El refugio campestre de Ramón Esteve

El arquitecto valenciano ha recreado en su casa de vacaciones un arquetipo de vivienda rural que genera un nuevo concepto espacial

Fotos: Eugeni Pons

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El volumen, de una sola planta, se compone de dos estructuras, una de hormigón blanco intersectada por cajas de madera de pino.

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La casa dispone de medios para aprovechar energías renovables mediante el uso de paneles de captación solar, suministro de energía a partir de biomasa o la recogida y almacenamiento de agua pluvial.

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Por ser una segunda residencia, con períodos de tiempo en los que la casa permanece vacía, tanto las cajas como los porches se cierran totalmente con paneles de madera de pino termotratada cuando no está habitada.

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El largo cascarón de hormigón que articula todo el programa de la casa es atravesado transversalmente por las estancias, contenidas en cajas de madera. Por una de estas cajas se accede a la casa después de recorrer un camino flanqueado por olivos.

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Como casa de veraneo que es, todo en el proyecto se relaciona con la Naturaleza, empezando sin duda por su forma apaisada, es decir, apegada al paisaje.

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Un gran porche, ubicado en uno de los extremos, completa la vivienda, ofreciendo una zona de descanso vinculada a un paisaje dual. Por un lado, a las vistas más inmediatas de la pinada y por el otro, a las de los campos de vid.

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Todo el mobiliario de madera de pino y las carpinterías las ha diseñado expresamente Ramón Esteve para este refugio, siguiendo la misma modulación de las cajas de madera, con tablones de 20 cm de ancho.

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Una isla alargada con barra de office articula la cocina. El mobiliario, con armarios bajos y baldas alargadas, ha sido diseñado por Ramón Esteve y hecho a medida con madera y acero. La jarrita negra es de Ikea.

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El baño, al igual que el resto de las estancias de esta casa, está envuelto en madera de pino. El mueble y el lavamanos son un diseño a medida de Ramón Esteve, al igual que la grifería y el toallero, de acero inox.

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En el dormitorio principal, el mobiliario es un diseño del arquitecto y se ha hecho a medida. Las dos butacas, de piel, son las Butterfly o BKF, diseñadas en 1938 por Bonet, Kurchan y Ferrari. Ropa de cama, de Manterol.

Al final de un camino bordeado de olivos, oculta entre grupos de cipreses, chopos y pinos, se extiende una larga construcción que corresponde a la tipología tradicional de vivienda de campo con cubierta a dos aguas, a la que el arquitecto Ramón Esteve ha aplicado un nuevo concepto del espacio. Esa faja perimetral envuelve el edificio como una gran capa de hormigón, una cáscara tradicional debajo de la cual se despliegan, modernos, los espacios interiores, compuestos por estancias que se materializan como cajas de madera de pino.

Su autor lo explica con precisión: “El volumen, de una sola planta, se compone de dos estructuras monolíticas que forman dos grandes masas diferenciadas por su naturaleza matérica: una de hormigón blanco (tanto en el interior como en el exterior) que queda intersectada por unas cajas estructurales de madera de pino termotratada”.

Accedemos a la vivienda, justamente, a través de una de esas “cajas”. Al penetrar en el interior, vemos cómo se ilumina la idea arquitectónica que rige el proyecto, tomando cuerpo en esta bellísima realidad matérica y flexible. Un espacio central de hormigón crea una zona común fluida, donde confluyen el resto de las estancias, y que está presidida por una gran chimenea. Las vistas –a un lado, el pinar; al otro, los viñedos– quedan enmarcadas por los volúmenes de pino que inciden en el espacio central.

Hemos dicho que la tipología rural de una sola planta alargada es el cascarón que envuelve interiores inesperados, y así es. Pero cuando uno transita por estos espacios “encajonados” en madera percibe la hegemonía de esa forma exterior gracias al diáfano cielorraso a dos aguas que los engloba, y que conecta simbólicamente con el mundo rural, al igual que lo hacen los materiales con el paisaje.

Tanto los muebles como las carpinterías han sido diseñados con materiales acordes con los de la estructura, construida de hormigón y de madera. Y cada uno de los elementos se ha elegido según la simpatía que establezca con el paisaje. Porque, como casa de verano, todo se relaciona con la Naturaleza, empezando, sin duda, por la forma “apaisada”, es decir, adherida a la tierra, apegada al paisaje. Y toda la configuración interior favorece la visión hacia el exterior: los muebles son también bajos y alargados, y la envoltura de madera es alta, recta y diáfana, acogedora y discreta, sin proponer obstáculos para la longitud de la mirada y el fluido discurrir de los movimientos. Texturas y tonalidades de los bosques y viñedos tiñen las estancias de esta casa de veraneo que (otra coherencia, de la mayor importancia) solo utiliza energías renovables.

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