Una abierta mirada

Casa a las afueras de Madrid, de Galán Sobrini Arquitectos

Fotos: Pere Peris

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00391865. Las fachadas son de hormigón visto, con las marcas del encofrado dibujando franjas horizontales

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Las fachadas son de hormigón visto, con las marcas del encofrado dibujando franjas horizontales

00391851. El acceso tiene un interés especial por su exacta coherencia con el resto del proyecto. Una abertura vertical atraviesa toda la altura de la casa y se remata con una breve marquesina

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El acceso tiene un interés especial por su exacta coherencia con el resto del proyecto. Una abertura vertical atraviesa toda la altura de la casa y se remata con una breve marquesina

00391849. Separado del edificio principal, se ha construido un pabellón para acoger un comedor al aire libre, totalmente abierto por uno de sus lados y cerrado por los otros tres con madera alistonada

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Separado del edificio principal, se ha construido un pabellón para acoger un comedor al aire libre, totalmente abierto por uno de sus lados y cerrado por los otros tres con madera alistonada

00391850. El estudio de arquitectura firma también el proyecto de paisajismo. La forma en L de la casa busca la mayor apertura de sus espacios a las vistas del jardín

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El estudio de arquitectura firma también el proyecto de paisajismo. La forma en L de la casa busca la mayor apertura de sus espacios a las vistas del jardín

00391852. Sofá beige, de Becara. Mesa de centro Grafitti, de Galán Sobrini. Sobre la mesa, la escultura Shoe Black, de Tom Dixon

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Sofá beige, de Becara. Mesa de centro Grafitti, de Galán Sobrini. Sobre la mesa, la escultura Shoe Black, de Tom Dixon

00391857. Sofá gris, de Hanbel. Sobre él, cojines en tonos naranja y gris, de Jaime Beriestain. La alfombra es un kilim antiguo comprado en Marruecos. Lámpara articulada Tolomeo, de M. de Lucchi y G. Fassina para Artemide

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Sofá gris, de Hanbel. Sobre él, cojines en tonos naranja y gris, de Jaime Beriestain. La alfombra es un kilim antiguo comprado en Marruecos. Lámpara articulada Tolomeo, de M. de Lucchi y G. Fassina para Artemide

00391862. La biblioteca se asoma al estar sobre una pasarela con suelo y pasamanos de cristal

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La biblioteca se asoma al estar sobre una pasarela con suelo y pasamanos de cristal

00391863. Sofá y mesas de centro, diseño de A-cero. Lámpara Potence, creación de Jean Prouvé que edita Vitra

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Sofá y mesas de centro, diseño de A-cero. Lámpara Potence, creación de Jean Prouvé que edita Vitra

00391853. El comedor se ha equipado con las sillas Plastic Chair, diseño de los Eames que edita Vitra

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El comedor se ha equipado con las sillas Plastic Chair, diseño de los Eames que edita Vitra

00391854. En el comedor auxiliar, lámpara y mesa, de Hanbel. Papel pintado, de Fornasetti

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En el comedor auxiliar, lámpara y mesa, de Hanbel. Papel pintado, de Fornasetti

00391859. El patio funciona como una linterna que proyecta luz natural por los interiores. La escalera de acceso al nivel superior se ha resuelto con peldaños de roble sin contrahuella y pasamanos de cristal

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El patio funciona como una linterna que proyecta luz natural por los interiores. La escalera de acceso al nivel superior se ha resuelto con peldaños de roble sin contrahuella y pasamanos de cristal

00391864. Butaca y otomana Lounge, de los Eames, editadas por Vitra. Lencería de cama y cojines, de Matèria. En la terraza, butaca MVS Chase, de Maarten van Severen

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Butaca y otomana Lounge, de los Eames, editadas por Vitra. Lencería de cama y cojines, de Matèria. En la terraza, butaca MVS Chase, de Maarten van Severen

Existen umbrales que da gusto traspasar. Mejor dicho: en los que apetece demorarse para dar más sentido al gesto de penetrar en una casa. Nos referimos a entradas, accesos a una vivienda que no son una mera abertura –una puerta que se abre y se cierra–, sino toda una figura arquitectónica que elabora con gracia ese espacio fundamental de una casa, el que se muestra cerrado a la vía pública pero que tiene la “llave” para penetrar en su interior.

En este caso, el acceso tiene un interés especial por su exacta coherencia con el resto del proyecto del estudio Galán Sobrini, con una abertura vertical que atraviesa toda la altura de la casa y se remata con una breve marquesina, con el encantador detalle de esa mínima franja de aire que permite ver una línea de cielo. La puerta de entrada es la parte baja de una lámina de madera que se eleva casi hasta la marquesina. A un lado y otro de este acceso vemos ventanales que dan a un patio interior y la fachada de hormigón trabajada a la manera de lamas horizontales, con un hueco estrecho y vertical que acompaña la línea longitudinal de la entrada.

El salón a doble altura es la estancia clave de esta vivienda, cuya figura tiende ligeramente a la forma de una L, la cual responde –como explican las arquitectas Cristina Chaves Galán y Adriana Arranz-Sobrini– al propósito de que la mayor parte de los espacios se proyecten abiertamente hacia las bellas vistas que rodean la casa, situada en las afueras de Madrid. En cambio, la parte posterior del edificio (que da al sur) se cierra a la entrada excesiva de sol, salvo en algunos puntos estratégicos. Uno de esos puntos es el patio, que, como una linterna de amplio foco, ilumina zonas de la casa durante casi todo el día.

En la planta primera se articulan las zonas diurnas: el salón a doble altura, el comedor y la cocina con su office y su despensa. Los dormitorios –la suite principal, las habitaciones infantiles y de huéspedes– se encuentran en la planta alta junto con la biblioteca, volcada sobre el salón. En el sótano, además de las zonas de servicios y equipamientos, se sitúan el gimnasio y el garaje.

Elemento digno de ser destacado en este proyecto es el modo en que circulan el aire y la luz, ambos elementos encauzados por la articulación de los espacios y los recursos empleados, como ventanales amplios, divisiones interiores también de cristal y el patio, que funciona, ya lo hemos dicho, como una gran linterna. Circulación de aire y de luz que permite disfrutar con mayor nitidez los muchos atractivos visuales de que están dotados los interiores. En medio de la luz, los detalles en rojo refulgen con saltarina alegría. Desde la planta alta, a través de las grandes cristaleras, vemos la piscina en el jardín y, sobre todo, un delicioso pabellón que alberga un comedor al aire libre, delimitado por una pared-cortina de lamas de madera.

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