Los lunares cubren la Casa de Cristal

La artista japonesa Yayoi Kusama interviene con tres impactantes instalaciones en la famosa casa de Philip Johnson

Txema Ybarra

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Instalación de Yayoi Kusama en la Glass House de Philip Johnson

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Galería

Parece como si a uno de los edificios más famosos de la arquitectura moderna, la Glass House de Philip Johnson (1949), le hubiera salido un brote de varicela. Se trata en realidad de 1.200 lunares rojos de vinilo pegados al perímetro de cristal por la artista japonesa Yayoi Kusama, de 87 años, y componen la instalación Dots Obsession — Alive, Seeking for Eternal Hope, con la que se celebra este mes de septiembre el 110 aniversario del nacimiento del arquitecto y, a su vez, el décimo de la apertura al público de esta casa situada en New Canaan, Connecticut (Estados Unidos).

La impactante intervención, que se ha completado con topos de tres dimensiones distintas –de 12, 18 y 25 centímetros de diámetro–, se suma como colofón a dos previas encargadas a la propia Kusama. Dispuesta sobre un estanque, Narcissus Garden está formado por 1.300 esferas de acero, de 30 centímetros de diámetro. Se creó originalmente para la edición de 1966 de la Bienal de Venecia y es una pieza de arte cinético, pues las bolas tienen movimiento, sensación potenciada al reflejarse el cambiante paisaje sobre su superficie.

Emplazada sobre una colina, Pumkin es su reconocible calabaza de casi dos metros de alto, también plagada de lunares rojos, llamados Pepsi Red. "Con ellos quiero medir y poner orden al infinito desde mi propio y único punto de vista", explica Kusama de sus topos-icono. "En esta aventura a lo desconocido, el lunar individualizado es mi propia vida, una partícula más entre una infinitud. Porque los principales temas de mi trabajo son el infinito, el reflejo de uno mismo y la compulsiva repetición de objetos y formas".

Internada por voluntad propia en un centro psiquiátrico desde 1977, Kusama es una de las representantes más personales del arte pop, si bien ha transitado por diferentes estilos y ha probado casi todos los formatos, desde la pintura y la escultura hasta el performance y la escritura. Nacida en el seno de una familia acomodada, escapó de Japón para vivir en Nueva York, donde experimentó a tumba abierta las vanguardias y la psicodelia. En 2008 Christie's adjudicó una de sus obras por 5,1 millones de dólares, récord para una mujer artista viva.

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