Espacios con mucha fibra

Casa Sisal en Yucatán (México), de Reyes Ríos + Larraín Arquitectos

Memoria del sisal

Memoria del sisal

 En la alberca, entre nenúfares, un henequén o planta del sisal, símbolo de la prosperidad decimonónica del Yucatán, basada en la explotación industrial de esta fibra natural. La línea de la alberca es perpendicular a la casa apaisada, y apunta al espacio central abierto, que comunica con  el otro lado del jardín. 

Estar

Estar

 El área social de la villa es un espacio abierto al jardín, a un lado y a otro. En uno de los extremos, se reúnen el comedor con sillas metálicas y la cocina con armarios de madera; en el otro, se ha ubicado la sala de estar, con amplios sofás para grandes reuniones. 

Despejada y funcional

Despejada y funcional

 La cocina, situada en un extremo de la zona central del edificio, es abierta, sobria y simple, con sillas metálicas y altos y elegantes armarios de madera. A un lado se aprecia un detalle de la escalera exenta, que conecta exterior e interior.  

La noche maya

La noche maya

El espacio central abierto está compuesto –como una réplica de la propia forma de la casa– por dos extremos ocupados (el estar y la cocina-comedor) con un vacío en el medio, que es tránsito entre las dos zonas del jardín. De noche, reflejado en el agua de la alberca, el espacio iluminado gana en misterio. Y entre los árboles, a veces, se encienden y se apagan las luciérnagas. 

Ingenio formal

Ingenio formal

 Visión de la fachada que permite apreciar la singularidad formal de esta casa, con esos dos planos horizontales paralelos, superpuestos solo en parte; el acierto singular de la escalera exenta, que arranca en el exterior y se introduce en el espacio vacío entre los dos planos paralelos, y la alberca, perpendicular a la fachada. 

Correspondencias

Correspondencias

 El diseño de la casa juega notoriamente con las correspondencias: la alberca, a un lado del jardín y, al otro, la piscina. Ambas, perpendiculares a la línea de sus correspondientes fachadas. Ambas, parecen penetrar en la abertura central, ancha, del edificio. A un lado y a otro, césped y palmeras. 

Atmósferas ocres

Atmósferas ocres

 El proyecto de interiorismo ha puesto especial atención en la variación decorativa de los dormitorios, manteniendo a la vez una rigurosa coherencia entre ellos. A través de matices –combinación de texturas y tonalidades, efectos de luz, modelos de cabeceros– se han logrado habitaciones en relación de simpatía, unas con otras. 

El discurrir de la luz

El discurrir de la luz

En los cuartos de baño, la arquitectura se muestra expresiva como en las fachadas, y diligente en la creación de “canales” para la recepción y difusión de la luz natural. Como el agua entre planos paralelos o quebrados, aquí la luz cenital baja por los intersticios, entre planos a distinta altura. 

Dormir, soñar

Dormir, soñar

 En las habitaciones existe una delicada armonía entre el acabado y las tonalidades de las paredes y cada uno de los elementos del interiorismo, creando una atmósfera sosegada y sensual, con telas ligeras, profusión de luz natural y noches perfumadas. 

Límites líquidos

Límites líquidos

 El tejado del pórtico de entrada está forrado en tejido vegetal, como alusión clara a la planta henequén o sisal, que da nombre a la casa. En el intersticio, entre dos planos de hormigón paralelos, discurre una acequia, con racimos de papiros. 

Galería

Se llama Casa Sisal y se encuentra a media hora de la ciudad de Mérida, cerca de Cancún (Yucatán, México), en tierras míticas de lo que fue el antiguo imperio maya. El nombre de la casa es todo un acierto, porque no solo seduce por su resonancia exótica sino también porque remite al pasado social y económico de esa región, mimada luego por el turismo.

Ocurrió a mediados del siglo XIX que el cultivo de la planta de sisal o henequén y la explotación de sus fibras impulsó el desarrollo económico de la zona, a través de la fabricación y exportación de productos derivados (jarcias, cuerdas, alfombras, alforjas…). El “oro verde”, como se denominó a aquella fuente de fortunas, murió al triunfar el plástico. Y ahora, en esta casa que lleva su nombre, es aludido a través de la inmensa extensión de césped soleado que da ilusión de infinitud al parque.

Una genuina planta de sisal aparece –solitaria, homenajeada– en la alberca llena de nenúfares, un rectángulo de obra perpendicular a la casa. La alberca comunica con una acequia canalizada que bordea parte de la vivienda, donde se han sumergido grupos de papiros. La amplia parte central está abierta al parque y al cielo. En realidad, desde el exterior se divisa un gran porche, un enorme hueco situado entre las dos alas de la construcción. El espacio es a la vez un tránsito entre un lado y otro del jardín, y una zona vacía que separa la zona de estar del comedor y la cocina.

La Casa Sisal es la extensión moderna de una vieja hacienda y sugiere salir y explorar las ruinas mayas que proliferan en la península de Yucatán (siendo las más conocidas las de Uxmal y Chichén Itzá). Antes de acostarse, las personas que la habiten quizá tengan la suerte de ver, en la noche mexicana, un revoloteo de luciérnagas.