La última casa de Luis Barragán habla

La plataforma Nowness se adentra en Casa Gilardi, en la que el genial arquitecto mexicano manejó la luz a su antojo

Txema Ybarra

La última casa diseñada por Luis Barragán fue Casa Gilardi, en la colonia San Miguel Chapultepec de México DF. La insistencia de sus clientes, dos jóvenes publicistas de éxito, consiguió sacar al arquitecto mexicano de su retiro, y a sus 74 años, al tiempo que presentaba una retrospectiva sobre su obra en el MoMA de Nueva York, volvía a demostrar con este edificio por qué es uno de los arquitectos fundamentales de los últimos tiempos. Con una poesía visual irrepetible dibujó la que fue su casa más escultórica, depurada y colorida, en la que ahora se adentra la plataforma Nowness a través de un vídeo realizado por el español César Pesquera y producido por Story.

La luz del día cruza de forma calculada la piscina a lo largo de las horas

La luz del día cruza de forma calculada la piscina a lo largo de las horas

Publicado dentro de la serie In Residence, que en el pasado visitó las casas del arquitecto Daniel Libeskind o del escultor catalán Xabier Corberó, tiene como guía a Martín Luque, uno de los dos miembros de aquel tándem, que vive ahí junto a su familia. Pancho Gilardi, ya fallecido, fue su pareja laboral y quien tuvo la valentía de acudir a Barragán sin apenas presupuesto para la vivienda. A cambio le permitió todo: cambiar de colores innumerables veces, abrir huecos donde no estaba previsto, tirar un techo en busca de un determinado efecto de luz...

"Antes de ir para allá pensé en si una casa puede transformar al que vive en ella, porque lo habitual es que pase al revés: que sea su morador quien la cambie para hacerla suya", cuenta Pesquera de la experiencia de la grabación. "Lo que desde luego me encontré fue con una familia que había respetado al máximo la obra de Barragán. Solo en la tercera planta, que no se enseña, hay cosas más personales de ellos, pero pocas. Reciben visitas todos los días para ver la casa y están encantados de enseñarla".

Vidrios de colores tiñen el pasillo de amarillo

Vidrios de colores tiñen el pasillo de amarillo

El realizador también se sorprendió por la "mística y la paz" del interior de la casa frente al tumulto de México DF. "Tengo formación de Bellas Artes y como diseñador gráfico. Me fascinó su geometría y el uso de colores puros al estilo Rothko o Mondrian". Empleando su habitual fórmula alquímica de juntar la tradición mexicana y los postulados del Movimiento Moderno europeo, Barragán dio rienda suelta a su colorida paleta en Casa Gilardi: "Coloqué junto a Chucho Reyes los colores para la casa pintando grandes cartulinas en la mía propia, recargándolas una tras otra en las paredes, moviéndolas de lugar, jugando con ellas hasta que decidimos los colores exactos. Les diré un secreto: la piscina tiene un muro o columna rosa que no sostiene nada. Es una pieza de color situada en el agua, por placer, para traer luz al espacio y mejorar su proporción original", explicaba el arquitecto del proyecto.

La fachada cerrada, con una sola ventana, recuerda la importancia que daba Barragán a vivir hacia el interior. Es alrededor de una jacaranda que ya existía en la finca como se construye la casa, compuesta de dos volúmenes conectados por un pasillo que se tiñe de amarillo por efecto de los vidrios tintados insertos en una celosía. Uno lo ocupan los servicios domésticos y los dormitorios, el otro el salón-comedor, conectado a la piscina, donde más de un miembro de la familia aprendió a nadar. Enmarcada por los muros azules del fondo, la penetra un muro rojo y el cambiante rayo de la luz del día, creando una composición lumínica que es una obra de arte en sí misma a al que tantos arquitectos y artistas han acudido en peregrinación.

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