Selgascano emborracha Cognac

El estudio español levanta un ondulante pabellón efímero en el patio de las bodegas de Martell

Txema Ybarra / Fotos: Iwan Baan

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Pabellón Martell por Selgascano

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Pabellón Martell por Selgascano

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Pabellón Martell por Selgascano

Unos a otros se han emborrachado con lo que mejor saben hacer: despertar el ánimo del público. Por un lado, Martell, una de las bodegas más viejas de Cognac, fundada en 1715. Por otro, Selgascano, estudio de arquitectura compuesto por José Selgas y Lucía Cano de gran repercusión internacional en la actualidad y de indudable espíritu iconoclasta, como demuestra su colaboración junto al Massachusetts Institute of Technology (MIT) para integrar en la arquitectura tecnologías empleadas en otras industrias.

Es precisamente esta línea de trabajo experimental la que sedujo a los primeros para invitarles a que "acamparan" en sus instalaciones este verano. Martell acaba de estrenar fundación para la promoción de las artes y la cultura, y mientras no se inaugure el espacio previsto –ampliación de su mítica sede, un rotundo y elegante edificio erigido según los principios del Movimiento Moderno–, les vale para desarrollar sus actividades una construcción efímera, en lo que Selgascano tienen sobrada experiencia: véase la Serpentine Gallery de la temporada anterior.

Extendidas a lo largo de 1.340 metros cuadrados en un antiguo patio de las bodegas, Selgascano han creado una serie de olas traslúcidas compuestas por 31 estructuras de acero y cubiertas con una piel corrugada de onduline –mezcla de fibra de vidrio y poliéster– de solo un milímetro de grosor. Este material lo impregna una luz suave y cambiante que crea sugerentes destellos iridiscentes, un efecto lumínico que ya han probado en otros proyectos. Su lema es que "la naturaleza debe prevalecer sobre la arquitectura". La transversalidad en el empleo de materiales y técnicas en el ondulante pabellón casa además con uno de los principios que regirán el futuro de la fundación Martell. Todo encaja.

"Nos dejaron hacer y quisimos ocupar todo el patio con un pabellón que sirviera para inspirar a artistas, arquitectos y diseñadores. La segunda decisión fue trabajar con un solo material. Debido a las grandes dimensiones del proyecto, debía ser accesible y disponible en grandes cantidades. También tenía que ser ligero, para se desmontara y se transportara con facilidad. La ligereza es una constante de nuestro trabajo y vimos en este proyecto una oportunidad única para experimentar", explican desde el estudio.

Bajo los módulos abiertos de 2,40 metros de ancho se han dispuesto 786 cojines amarillos de PVC donde recostarse para digerir el coñac o disfrutar con los espectáculos programados hasta que se desmantele el próximo otoño. Los diseñadores Atelier W110 and 71bis, y los músicos del centro Abbaye aux Dames son algunos de los artistas invitados.

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