La casa del acantilado

El estudio Bernardes Arquitetura aceptó el reto de levantar una casa de cara al Atlántico, en la costa de Brasil, sin alterar un entorno tan mágico

Ana Basualdo / Fotos: Fernando Guerra

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A vista de pájaro, la casa revela su insólita forma: dos cuerpos de planta triangular. El superior no se alinea con los límites del volumen inferior, provocando un movimiento sorprendente.

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La casa proyectada por Thiago Bernardes es un ejemplo de respeto del entorno y destreza técnica.

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Los balcones dan al mar y evocan la experiencia de un barco.

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Una pérgola protege el acceso a la casa desde la calle en el nivel inferior, donde se ubican las habitaciones de invitados. De allí parte una escalera exterior que conduce a la zona de día, en la planta intermedia.

 

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El balcón suspendido ejemplifica a la perfección el carácter respetuoso de este proyecto que no quiso transformar el lugar.

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El recubrimiento de placas de cemento del volumen inferior da paso a una piel de cobre perforado en el cuerpo superior.

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Sofás de Paschoal Ambrósio. Butacas São Conrado, diseño de Claudia Moreira Salles para Etel Design. Alfombra de sisal, de By Kamy.

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La mesa del comedor es un diseño del estudio de arquitectura realizado también con madera de freijó. Sillas Milla, diseño de Jader Almeida para Sollos.

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El suelo es de placas de granito de gran formato.

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La madera de freijó protagoniza la piel de las áreas sociales. Una pantalla de listones de este material separa sin cegarla la escalera que comunica las tres plantas de la zona del comedor.

 

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El dinamismo espacial que exhibe la casa por fuera se traslada también a los interiores, con dobles alturas y “pasarelas” que conectan los espacios. Un diseño que remite de nuevo la estampa de un barco.

 

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En el primer nivel se ubican cuatro habitaciones para invitados. La cama y el banco son un diseño de los arquitectos realizado por Edson Nunes. Sobre el cabecero, una obra de Estudio Moa.

 

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La suite principal, en el nivel superior, dispone de su propia terraza, e integra de forma abierta el baño. Este es un diseño a medida de Bernardes Arquitetura realizado también con madera de freijó.

Es como si al arquitecto le hubieran planteado un desafío: ¿A que no te atreves a construir una casa entre los pliegues de esos acantilados y las ramas de esos árboles, sin tocarlos, sin siquiera nivelar? Ese fue el encargo, que suena como un desafío, que recibió el estudio paulista Bernardes Arquitetura de una familia numerosa, fascinada con el lugar. Desde el aire, casi lo único que se ve es una piscina triangular, en un prodigioso paisaje de acantilados.

La Casa Península está allí apoyada, simplemente, en virtud de un diseño que nada tiene de “simple”. Thiago Bernardes ha proyectado una gran plataforma rectangular que funciona como un “terreno” donde se han trazado las áreas de la casa en tres niveles. Se accede justamente desde la plataforma, donde se distribuyen un vestíbulo, la sala de televisión y cuatro habitaciones para invitados, cuyos balcones parecen la cubierta de un barco que apunta al mar.

El nivel intermedio corresponde a un único y extenso espacio, que incluye el comedor, la cocina, el salón, la piscina triangular y su terraza: toda la planta es, en realidad, una inmensa terraza con zonas soleadas y sombreadas. La suite principal se sitúa en la última planta. La configuración de este tercer nivel triangular produce un movimiento sorprendente como si la casa respondiera, desde su interior y desde el código de la arquitectura, a las formas complejas de la costa rocosa.

Formas a la vez impactantes y meticulosas con el entorno, materializadas sobre todo en cemento y madera de freijó. Complace el sentido de las correspondencias formales encontrar, en el interior, una mesa triangular, diseñada por el estudio, también en madera de freijó, que repite la figura geométrica de la piscina y de uno de los volúmenes. Pero no es solo un virtuosismo formal: la mesa triangular permite que doce personas se acomoden tranquilamente a su alrededor, sin recurrir al contorsionismo para conversar.

Los sofás rojos de la terraza están como imantados, porque es allí, en el segundo nivel, donde al atardecer acude la familia, junto con sus asiduos visitantes. Hay quien ha venido hasta aquí como quien sube a un barco, y hay quien sobre todo admira el entramado de planos del techo, cruzado y sostenido por vigas y columnas de hierro. Uno de los rasgos del proyecto que lo hacen, como quiso el propietario, algo diferente.

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