Una visión moderna de la casa de piedra

La tradición se relee de forma contemporánea en la construcción de la fachada de esta vivienda en Ullastret (Girona), por Harquitectes

Fotos: Adrià Goula

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

Casa 1413, de Harquitectes.

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Casa 1413, de Harquitectes.

El muro de piedra que limitaba la finca recorría todo el solar y únicamente dejaba entrever las copas de los árboles del interior. La materialidad y la irregularidad de sus geometrías le daban carácter y una presencia especial, pero no era posible mantenerlo porque tocaba ampliar el ancho de calle. La nueva vivienda que diseñan Harquitectes, en vez de situarse en el centro del jardín, es una casa-muro que recupera la continuidad urbana y experimenta con una nueva tipología muy alargada, toda en planta baja, adaptada a la topografía y a la nueva geometría de la calle.

La casa sigue las lógicas materiales y constructivas del muro-cerca original, pero adaptándolas a los requerimientos actuales. Se construye integramente con muros de carga, reutilizando piedras del muro existente mezclándolas con áridos propios del solar junto con dosificaciones de cal y cemento. En esta base de mortero tradicional se añaden pequeñas partículas aislantes de vidrio reciclado insuflado. En vez de apilar, el muro se encofrará y se va subiendo con una técnica mixta entre el tapial y el muro ciclópico. Las capas exteriores que dan a la calle se repicaran hasta hacer aflorar la piedra, mientras que las caras interiores se dejaran con el acabado propio del muro encofrado.

A lo largo de la parcela el muro va variando su grosor y en muchos casos se hace tan grueso que permite albergar los espacios más estáticos de la vivienda, o aquellos que requieren más privacidad, tales como camas, baños, lavadero, despensa, armarios, lavamanos... En una relación casi fractal, se van resolviendo todas las escalas del proyecto, relacionando y encadenando espacios cada vez más grandes hasta el punto de abrazar toda la parcela. Se produce una secuencia entre los espacios más domésticos y los ámbitos más exteriores y salvajes.

Las relaciones longitudinales se solucionan por delante del programa más estático, que queda adosado al muro, creando una larga secuencia de galerías que permitirán sacar provecho de las ganancias solares durante el período de invierno. Cuando hace buen tiempo, las galerías se pueden abrir totalmente convirtiéndose en un gran porche abierto al jardín. Una transición entre los diferentes climas del edificio que evoluciona constantemente a lo largo del año.

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