Creadores

Entrevista a Fran Silvestre

"Una ventana mal puesta lo cambia todo. Si el sol entra en verano, se produce el efecto invernadero. Te asas"

Txema Ybarra

Profesión: arquitecto. Nacimiento: Valencia, 1976. Estudio: Valencia

Profesión: arquitecto. Nacimiento: Valencia, 1976. Estudio: Valencia

Casa de la pinada (2016)

Casa de la pinada (2016)

Foto: Fernando Guerra FG+SG

Casa de Aluminio (2016)

Casa de Aluminio (2016)

Foto: Diego Opazo

Casa del atrio (2015)

Casa del atrio (2015)

Foto: Diego Opazo

Casa en Antiguo Reino (2015)

Casa en Antiguo Reino (2015)

Foto: Diego Opazo

Casa Balint (2014)

Casa Balint (2014)

Foto: Diego Opazo

Pérgola Sostre (2014)

Pérgola Sostre (2014)

Foto: Diego Opazo

Vinoteca Vegamar Selección (2014)

Vinoteca Vegamar Selección (2014)

Foto: Diego Opazo

Casa del Acantilado (2012)

Casa del Acantilado (2012)

Foto: Diego Opazo

Casa en la ladera de un castillo (2010)

Casa en la ladera de un castillo (2010)

Foto: Juan Rodríguez

Galería

Acaba de cumplir 40 años y su carrera ya la ha visto refrendada por un buen número de premios y reconocimientos, pero sigue siendo un joven arquitecto. ¿Hasta cuándo será así?

A mí que me tilden de joven me encanta. Como si es así hasta los 80. Es verdad que la profesión de arquitecto tiene una cierta complejidad y cuando alguien adquiere una cierta experiencia tiene ya unos cuantos años. Puedes ser joven hasta los 40 sin ningún problema.

¿Qué aprendió al hacer las prácticas junto a Álvaro Siza en Oporto?

Trabajar con él fue una experiencia determinante. Me cambió completamente la forma de ver la arquitectura. Lo más sorprendente es su actitud. Hace pocos días estuve con él y le vi como siempre, trabajando en domingo, peleando por cada detalle de un proyecto. Tiene en cuenta todo lo que hay alrededor de una obra –presupuesto, terreno, clientes– y sabe sacarle el máximo partido.

¿Qué más le une al Pritzker portugués?

A los dos nos apasiona la escultura. Mi estudio está lleno de piezas de Andreu Alfaro, precursor de la escultura contemporánea en España. Tiene un premio del Colegio de Arquitectos de Madrid por la escultura Puerta de la Ilustración, en la avenida M30. Se ven obras suyas descomunales por toda Europa, pensadas para ocupar el espacio público. En la última visita que le hice a Álvaro en Oporto le regalé una obra suya y se quedó impresionado; no le conocía. Juntar a dos de mis grandes referencias vitales y profesionales fue un momento único.

¿Hasta qué punto arquitectura y escultura están unidas?

A mí me gusta mucho geometrizar mi obra y la escultura da la libertad de investigar, de ir por delante. Hasta que puedas plasmar todo ese trabajo en la arquitectura pueden pasar muchos años, que por su propia naturaleza muy pragmática y cotidiana.

¿Cómo fue posible que saliera adelante un proyecto tan valiente como la Casa del Acantilado?

La parcela era imposible: se encuentra un acantilado. Y además los clientes querían hacer la casa en una sola planta. La única manera posible era generando un esquema de dos libros de tapa dura que se abriesen. Pones primero uno en forma de L y luego otro encima. De esta manera evitas los movimientos de tierra. Lo normal es levantar un muro y rellenarlo hasta crear una superficie plana, lo cual, por cierto, te sale más caro. Se hace así por inercia cultural y porque los programas hasta ahora solo calculaban estructuras convencionales; es decir, el problema era de diseño.

Hay un libro que me encantaría escribir con el título 'Si las paredes hablasen'

Por muy lógica que sea esta opción, ¿cómo consiguió que los clientes confiaran en usted cuando aún se encontraba al inicio de su carrera?

El terreno ya estaba allanado. Al igual que nuestro estudio, habían trabajado con el interiorista Andrés Alfaro Hofmann, hijo del escultor del que he hablado y con el que nos acabamos fusionado en un mismo estudio. De ahí surgió una relación de confianza que hizo que se pudiera hablar abiertamente. Hay un libro que me encantaría escribir con el título Si las paredes hablasen. Los buenos proyectos necesitan una buena historia detrás y esta no se suele contar. Puede ser una historia de superación, el deseo de vivir dentro de un sueño. Me encanta como en la rehabilitación de una casa familiar van saliendo historias de generaciones enteras. Lo que pasa es que muchas veces, por cuestiones de privacidad, no puedes hablar de ello.

¿Pensó en los cuadros de Chirico al diseñar la piscina, con esa escalera que es una puerta a no se sabe muy bien dónde?

Las propias fotos que se hicieron de la casa fueron algo surrealistas y misteriosas, con sus sombras tan dramáticas y gente que parece que camina por el agua. Es cierto, además, que había una visión onírica. Las escaleras conectan dos mundos muy distintos: por un lado, la bahía de Altea; por otro, el acantilado. A su vez, se inspiran en las que se encuentran en la arquitectura tradicional mediterránea. Como en todos los proyectos, en la cabeza había muchísimas referencias que luego salen a la luz casi sin que te des cuenta.

Le van los desafíos constructivos. Casa Balint es una elipse. ¿A qué es debido esta forma tan poco convencional?

De nuevo tuvimos la suerte de que contar con un cliente que aceptaba el riesgo: quería una casa que no hubiera visto nunca. Le propusimos tres proyectos distintos –lo solemos hacer como método de investigación, con una opción más atrevida y otra más convencional– y fue él quien se decidió por esta cubierta elíptica. Es la que mejor maximizaba la superficie de la casa dentro de la normativa, al considerar esta que todo lo que está bajo cubierta no computa. Además, la geometría elíptica es dinámica desde el punto de vista visual. No se te echa encima y cuando ves la casa hacia arriba, parece que es de una sola planta.

¿No corre peligro la arquitectura moderna de resultar fría de tan limpia que se diseña?

Muchas veces viene la gente al estudio y sí les parece un poco frío lo que les enseñamos. Pero es cierto en cuanto a las imágenes que se comunican, que son de arquitectura desnuda. Las mostramos así para que los habitantes hagan suyos sus hogares con todas sus historias y todos sus recuerdos. Es como un lienzo en blanco para que luego lo pinten. La vida ya tiene suficiente caos como para que la arquitectura se exceda con contrastes.

Parece que ha hecho siempre lo que ha querido como arquitecto. ¿No se ha visto obligado a aceptar chapuzas?

He dicho muchas veces que no y he querido ser consecuente con tal decisión. Porque lo he dicho cuando podía y cuando no, que es lo más difícil. Un compañero dice que en esta profesión lo importante es hacer un buen primer proyecto. Creo que es buen consejo. Es lo ideal.

¿Su arquitectura es mediterránea?

Estamos ayudando a una persona con una tesis sobre la casa mediterránea, tratando de definirla como concepto. Es una arquitectura que se adapta a un clima concreto y nosotros al menos tenemos en cuenta los vientos y el tipo de orientación cuando emprendemos un proyecto. Si diseñas bien los huecos es fácil que el sol entre en invierno y no lo haga en verano. Son pequeños gestos. El propietario de la Casa del Acantilado me dice que no pone el aire acondicionado nunca, que no lo necesita. Porque si bien hay grandes ventanales, están puestos a una distancia de la casa que hace que en verano el sol no entre nunca de forma directa. Además, disfruta de una ventilación cruzada. En términos de materiales se imponen grandes aislamientos térmicos exteriores, que es lo que antes se conseguía construyendo muros de cierto espesor, que ya no hacen tanta falta gracias a la tecnología constructiva.

¿Qué le enseña la arquitectura tradicional?

Los australianos usan chimeneas para enfriar las casas. En el desierto de Irán se canaliza un tipo de viento que siempre sopla en la misma dirección para ventilarlas. Son sistemas gratis que hay que investigar mejor. Esta sostenibilidad es muy mediterránea. Nosotros utilizamos cartas solares. Nos gustan las carpinterías muy abiertas, pero hay que saber que 15 centímetros hacia dentro o fuera de la vivienda lo cambia todo. Si el sol entra en verano, se produce el efecto invernadero. Te asas.

¿No le duelen los desmanes que se han cometido en el litoral que lo vio nacer, precisamente porque no se ha atendido a la tradición del lugar?

El turismo ha sido un buen negocio y es una pena porque se puede construir respetando el entorno. Pero cuando se hacer de forma tan rápida es difícil que impere el sentido común. Pienso, no obstante, que es una situación que se puede revertir. Cuando observas las ciudades en imágenes a través del tiempo, ves que se van restituyendo, que no son eternas. Aquí creo que pasará lo mismo. Habrá un proceso de sustitución, sobre todo porque la factura energética de un proyecto cada vez cuenta más. Nos vamos a pensar mucho las cosas en función de factores como la orientación de la fachada. Eso sí, será una evolución muy lenta.

Terminó la carrera con uno de los mejores expedientes de su promoción en España. ¿Qué siente al dar clases ahora? ¿Cuál es el nivel de los alumnos?

Dar clases te da una energía enorme. Al final, es un intercambio entre el profesor y los alumnos. Si estos tienen interés, te hacen estar al día y que mantengas la curiosidad. El talento siempre está ahí. Ocurre en todas las profesiones creativas. Pero para que este despegue hace falta una docencia más personalizada. Para cierta gente de vocación estudiar en ciertas facultades puede ser una equivocación. La masificación desemboca en frustración.

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