El amor de un arquitecto

Transformación en Amberes (Bélgica) de una casa ruinosa en "palacio", por Vincent Van Duysen

Ana Basualdo / Fotos: José Manuel Alorda

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00439581. Todo en esta casa revela elegancia: la mesa de roble sin adornos, las ventanas que van de suelo a techo, vestidas con cortinaje de lino... Las sillas con brazos y asiento y respaldo de rejilla son de Pierre Jeanneret, colaborador de Le Corbusier

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Todo en esta casa revela elegancia: la mesa de roble sin adornos, las ventanas que van de suelo a techo, vestidas con cortinaje de lino... Las sillas con brazos y asiento y respaldo de rejilla son de Pierre Jeanneret, colaborador de Le Corbusier

00439580. Tras sopesar pros y contras, Van Duysen decidió conservar la escalera original, pero reelaborando el espacio a su alrededor para bañarla con luz natural

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Tras sopesar pros y contras, Van Duysen decidió conservar la escalera original, pero reelaborando el espacio a su alrededor para bañarla con luz natural

00439633. El blanco, los grises y los ocres se asocian sin estridencias a tonos más potentes como el chocolate. Incluso la obra artística, en rosa cuarzo, queda integrada a la paleta cromática

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El blanco, los grises y los ocres se asocian sin estridencias a tonos más potentes como el chocolate. Incluso la obra artística, en rosa cuarzo, queda integrada a la paleta cromática

00439634. Los mullidos sillones Club Lady Liz, de Axel Vervoordt, destilan atemporalidad, un rasgo que comparten otros muebles de la casa, como los taburetes de madera, la mesa de centro o el tronco hueco que sirve para apilar la madera que alimenta la chimenea

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Los mullidos sillones Club Lady Liz, de Axel Vervoordt, destilan atemporalidad, un rasgo que comparten otros muebles de la casa, como los taburetes de madera, la mesa de centro o el tronco hueco que sirve para apilar la madera que alimenta la chimenea

00439635. Van Duysen descubrió en la vieja casa un pequeño patio central que pintó de blanco brillante y cerró con cristaleras para que la luz iluminara las habitaciones adyacentes. En el centro, un arce japonés

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Van Duysen descubrió en la vieja casa un pequeño patio central que pintó de blanco brillante y cerró con cristaleras para que la luz iluminara las habitaciones adyacentes. En el centro, un arce japonés

00439582. La tarima de madera de gran formato del suelo y el color hueso de las paredes y armarios crean un fondo neutro sobre el que se han pintado delicadas tonalidades: el chocolate oscuro juega con los grises claros

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La tarima de madera de gran formato del suelo y el color hueso de las paredes y armarios crean un fondo neutro sobre el que se han pintado delicadas tonalidades: el chocolate oscuro juega con los grises claros

00439637. Frente a la chimenea se ha levantado una pequeña tarima de madera para disfrutar del calor más de cerca. En esta misma estancia, armarios que quedan camuflados bajo una pared del mismo color

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Frente a la chimenea se ha levantado una pequeña tarima de madera para disfrutar del calor más de cerca. En esta misma estancia, armarios que quedan camuflados bajo una pared del mismo color

00439636. La cocina parece más propia de una casa de campo que de una vivienda urbana. El mobiliario es de Cornue, con objetos de cerámica de Van Duysen para When Objects Work. Las sillas son antiguas, procedentes de China. Mesa realizada a medida

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La cocina parece más propia de una casa de campo que de una vivienda urbana. El mobiliario es de Cornue, con objetos de cerámica de Van Duysen para When Objects Work. Las sillas son antiguas, procedentes de China. Mesa realizada a medida

00439638. Como en otras estancias de la casa, el dormitorio principal se alimenta de luz natural por medio de hileras de ventanas vestidas con cortinas de lino. Un escritorio fechado en los años 50 convive con una librería a medida, lacada de blanco, que tapiza la pared de libros

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Como en otras estancias de la casa, el dormitorio principal se alimenta de luz natural por medio de hileras de ventanas vestidas con cortinas de lino. Un escritorio fechado en los años 50 convive con una librería a medida, lacada de blanco, que tapiza la pared de libros

00439639. Una antigua bañera exenta, de mármol macizo, protagoniza el baño. La pieza se ha ubicado de forma que reciba luz desde la ventana y pueda ser visible desde el dormitorio a través de la puerta entreabierta

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Una antigua bañera exenta, de mármol macizo, protagoniza el baño. La pieza se ha ubicado de forma que reciba luz desde la ventana y pueda ser visible desde el dormitorio a través de la puerta entreabierta

Esta casa clásica y moderna a la vez que nos llega de Amberes (Bélgica) es fruto de un amor largamente cultivado por parte de su arquitecto y en su día residente, Vincent van Duysen. Un amor alimentado a lo largo de los años, al pasar cada día por delante de su fachada con ventanales neoclásicos que, detrás de su piel avejentada cubierta de grafitis, se mostraba majestuosa e, incluso, misteriosa. Con lo cual se demostraría que el amor no es ciego como reza la expresión, sino que sabe ver detrás de lo aparente. "La casa era muy, muy fea, al menos lo parecía en su estado de abandono, con sus paredes y suelos cubiertos por un palimpsesto de linóleos y otros materiales aplicados en sucesivas e igualmente horribles renovaciones anteriores", nos dice Van Duysen. El arquitecto podía ver los restos de una casa señorial detrás de la piel sucia, a partir de la pulcritud y un buen gusto no sectario, por así decir.

Cuando compró la casa y planeó sus reformas, Van Duysen ya era un profesional conocido por el amplio espectro que abarca como diseñador: desde picaportes hasta rascacielos. El mobiliario no es fruto de una elección tardía o apresurada: las soluciones decorativas son, para él, simultáneas a la creación de los espacios. Un trabajo minucioso de restauración recuperó la fachada blanca, a la que se añadió una imponente puerta pintada en negro brillante.

Después de muchas noches sin dormir (según él mismo cuenta) pensando en qué hacer con la escalera, finalmente decidió dejarla tal cual, con toda su elegancia recuperada, pero reelaborando el espacio alrededor a fin de bañarla con luz natural. A continuación, convirtió una serie de pequeños despachos en una gran sala de estar, con suelo de madera y paredes estucadas, con una escultura abstracta, con mesas de roble y una fila de ventanas que dan una atmósfera monástica a esta zona social de la casa. El pato interior (que fue descubierto mientras se limpiaba la casa de escombros) pintado de blanco proyecta una buena cantidad de luz, a través de las cristaleras, a los espacios adyacentes.

Tanto en la planta baja como en el nivel superior, la elección cromática (en paredes, alfombras, cortinas, tapizados...) es de un refinamiento en absoluto pretencioso sino amable en la textura de los materiales y en la combinación delicada de las tonalidades. Entre paredes y estanterías blancas, el chocolate oscuro juega con los grises claros. El mismo chocolate, asociado con blanco y ocres. Fotografías del apolíneo Robert Mapplethorpe y un televisor que desaparece en una pared negra subrayan el acomodo de la casa en tiempo presente.

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