Te puede tocar una casa de Moneo Brock

El estudio de Belén Moneo y Jeff Brock diseña una vivienda en México como premio de un sorteo, sucediendo a Alberto Campo Baeza en el mismo galardón

Fotos: Adrián Llaguno

1 / 14

1 / 14

Dos planos de color dan la bienvenida a esta vivienda proyectada por Moneo Brock en Monterrey.

 

2 / 14

Las celosías permiten la ventilación cruzada en los patios que rodean la vivienda.

3 / 14

El salón está equipado con grandes piezas de mobiliario en tonos muy coloridos.

4 / 14

La casa cuenta con piscina y una zona porchada en el exterior.

5 / 14

Sillas Roll, de Patricia Urquiola para Kettal.

6 / 14

Lámpara Concentric, de Rob Zinn, para Marset.

7 / 14

Sofás y mesilla auxiliar de la colección Mesh, diseño de Patricia Urquiola para Kettal.

8 / 14

Sofá Polder, diseño de Hella Jongerius para Vitra.

9 / 14

Cocina, estar y salón conviven en un mismo espacio, pero quedan bien delimitados gracias al uso del color.

10 / 14

Lámpara Wireflow, diseño de Arik Levy para Vibia.

11 / 14

Casa TEC 205, de Moneo Brock Studio.

12 / 14

Mesa CH P, de Hay.

13 / 14

Butacas Leaf, diseño de Lievore Altherr Molina para Arper.

14 / 14

Una cama con dosel es la gran protagonista del dormitorio, se complementa con jarrones de papel de Hay.

La Casa TEC 205 se encuentra muy cerca del parque ecológico Chipinque en Monterrey, un paisaje urbano dominado por la Sierra Madre. Esta casa es el premio del Tradicional Sorteo que organiza cada año el Tecnológico de Monterrey para recaudar fondos para sus alumnos y que el año pasado puso en liza una vivienda diseñada por Alberto Campo Baeza. En esta ocasión es el turno del estudio Moneo Brock, compuesto por Belén Moneo y Jeff Brock. El diseño de la casa surge de cuatro grandes árboles existentes en el solar, cuya arquitectura los envuelve, los arropa, los enmarca, los viste y los ensalza. Los árboles, ahora embebidos en la casa, habitan nuevos espacios. Cada una de las estancias se extiende en un espacio exterior que le corresponde y le amplía, aportando un paisajismo diferente, un carácter único y una luz individual.

Los espacios de la vivienda quedan delimitados y enmarcados por unos muros que se desligan y flotan, extendiéndose hasta el jardín. Esta composición constructivista permite leerlos como elementos independientes, plásticos, escondiendo y desdibujando la volumetría exterior de la casa.

El estudio admira el uso de color en la arquitectura mexicana, desde la arquitectura vernácula, a los maestros Barragán y Legorreta, y los incorporan en estos muros que caracterizan tanto el exterior como el interior de la vivienda, de tres alturas, accediendo por el piso intermedio, quedando el piso bajo a cota del jardín pero parcialmente enterrado. Se han dispuesto aquí los dormitorios, aprovechando la inercia térmica de la tierra, aportando frescor y ahorrando energía. También se potencia el uso de ventilación natural, orientando los huecos para favorecer la entrada de aire fresco y evacuación de aire caliente. Estas medidas forman parte de las estrategias sostenibles de la obra, que buscan reducir su impacto medioambiental.

La cubierta se concibe como un gran cuarto exterior, delimitado por muros y ventanas que enmarcan las fantásticas vistas de los cerros Regiomontanos. Este es el espacio principal de entretenimiento, accesible desde la entrada de la parcela con una escalera exterior independiente. En el interior, el color es de nuevo el protagonista. El pigmento de cada muro permanece dentro de la casa, reconociendo aún más su autonomía y definiendo el carácter de cada estancia. En algunas estancias se han empleado papeles pintados con murales vibrantes que aportan color y diseño y, en otras, baldosas mexicanas con patrones geométricos y colores vivos.

Loading...