Cubertería que da que pensar

El evento Experimental Gastronomy nos plantea comer a otro ritmo con cucharas y tenedores imposibles

Txema Ybarra

Diseño de Maki Okamoto

Diseño de Maki Okamoto

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Sergey Jivetin

Diseño de Sergey Jivetin

Diseño de Stuart Cairns

Diseño de Stuart Cairns

Diseño de Maki Okamoto

Diseño de Maki Okamoto

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Stian Korntved Ruud

Diseño de Stian Korntved Ruud

Diseño de Maki Okamoto

Diseño de Maki Okamoto

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Maki Okamoto

Diseño de Maki Okamoto

Diseño de Sergey Jivetin

Diseño de Sergey Jivetin

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Tala Yuan

Diseño de Tala Yuan

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Stian Korntved Ruud

Diseño de Stian Korntved Ruud

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Diseño de Stian Korntved Ruud

Diseño de Stian Korntved Ruud

Diseño de Nils Hint

Diseño de Nils Hint

Galería

Cubiertos que no se sabe si son alicates o tenedores, cucharas o tijeras, y que también podrían pasar por viles instrumentos de tortura. Los platos resultan asimismo imposibles. Con ellos se come un menú vegano servido por diferentes chefs durante las jornadas Experimental Gastronomy que se organizan desde 2012 a través del proyecto Steinbeisser. Nacido en Amsterdam (Holanda), pone en común "el diseño, la moda, la gastronomía, la danza, la joyería y el performance" y tiene por objetivo que comamos más despacio, o al menos reflexionemos sobre el asunto del frenesí diario.

"No solo hacen comer a la gente con más calma sino que además ayudan a masticar con mayor parsimonia. Es interesante, porque esto último ayuda a que la experiencia sensitiva sea mayor y que se digieran mejor los alimentos", explica de la experiencia Martin Kullik, fundador de Steinbeisser, quien tiene como evidente referente los "tenedores parlantes" de Bruno Munari.

La siguiente cita es en Basilea (Suiza), entre el 14 y el 15 de septiembre, donde 35 artistas y diseñadores se las harán pasar canutas a los comensales con sus cubiertos. Los holandeses Renee Boute y Lisanne van Zanten han pintado de colores los suyos para alterar la experiencia del comer. El azul induce a percibir mayor salinidad; el oro, más dulzura. En este evento, donde se ve, se toca y también se come, los cocineros acompasarán los platos en este caso reduciendo la sal o el azúcar según corresponda.

La diseñadora de joyas japonesa Maki Okamoto usa cubertería antigua para reconcebirla añadiendo implantes. El artista estonio Nils Hint parte de viejas herramientas encontradas en mercadillos. El diseñador noruego Stian Korntved Ruud modifica tradicionales utensilios de madera y les da nuevos usos, mientras que el platero irlandés Stuart Cairns mezcla plata con objetos encontrados en playas y bosques.

Por primera vez, todos estos ingenios se encuentran a la venta, a través de la web Jouw.