La otra dama de Elche

Villa ZüV, una vivienda de porte esencial y vocación escultórica, de Tomás Amat Estudio de Arquitectura

Fotos: David Frutos

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Las fronteras entre interior-exterior en la villa quedan completamente diluidas gracias al trabajo de carpintería.

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El volumen superior sobrevuela generando debajo un generoso porche.

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En su parte posterior y más alejada se dispone de otra zona de exterior.

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Sistemas horizontales de aluminio correderos protegen la vida interior en la villa de las miradas ajenas y matizan la entrada del sol de poniente.

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En el salón, la pared donde se ubica la televisión se ha revestido con Tecnocemento. Sillón y puf Maggiolina, diseño de Marco Zanuso para Zanotta.

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Sofá Kilt, diseño de Emaf para Zanotta.

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La cocina es un diseño de los arquitectos realizado a medida por Carpintería Sirvent. La bancada de la isla central de cocina se ha revestido con el acabado Estatuario de Neolith. Taburetes Vela, de Accademia.

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Las sillas del comedor son el modelo Andrea, diseño de Josep Lluscà para Andreu World.

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La escalera de acceso al nivel superior transcurre con peldaños volados entre un paramento de cristal y otro de listones irregulares de madera.

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Además de albergar los dormitorios, la planta superior cobija una sala de estar y zona de televisión.

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Los cabezales de las camas son de Treku. El pavimento es de tarima de roble natural envejecido.

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Los baños también están rematados con paramentos de Tecnocemento de diferentes colores, que confieren a estas estancias una sensación mayor de profundidad.

En un barrio residencial consolidado de Elche, rodeada de viviendas en sus tres medianeras, la villa ZüV proyectada por Tomás Amat Estudio de Arquitectura (Pablo Belda+Tomás Amat) se enmarca en una parcela de 1.000 metros cuadrados con una superficie total construida de 590 metros cuadrados. El estudio ha resuelto un programa de necesidades complejo y con altas exigencias, tanto de privacidad como de calidad, para una pareja con dos hijos que tenía desde el principio una idea muy clara de lo que su nuevo hogar debía contemplar y transmitir: sencillez, elegancia y funcionalidad.

Como indican sus autores, el proyecto “ha ido definiendo su propia huella dentro de la parcela en base a las limitaciones normativas de la zona y a la orientación de la fachada principal”. Dos factores, comentan, “que también han influido a la hora de definir y articular la vivienda en tres volúmenes longitudinales que le confieren una imagen fragmentada, albergando cada uno de ellos una parte diferente del programa de necesidades”.

La casa se distribuye en dos plantas por encima de la rasante y un sótano. Nada más acceder a la ella, a pie de calle, se ubican la cocina, el salón-comedor, el estudio, un aseo y la habitación de invitados. Los dos primeros se abren hacia el jardín a través de una carpintería de aluminio de perfil mínimo y retráctil. Sus fronteras se diluyen sin perder un ápice de privacidad. Sistemas horizontales de aluminio correderos protegen la vida interior en la villa de las miradas ajenas y matizan la entrada del sol de poniente.

Guiando el tránsito hacia la planta primera y el sótano, destaca una imponente escalera volada de gran dimensión a la que los arquitectos han querido otorgar cierto protagonismo dentro del proyecto. Flanqueada por láminas de vidrio y una estructura protectora de perfiles de madera, ofrece una estética ligera y liviana a pesar de estar construida con hormigón.

La planta superior de la vivienda da cobijo a una sala de estar y zona de televisión, así como a tres amplios dormitorios. Cada uno de estos últimos, orientado a una fachada diferente, dispone de baño privado y terraza. Todas estas estancias quedan conectadas entre sí por un distribuidor que las articula.

Respondiendo a los requerimientos de los clientes, que deseaban revestimientos y calidades de alta gama, duraderos y atemporales que, a su vez, imprimieran a la casa una estética armoniosa y acogedora, el estudio de Tomás Amat y Pablo Belda ha apostado por el uso predominante del hormigón, el microcemento y la madera natural en el interior de Villa ZüV. En la cocina destaca el empleo de la madera de roble rústico para los módulos panelados de almacenaje y las torres de horno y vinoteca, así como la península en paralelo a estos con encimera de mármol.

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