo artista encontramos por tanto una profunda labor de investigación y una crítica hacia la cultura de consumo. Aunque también cautiva el primer impacto visual, de belleza exuberante y tintes luctuosos.

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